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    Esplendor americano

    El autocine, un fenómeno que combinó el magnetismo de la pantalla grande con la discreción de un auto, se instala en Uruguay como una alternativa cinematográfica

    Richard Hollingshead Jr. creía que su idea de un autocine era conveniente. Un automóvil ordinario se transformaría en un cine privado, libre de restricciones y repleto de libertades. Los fumadores podrían continuar con su vicio sin molestar a otros y, con el perdón de los hermanos Lumiére, hasta conversar durante la proyección de la película. El hombre no tendría que calzarse sus zapatos elegantes ni la mujer usar sus vestidos distinguidos, una etiqueta convencional en Estados Unidos para los matrimonios de la época en los primeros años de la década de 1930, luego conocidos como la Gran Depresión.

    Hollingshead era dueño de un restaurante que también contaba con una estación de servicio. Un caso similar al de Nick Papadakis, personaje del clásico literario criminal de 1934, El cartero siempre llama dos veces. Al igual que “el Griego”, Hollingshead buscaba salir adelante incluso en los tiempos más difíciles. Intuía que había tres cosas que las personas no abandonarían durante una crisis económica: la comida, los autos y las películas. Tras inventar y patentar un sistema de rampas que lograba que ningún auto bloqueara visualmente al otro al estar enfrentados a una pantalla, en 1933 abrió el primer autocine de la historia. Lo hizo en Nueva Jersey, el 3 junio, y exhibió la comedia Wife Beware, del director de la primera adaptación de Ben-Hur, Fred Niblo.

    Casi 90 años después, la invención de Hollingshead se materializará en Uruguay, una vez más, mediante la apertura de dos autocines. La zona del faro de Punta Carretas y del Aeropuerto de Carrasco se convertirán, a partir de este viernes 22 y el sábado 23, en nuevos espacios de exhibición cinematográfica. Lo harán motivados por el cierre nacional de las salas de cine implementado el pasado 13 de marzo, señal de los primeros efectos que el coronavirus tiene en los espectáculos públicos hasta el día de hoy.

    El puntapié del autocine en la nueva normalidad se dio en Maldonado la semana pasada. Con el nombre Autoshow, un autocine instalado en uno de los estacionamientos del Centro de Convenciones de Punta del Este exhibió, bajo el extraño rótulo de Ciclo de Cine Clásico, la comedia irreverente ¿Qué pasó ayer? Continuó con un compendio de secuelas (Shrek 2 y Mi abuela es un peligro 2) y con ¿Cómo sobrevivir a mi novia? y Patinando a la Gloria, dos largometrajes desprendidos de la órbita de los comediantes amigos que rodean al director Judd Apatow y al actor Will Ferrell.

    La programación de los autocines en Montevideo seguirá un camino similar al de Punta del Este y presentará una variedad de películas con foco en la comedia y concebidas en búsqueda de un público masivo. También habrá, afortunadamente, dramas, suspensos criminales y hasta una historia de terror.

    En el Autocine Club Uruguay, un emprendimiento a cargo de Efecto Cine y la empresa Movie, se mezclarán éxitos taquilleros argentinos recientes (El robo del siglo, La odisea de los giles); comedias de acción (Los caballeros, Bad Boys para siempre, Jumanji: el siguiente nivel); cine de superhéroes (Aves de Presa y Bloodshot); dramas legales (El precio de la verdad, Buscando justicia), y dramas con el visto bueno de la Academia (Mujercitas, Judy). 25 Watts, que en 2019 volvió a las salas para celebrar el 18° aniversario de su estreno, cerrará una gira de proyecciones por varios departamentos del país inaugurando, junto con Mujercitas, el autocine ubicado en la zona del Faro de Punta Carretas.

    En tanto AeroLife —que tiene a las compañías Life Cinemas y Magnolio Media Group como responsables— iniciará sus funciones en el Aeropuerto de Carrasco el sábado con una propuesta para todo público. Se proyectará la última película animada de Pixar, Unidos, la adaptación del videojuego clásico de Sega, Sonic, El robo del siglo y Yesterday, la historia que imagina un mundo en donde los Beatles nunca existieron. Previamente desde AeroLife se anunció también, a través de la prensa, la posible reposición de estrenos exitosos de la última temporada como el popular drama Guasón y la galardonada Parásitos, la Mejor película en los últimos Oscar. Al cierre de esta edición estos dos últimos títulos aún no fueron programados.

    El precio para ambas experiencias ronda los $ 600 por auto y las entradas se deberán conseguir de manera online en sitios como Autocine Club del Uruguay o en la página de Life Cinemas.

