—El gran problema es que el anonimato nos jugó una mala pasada. Hace 140 años que la Iglesia evangélica está plantada en el Uruguay y somos más de 300.000 cristianos evangélicos. Cada mañana hay hombres y mujeres de fe que se levantan para ayudar al prójimo, dando alimento en la mañana, al mediodía en ollas populares, tenemos centros de rehabilitación, contamos con hogares de ancianos, tenemos el Hospital Evangélico. Tenemos una red de contención social, pero primeramente somos una red espiritual. No es primero lo social para ser luego espiritual.
—¿Ese anonimato es lo opuesto a lo que sucedió en estos años con la Iglesia católica en Uruguay?
—Estamos de acuerdo. Cuando estuve con la señora intendente de Montevideo, le pregunté: ¿Ingeniera, usted piensa que los evangélicos somos cuatro gatos locos, no? No. ¿Usted no tiene la más remota que somos evangélicos? No. Bueno, está bien, para eso vinimos. Estamos separando la paja del trigo.
—¿Por qué trabajaban fuera del radar?
—Porque el anonimato nos jugó una mala pasada. Porque nuestro señor Jesucristo dijo en una ocasión: no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha. Pero el trabajar sin dar publicidad, a efectos de no dar gloria a la persona, nos trajo aparejado que la sociedad no estuviese en conocimiento cabal de lo que son los evangélicos. Y sí los conocen por inescrupulosos.
—Para muchos, cuando se habla de los evangélicos lo primero que se piensa es en Iglesias como Misión Vida, el pastor Márquez…
—O por los movimientos neopentecostales.
—¿No son parte de la alianza?
—No.
—¿Qué diferencia tienen? ¿La diferencia es que ellos sí hacen publicidad de su trabajo?
—El evangelio se presta para muchas cosas. Se presta para hacer una industria religiosa sin chimeneas, jugando y manipulando las necesidades de las personas; se presta para ser una red de contención espiritual a la cual fue llamada; se presta para anunciar el evangelio de Jesucristo, que es su verdadero objetivo. Y también se presta para un sinnúmero de inescrupulosos que las personas con necesidades y subestimando su inteligencia… Cuando uno pierde el origen y el objetivo de la vida, acude a estos milagrosos para que los puedan ayudar. Pero estos milagrosos les dicen: dame para que yo te dé. Es decir, potencian al máximo lo que es la manipulación de las masas.
Estamos cansados de que nos metan a todos en la misma bolsa. No es que somos mejores, somos diferentes. Cuando fuimos a los gobernantes de turno me preguntan qué precisamos y les respondo que nada. En la pandemia, ofrecimos al gobierno nuestra logística edilicia y recursos humanos. No pedimos nada. Pero también venimos para que nos conozcan y de una buena vez por todas separen.
—¿Ustedes quieren separarse del pastor Márquez, de Misión Vida y de qué otras Iglesias?
—Nosotros hacemos nuestro caminar. No descarto que en la Iglesia que vos mencionás haya personas con su legítima fe y que son alimentadas con la palabra de Dios. Lo que sí estamos diciendo es que la Iglesia evangélica no es eso. La Iglesia evangélica tiene otro rol, de predicar el evangelio, de ayudar, de transformar y ayudar al prójimo.
—En el último ciclo electoral hubo movimientos evangélicos que se metieron en política, al punto que la entonces precandidata por el Partido Nacional Verónica Alonso difundió un video en el que era bendecida dentro de un templo. Además, casi se conforma una bancada evangélica en el Parlamento.
—La Iglesia evangélica es apartidaria. Cuando la Iglesia evangélica se metió en política, la perjudicada, la manchada, fue la Iglesia evangélica. Si una persona tiene vocación de servicio y trabaja en la política, que lo haga, pero que no utilice la plataforma evangélica para tales efectos. ¿Me explico?
