Cincuenta años después y con un mundo que perdió la “estabilidad” bipolar de la Guerra Fría, Uruguay ocupará otra vez por dos años el máximo organismo de decisión política de la ONU y deberá opinar sobre cada tema clave de la agenda internacional. En ese contexto, la delegación uruguaya en el Consejo de Seguridad intentará que la “mediación política y civil” sea la prioridad, para que la intervención militar sea el “último recurso”, explicó a Búsqueda el embajador Elbio Rosselli.
Ese perfil quedó claro en las últimas semanas, cuando Uruguay negoció con los restantes 15 integrantes del Consejo la agenda de trabajo para el período en el que ejercerá la presidencia del organismo, el único cuyas resoluciones son de cumplimiento obligatorio para los miembros de la ONU. Si bien la mayoría de los temas que trata están en la mesa desde hace meses y otros surgen de improvisto, el país que preside el Consejo de Seguridad tiene capacidad de plantear discusiones. Uruguay propuso que el primer “debate abierto” del año, previsto para la segunda quincena de enero, trate sobre la “protección de civiles”.
“Es un tema amplísimo puesto que guarda relación tanto con las operaciones de mantenimiento de paz, como la protección a los civiles en términos más amplios y genéricos cuando no hay operaciones de paz, el uso de todos los instrumentos de Naciones Unidas para prevenir los conflictos, contenerlos para que la población civil no sufra las consecuencias”, explicó Rosselli. “El drama de todo esto siempre es el mismo, una cosa son los soldados en el campo de batalla y otra cosa son los civiles a los que se les viene la guerra encima”.
Según Rosselli, es un tema que “calza bien con el perfil” que tiene Uruguay en la ONU. Es el país que aporta más cascos azules a las misiones de mantenimiento de paz en relación con la cantidad de población; tiene cerca de 1.300 efectivos distribuidos en el Congo, Haití y en el Sinaí, entre Israel y Egipto, en Costa de Marfil y en Cachemira, zona de disputa entre India y Pakistán.
Al poner el tema de la protección de civiles en la agenda, Uruguay busca darle “visibilidad” al asunto. El país pretende, según Rosselli, “destacar la preferencia por la utilización de mecanismos de prevención en situaciones de conflicto: la mediación, la negociación diplomática, el uso de oficios del secretario general, misiones especiales políticas; hay toda una serie de instrumentos con que Naciones Unidas cuenta en la fase preventiva, en la fase de contención de los conflictos”. Uruguay quiere “darle preferencia al trabajo político y civil, antes que al militar”, dijo el embajador. “Y eso que nosotros tenemos una alta participación en las misiones de paz. Pero precisamente, lo que nos dice la experiencia es que lo mejor es que no sean necesarias misiones de paz. Ese es el mensaje que Uruguay está enviando”.
Genocidio.
La posición uruguaya de ubicar la intervención militar como último recurso no genera unanimidad en el organismo internacional. Esas discrepancias posiblemente surjan cuando el Consejo de Seguridad vuelva a discutir, en enero, la situación de Burundi.
La violencia se desató cuando, en mayo, el actual presidente Pierre Nkurunziza —quien fue el primer mandatario electo después de la guerra civil que sufrió ese país entre 1993 y 2005— anunció que se postularía a un tercer mandato pese a que los acuerdos de paz entre Hutus y Tutsis lo prohíben. Las manifestaciones comenzaron pronto y la situación política se deterioró con el paso de los meses.
En noviembre, el Consejo de Seguridad emitió una resolución, aprobada por unanimidad, en la que condenó el aumento de los asesinatos, las torturas y las detenciones ilegales en Burundi, y reclamó que el gobierno y la oposición locales lleguen a una solución pacífica del conflicto.
