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La bandera uruguaya flamea lenta, sostenida por una caña. Las clases ya comenzaron pero recién ahora Mauricio Grundel, coordinador agrario de la escuela, tiene unos minutos libres para colocar la caña entre las rejas de una ventana, una práctica que comienza a ser ritual en sus mañanas. Por ahora es una bandera pequeña, pero solo hasta que se coloque un mástil de metal y ocupe su lugar la definitiva. No se tratará de cualquier bandera. Será la que José Mujica recibió en la ceremonia de arriado del último pabellón usado en su mandato presidencial. Y, como todo lo que forma parte de la escuela, está enteramente relacionada al ex presidente.
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Aunque las autoridades educativas y el cuerpo docente intentan y pregonan que la nueva institución se desarrolle normalmente como cualquier otra, es la “escuela del Pepe” y todo conduce a él: la idea original, la ubicación, la expectativa que genera en la sociedad, la algarabía de los estudiantes que esperan su saludo todos los días, hasta los miembros de su seguridad personal se encargan de tareas de construcción y son, casi como porteros, las primeras personas que uno ve al llegar.
Oficialmente se trata de una escuela del Ciclo Básico Tecnológico Rural del Consejo de Educación Técnica-Profesional (CETP-UTU), anexa de la Escuela Técnica de Paso de la Arena, ubicada unos kilómetros más al sureste en Camino Tomkinson y Luis Batlle Berres. La UTU se encarga de la responsabilidad académica y la designación de docentes como en cualquier otro curso del Consejo, pero detrás está Mujica. Más allá de que todavía no hay un acuerdo formal, la Fundación Purificación, integrada por él y su pareja Lucía Topolansky, cedió el terreno frente a su chacra en el camino El Colorado, y otorga la infraestructura, los arreglos, el equipamiento y el resto de los recursos materiales necesarios.
El rol de Mujica excede el apoyo económico. Frecuentemente cruza a saludar a alumnos y docentes y recorre el predio supervisando la obra, incluso dando indicaciones sobre dónde construir hasta los gallineros que se usarán para actividades agrarias.
“Yo y mi patrona nos dedicamos a cambiar el mundo. Y se nos fue el tiempo de tener hijos. Entonces tenemos que pensar en qué dejamos”, dijo el 6 de marzo al inaugurar la escuela. El lugar fue antes un taller de reparación de camiones, un depósito de gas y hasta funcionó como una dirección “fantasma” para una organización dedicada al narcotráfico. Hoy es el hijo de Mujica.
Monturas.
Sesenta estudiantes de Rincón del Cerro, Pajas Blancas, Paso de la Arena, La Colorada y Los Bulevares asisten a la institución. Generalmente tres van a caballo porque “les queda más corto y directo desplazarse por el campo”, explica Grundel. La mayoría concurren en ómnibus. Se reúnen afuera en la entrada hasta la llegada de los profesores, acompañados por el movimiento que genera Mujica: el 26 de marzo, cuando Búsqueda realizó la recorrida, era un ciclista llegado de Argentina que iba hacia Brasil y quería “tomar unos mates” con él, además de un móvil satelital, una camioneta y un auto de un canal de televisión local que esperaba entrevistarlo.
La escuela está dentro del enorme galpón de 5.000 metros cuadrados, pared de ladrillos, ventanas de hierro, piso de hormigón y techo de chapa. Alto y de fachada triangular, al frente hay un cartel de “Bienvenidos” pegado al vidrio de un pequeño cuarto que oficia como administración, pero el resto está ocupado solo por maquinarias. Allí se instalará en el futuro la escuela, que por ahora funciona en la parte de atrás.
Se entra por una típica puerta de granero y el primer cuarto es ocupado por montureros para quienes van a caballo. Las paredes, vacías, de a poco se decoran con anuncios de eventos, frases de Mario Benedetti y poemas de Antonio Machado. Las tres aulas prefabricadas, de pupitres modernos y con aire acondicionado parecen un oasis en la inmensidad del galpón. Los profesores bromean que en el invierno se necesitará una “quematuti gigante” para calentar todo el lugar.
Además de las aulas hay dos salas para profesores, baños, un comedor grande y otros dos cuartos. En uno se está construyendo la cocina, por ahora ocupada con ollas, platos, cubiertos y vasos. La idea es tenerla pronta este mes para que los alumnos puedan desayunar y almorzar con comida elaborada ahí. En el otro cuarto hay palas, rastrillos, baldes y alambres usados en los talleres. Afuera, el espacio se reparte entre paisaje verde y las montañas de vigas y arena usadas para la construcción.
Entre la obra constante y el boom Mujica (que ya ha traído de visita a Emir Kusturica, la CNN y Agarrate Catalina), los 20 docentes van adaptándose a llevar adelante la institución. Admiten que lo mejor sería prestar menos atención a la presencia de su famoso vecino. “Las primeras semanas han sido muy mediáticas y movidas. Queremos respetar la intimidad, es como cualquier escuela”, señala Aroma Ramos, coordinadora pedagógica.
Lechuga y jenga.
Aislándose de todo, la institución busca funcionar igual que cualquier nueva escuela agraria de UTU. Las clases son de 8:00 a 17:00 con asignaturas comunes de Ciclo Básico y otras específicas agrarias. Estas se trabajan generalmente en seis canteros de cultivo ubicados enfrente, con un enfoque agroecológico de horticultura y producción animal. Hasta el momento ya han plantado lechuga, lechuga morada, albahaca y caléndula.
Los 60 estudiantes de primer año son la generación de estreno de la institución. Divididos en grupos A y B, el A comienza el día con clase de matemáticas, sentados alrededor de una mesa del comedor mientras completan por turnos una tabla pitagórica. “¿Sabés cómo me llamó?”, le pregunta una alumna a la profesora, que la retó sin nombre de por medio. Recién van cuatro semanas de clase y la estudiante cree que todavía no la conocen. “Sí, sé quién sos Daniela”, le retruca sagazmente.
Al grupo B le faltó el profesor de Educación Física y tienen “hora disponible”, término acuñado para reemplazar la tradicional hora libre con actividades de uso pedagógico como juegos de mesa y cartas. Ramos llevó uno de los dos jengas que tiene en su casa y es la atracción de la mañana para varios de los chiquilines. Por ahora la conexión a Internet es irregular y esperan la instalación de la red Ceibal, además de las laptop Magallanes para los alumnos.
Para los recreos, docentes y estudiantes armaron una cancha de fútbol tenis con alambre y un cobertizo de paja y bancos de madera. “Ellos diseñan el espacio, pero también saben que deben tener responsabilidad. Cuando se van todo tiene que estar limpio. Se trata de colaborar”, señala Grundel.
Hay horarios definidos para la limpieza y para tomar café y mate. A las 9:30 es el primer corte y todos corren a la cocina con su taza. En la vorágine aprovecha para colarse un perro de una chacra lindante. “¡Che, fuera!”, lo despacha un profesor. El perro sale y va a merodear por los alrededores de la casa de Mujica, pero al rato se va de ahí solo, sin necesidad de que nadie lo eche. Acaso es el único a quien le da más curiosidad lo que sucede en la propia escuela que lo que genera un ex presidente.