    La carencia de nuevos estrenos (es decir, que no hayan pasado ya por salas nacionales) en la grilla actual deja, entonces, una programación en la que predominará el blockbuster estadounidense. Parece existir una cierta continuidad entre el nuevo autocine y su origen, considerando que el público objetivo del fenómeno lo integraban inicialmente las familias estadounidenses de las décadas de los 30, 40 y 50. Debido a los bajos costos de instalación en comparación con las salas convencionales, los autocines se hicieron un lugar dentro de la cultura del entretenimiento familiar de una manera ingeniosa. Además de la oferta gastronómica, se proporcionaba servicios dirigidos a los niños como parques infantiles, calesitas y otras atracciones que rápidamente convirtieron a los autocines no solo en un espacio cinematográfico, sino también en uno de ocio. Cierta informalidad en la propuesta, a su vez, resultó significativa para los combatientes de la II Guerra Mundial, que buscaban introducirse en una sociedad con un American Dream cada vez más tangible. La privacidad en torno al automóvil y el aspecto familiar de la experiencia ofrecía un panorama menos complejo para los veteranos regresados del frente.

    La privacidad del autocine es, tal vez, la idea más atractiva, y fue la que provocó un desplazamiento de su público original, las familias, hacia uno juvenil. A comienzos de la década de 1960, con el Verano del Amor todavía lejos, los adolescentes más independientes comenzaron a apropiarse de un espacio que habían conocido de pequeños y que ahora buscaban para ellos. Con la posibilidad de conducir, cargar el auto de amigos e intereses románticos, los adolescentes encontraron una nueva dimensión para la intimidad. Incluso se acuñó el término passion pit (“la fosa de la pasión”) para describir los lugares del fondo, donde los adolescentes se concentraban en todo, menos en la película.

    Ante nuevas miradas, las exhibiciones de los autocines también tuvieron que transformarse. Las comedias quedaron relegadas y se apostó a la exhibición de películas menos familiares, con mayor violencia, crímenes, sangre y hasta algo de porno. Con la televisión ya instalada como otro de los grandes competidores, los exhibidores de autocines empezaron a ingeniárselas a la hora de presentar una programación variada, capaz de mezclar historias de terror y ciencia ficción. No importaba tanto la calidad del filme, sino que su desarrollo fuese ágil. Mientras el autocine influyó en gran parte de la producción del cine clase B de Estados Unidos, sobre todo del género de terror, también comenzó su declive. La popularización de los shoppings y los multicomplejos de salas, la selección limitada de títulos, el empeoramiento en la calidad de la proyección y el audio, así como la dependencia del clima, fueron los factores decisivos que terminaron de marcar la sentencia del invento de Richard Hollingshead.

    Un lugar donde el autocine no ha perdido interés, coherentemente, es en la ficción cinematográfica. No es extraño ver escenas en las que se reconstruya la experiencia de enfrentar a una audiencia compuesta por autos frente a una pantalla blanca o pared símil. En términos narrativos, suele ser más práctico y fácil de concebir una escena en un autocine si se desea que un grupo de personajes vayan de un punto al otro. Ni hablar si se busca profundizar en una relación romántica. Su uso más común, de todas formas, es para los tributos y guiños cinéfilos de los directores y guionistas.

    Cliff Booth, el doble de acción que Brad Pitt interpreta con sapiencia en Érase una vez... en Hollywood, vivía en un tráiler ubicado detrás de un autocine. En su película, Tarantino programó La dama de cemento, con Frank Sinatra. El cantante de ojos azules hacía de un detective privado que se topaba con el caso de una mujer asesinada en el mar. El mismo destino desafortunado, aunque a través de un método diferente, que sufrió la mujer de Cliff. Kubrick, o más bien su clásico de terror El resplandor, hizo una aparición en el autocine de Twister, donde el tornado arrasaba con el lugar. En términos más románticos, Secreto en la montaña también cuenta con una escena clave en un autocine; esta vez, el encargado del entretenimiento es Paul Newman y su película El indomable, un drama en clave de western donde un personaje debe elegir entre dos personas allegadas. La lista no podría ni empezar a completarse sin la balada que John Travolta y su corazón roto le dedican a Olivia Newton-John entre los autos y parlantes de un autocine. John Waters, Peter Bogdanovich y Tim Burton también rindieron tributo al autocine en sus historias. Hasta el propio Orson Welles empleó un autocine en Al otro lado del viento, la película que nunca llegó a terminar y se puede ver en Netflix.

    Con el dominio del streaming más que demostrado durante la cuarentena, esta nueva salida del cine para reencontrarse con su público también parece remitir a los inicios del audiovisual en Uruguay, cuando las primeras “vistas por biógrafos” —como se llamó a ciertos dispositivos cinematográficos que llegaron a nuestro país no mucho más tarde que su experimentación en Francia— eran utilizadas en exhibiciones efímeras en locales improvisados, que se hacían para complementar las funciones estables en salones y teatros. En el caso del autocine, si bien es cierto que la población que no esté motorizada no podrá asistir, será cuestión de aguantar hasta el regreso de las salas y otras proyecciones al aire libre, que no han faltado en el pasado. En tiempos como los que corren, todas las formas de descubrir el cine, incluso si es a través del parabrisas de un auto, son más que bienvenidas.