—Ustedes quieren salir a marcar su perfil en temas de agenda, pero en el debate público las instituciones religiosas suelen ser cuestionadas cuando lo hacen.
—Uruguay se caracteriza por ser un país agnóstico. En América Latina hay 150 millones de cristianos evangélicos, cristianos evangélicos comprometidos. En una sociedad fría, consumidora, materialista en la cual vivimos, donde ya en nuestra carta magna Dios no existe y se les enseña a los niños que Dios no existe, eso marca un precedente. Nosotros, como cristianos evangélicos, vemos que se ha desvalorizado la Iglesia, por conductas y porque muchas veces no tiene la capacidad para responder a las necesidades. No hay oferta para la demanda muchas veces, porque las personas van a donde no tienen que ir. Las personas tienen que ir a Iglesias que están fundadas en la palabra de Dios, punto.
—¿Qué relación tienen con los evangélicos de Brasil?
—Estos grupos neopentecostales, que están acá y están allá, cuentan con diputados, senadores, ministros, cadenas de televisión. Son una potencia. Esos grupos te dan vuelta un gobierno si se lo proponen. Estamos ajenos a eso, no creemos en eso, la función de la Iglesia no es meterse en política.
—¿Acá eso no existe?
—No. Nosotros no estamos orquestando una bancada, para nada. No es la función de la Iglesia. La función de la Iglesia es predicar el evangelio.
—No es hacer jabones de la descarga...
—Eso es una payasada, lisa y llanamente. Hay público para todo y la gente se presta. ¿Por qué? Porque hay una gran necesidad. Estos perros de jauría espirituales se aprovechan para sacar su propio beneficio.
—La CREU pretende que se autorice la instalación en Montevideo de un monumento a la Biblia. Sin embargo, ediles del Frente Amplio anunciaron que promoverán una resolución que prohíba la construcción de ese tipo de monumentos. ¿Cree que podrán revertir la decisión?
—El no ya lo tenemos. Le mandamos una carta oficial a la presidente de la Junta, el viernes pasado la llamé, pero no tuvimos respuesta. Nosotros respetamos la laicidad, nunca la pasaríamos por encima de ella, creemos en la separación de la religión con el gobierno. El monumento sería tan simbólico, al libro de los libros, y tenemos el deseo de implantarlo en Montevideo, en el lugar que se nos asigne y nosotros nos hacemos cargo de los gastos de mantenimiento.
—¿Por qué cree que hay oposición en la Junta Departamental?
—Es el temor que tienen. Pero si caminás por toda la rambla, ves a Yemayá, a Confucio, ves a un coreano; en Tres Cruces ves la cruz, al papa Juan Pablo II. ¿A vos te parece que no hay lugar para el libro de los libros? Tenemos el deseo, una intención de poder erigir el monumento a la Biblia, como ya hay en seis departamentos. No quebranta ninguna ley, ni roza la laicidad. Ya hay seis monumentos a la Biblia en Uruguay, el último se erigió en Cerro Largo.
—¿Han notado un crecimiento del impacto de su obra social a partir de la pandemia?
—La pandemia despertó la sensibilidad social del pueblo evangélico. Es admirable cómo las Iglesias han destinado sus pequeños recursos económicos, con la ayuda de otros cristianos evangélicos, para alimentar y sostener a las familias, al individuo con vulnerabilidad social. Todos los días, todos los días.
—En las últimas semanas una Iglesia evangélica dejó de manejar un refugio del Ministerio de Desarrollo Social porque repartían biblias entre los usuarios.
—Sí, y lo rechazo tajantemente. Esa Iglesia no está afiliada a nuestra alianza. Tenés 365 días para repartir biblias y folletos de contenido evangélico, pero si hacés un convenio bilateral, con derechos y obligaciones, y entre las obligaciones no podés hacer proselitismo religioso, tenés que respetarlo. Estuvo mal y punto.