Un mes después, el 14 de diciembre, con la violencia creciendo, milicias afines al presidente imponiendo el terror y miles huyendo a campos de refugiados en los países vecinos, el Consejo recibió un informe del enviado especial de la ONU para Burundi. La embajadora de Estados Unidos en la ONU, Samantha Power, resumió el contenido de la discusión en un correo electrónico que envió a varios diplomáticos, al que accedió el portal de noticias estadounidense “Vice”. Burundi “se está yendo al infierno”, escribió. “La sesión de ayer del Consejo fue bastante patética. Sin planificación de contingencia, sin presencia de la ONU, sin diálogo”.
A los pocos días, Estados Unidos, que presidía entonces el Consejo, emitió una declaración en la que destacó que el organismo estaba preparando un plan de contingencia para responder “a un mayor deterioro de la situación”.
Desde antes de asumir su cargo en el gobierno de Estados Unidos, Power impulsa la necesidad de intervención de la comunidad internacional para proteger a la sociedad civil ante situaciones de violencia extrema. Esa fue la tesis que planteó en su libro “Problema Infernal. Estados Unidos en la era del Genocidio”, editado en 2003, en el que cuestionó la inacción ante las matanzas en Ruanda.
El Consejo de Seguridad pretende realizar una visita Burundi, pero el gobierno local todavía no ha dado su autorización. Rusia, uno de los cinco miembros permanentes y con capacidad de vetar resoluciones, se opone a la intervención directa de la ONU porque considera que todavía se puede resolver el conflicto mediante negociaciones internas.
El embajador Rosselli dijo a Búsqueda que la posición uruguaya respecto a una posible intervención en Burundi es clara. “La situación cae dentro de lo que son nuestros grandes lineamientos de política internacional; no puede haber ingreso de tropas de las Naciones Unidas sin la autorización del Estado receptor”, afirmó. Uruguay considera que se debe “interceder ante el Estado receptor para calmar la situación, hacer llamados a la concordia, a la búsqueda de soluciones pacíficas”.
Consultado acerca de si no es necesaria una intervención rápida en casos en los que la violencia contra la sociedad civil crece, el embajador uruguayo dijo que ese es un debate “álgido y de difícil solución” en la ONU. Pero agregó en seguida: “Algunas veces que se ha usado ese argumento el resultado no ha sido muy interesante. Mire usted lo que pasó en Libia, en Irak, donde sin la voluntad del Estado involucrado se hizo uso de la fuerza supuestamente para proteger a la sociedad civil, mire los resultados”.
ISIS y Corea del Norte.
“Inestabilidad y cambio parecen ser el nuevo signo de estos tiempos”, había declarado el vicecanciller Cancela en una charla organizada por la ONU, el 1º de diciembre, para conmemorar sus 70 años. Eso también se refleja en la agenda de trabajo del Consejo, que incluirá entre otras cosas la situación de Libia, así como la de Siria, la República Centroafricana, el conflicto Israel-Palestina y la lucha contra el ISIS.
La delegación uruguaya tiene “posiciones claras en todo aquello que hace a cuestiones de principio, como el caso de Burundi”, explicó Rosselli. Hay situaciones particulares, añadió, que “deben ser consultadas con Cancillería a medida que evolucionen”.
La imprevisibilidad de la agenda se reflejó ayer miércoles cuando el Consejo discutió sobre las pruebas nucleares desarrolladas el martes por Corea del Norte. Por la mañana el canciller Rodolfo Nin Novoa recibió una llamada de la Embajada de Corea del Sur para plantearle su preocupación por lo que había hecho su vecino. Uruguay respaldó una resolución de condena a la actitud del dictador Kim Jong-un.
Aunque el ejemplo más evidente son los atentados ocurridos en París el 13 de noviembre, los ataques perpetrados por seguidores del ISIS provocaron la respuesta casi inmediata del Consejo de Seguridad, que aprobó medidas para combatir a ese grupo. La última resolución incluyó directivas para que los países detectaran operaciones financieras sospechosas que puedan ser utilizadas por organizaciones terroristas. Si bien el tema del Estado Islámico no está en la agenda de trabajo que aprobó el Consejo, según Rosselli, “es evidente que va a aparecer en cualquier momento”.