—El cardenal Daniel Sturla escribió que hay “una nueva ola glacial secularizadora” en la sociedad uruguaya. ¿Está de acuerdo?
—Totalmente de acuerdo.
—¿En qué lo ve?
—En una sociedad permisiva. En una sociedad en la que lo que antes era malo ahora pasó a ser bueno. En la pérdida de valores morales. La célula familiar, imprescindible para el crecimiento de una sociedad en valores, se ha perdido, porque hoy en día la familia se está desintegrando. Donde vas, ves a individuos que han fracasado en su matrimonio, en su primer matrimonio, en su segundo matrimonio y van por su tercer matrimonio, con hijos disfuncionales, hogares disfuncionales. Entonces, cuando se pierde la brújula, se seculariza, y se pone el individuo como meta principal hacer dinero, como meta principal que hay que aprovechar la vida a como dé lugar porque es una sola. Y yo te puedo decir esto: conozco personas con dinero, con bienes materiales ya solucionados que sufren por la familia, porque son exitosos en una cosa pero fracasaron en otra. Estamos en una sociedad que le da prioridad a lo material. Muchas personas van a la Iglesia evangélica porque andan mal y entran en crisis económica y familiar y el evangelio tiene respuesta para eso.
—¿Pero ustedes no han visto un crecimiento de los fieles? ¿No es contradictorio?
—La pandemia despertó la ?necesidad que la Iglesia evangélica tenía y no sabía cómo llevar a cabo de ayudar al prójimo. No es estar encerrados en cuatro paredes sino salir. Sensibilizó totalmente y absolutamente sobre la realidad que están pasando muchas personas. La crisis potenció nuestro compromiso social.
—¿Pero el crecimiento de fieles no es anterior a la crisis?
—Viene arrastrándose desde hace años. La última encuesta de Cifra dice que somos entre 9% y 12%, mientras que 15 años atrás éramos 3% o 5%.
—¿Y eso por qué?
—Porque la Iglesia entendió que el rol no es ser exclusivos, sino inclusivos. Abrió sus puertas. Jesucristo no esperaba a que vengan, iba a las masas. ¿Me explico? Rompía paradigmas. Y estamos entendiendo que es el tiempo que la Iglesia tiene que salir y posicionarse. Hay una Iglesia evangélica que tiene respuesta en la palabra de Dios. Para algunos la palabra de Dios puede ser antigua y es verdad. Pero obvian decir que la palabra de Dios es eterna y todo lo que ella dice es infalible. No falla.
—Usted dice que las 300.000 personas que se declaran evangélicas son personas activas en cuanto a lo religioso. ¿Cómo logran que se muevan, un problema que tiene la Iglesia católica para llevar a misa a quienes se identifican como católicos?
—Porque ellos son simpatizantes.
—¿Por qué cree que se da esa diferencia?
—Porque para nosotros es una fe viva. Donde las personas no van solamente a alimentarse un domingo para el resto de la semana, sino que van a dar y sienten de la Iglesia evangélica una identidad. Van y reciben lo que vinieron a buscar. Es una fe viva, no es tóxica. No estoy diciendo que otros credos sean tóxicos, estoy diciendo que nosotros damos la palabra de Dios, que es pura y más que suficiente para darle respuesta al ser humano. No es el pastor. Yo conozco Iglesias de 10 personas y de 1.000 personas; mientras el eje central sea Jesucristo… Hay que entender a la Iglesia evangélica, porque la estructura de la Iglesia católica es piramidal y todo lo que dice el papa, se hace; acá no, no creemos en el papa, tenemos una estructura horizontal. Vos vas a un barrio carenciado y en un rancho de lata —sin ser descalificador en lo más mínimo—, encontrás a la Iglesia. Hacés de un garaje una iglesia. ¿Cuál es el punto? Nosotros no enfatizamos en lo arquitectónico, en lo edilicio, enfatizamos acá (se señala el pecho).