—Definitivamente. Hay un cambio importantísimo. Hace mucho que estoy en la observación y en la práctica de las relaciones internacionales y siento que desde 1930 no tenés esta configuración económica nueva. En la época de la Guerra Fría tenías una competencia entre dos grandes bloques, uno era el capitalista dirigido por Estados Unidos y el otro era el comunista dirigido por la Unión Soviética, y había una división del mundo. Había una división del mundo donde vos eras de un lado o del otro —por supuesto que de ahí nacen los movimientos de tercera posición—; había un orden en el cual Estados Unidos no se metía mucho en el mundo comunista y la Unión Soviética, después de la crisis de los misiles en 1962, no se metía en América Latina. La influencia de la Unión Soviética en América Latina a partir de 1962 es ideológica, pero no hay dinero, no hay un mango, no hay un peso. No hay apoyo económico para nada. La Unión Soviética no competía económicamente en lo que era la zona de influencia de Estados Unidos. Estaba el concepto de esferas de influencia: esto es tuyo, esto es mío, esto no me toca. Había un orden rigidizado y más o menos estable. Pero no veías rublo, por decirlo gráficamente, nadie sabía lo que era un rublo.
Lo que tenés hoy es una verdadera competencia económica que no hemos conocido hasta ahora. Es decir, que no necesariamente es bélica, pero es económica. China influye en la economía mundial a través de la compra de bonos del Tesoro, a través de la tenencia de reservas en dólares, a través de su presencia en el Fondo Monetario Internacional, a través de su apoyo a Venezuela, a través de su apoyo a la construcción de infraestructura, del ensanchamiento del Canal de Panamá, de la construcción de otro canal, de millones de carreteras, las centrales nucleares. Es decir, hay inversión importantísima de China en muchas partes del mundo, en África, en Asia, en Europa y en América Latina. Bueno, esto es impresionante, es un cambio que no podemos no darle la magnitud que tiene. China tiene una red de swap de monedas con otros países, tiene tratados de libre cambio con tres países de América Latina, tiene asociaciones estratégicas. Nosotros no hemos vivido esto, es un cambio impresionante. Y tenés ahora la competencia por el 5G, que también es una competencia no vista hasta ahora. Porque Estados Unidos y la Unión Soviética podían estar compitiendo por quién ponía un hombre en la Luna antes; bueno, poner un hombre en la Luna a mí en Buenos Aires no me cambiaba la vida, lo miraba por tv. Ahora vas a tener una competencia por el 5G, donde todos los países van a tener que tomar una decisión. ¿A quién se la vas a dar? A Huawei o a una de Estados Unidos. La competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética era geopolítica, eran golpecitos acá o allá; y no estoy diciendo que era lindo. Allende, por ejemplo, no tuvo apoyo económico de la Unión Soviética previo a su caída.
—¿Y eso facilitó el golpe de Estado?
—Claro. La Unión Soviética no hizo nada.
—¿Una demostración del cambio es que ahora Maduro se mantiene gracias al apoyo económico de algunas potencias?
—Obviamente tiene que ver no solamente con el apoyo de Rusia, sino también de China. Vos tenés inversión económica china en Venezuela y China no quiere que se la saquen. Es un país acreedor importante. ¡Acá! Este es el concepto: China es un país acreedor de una magnitud que no hemos tenido nunca. Nunca, nunca, nunca, nunca. En 1930 tenías a dos países acreedores importantes: Estados Unidos y Gran Bretaña, pero Gran Bretaña estaba en caída. Después de la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1945, el gran acreedor fue Estados Unidos. Ahora tenés dos acreedores. China no es que esté enamorado de Maduro, sino que tiene inversiones y las tiene que defender.
—¿Cómo repercute este nuevo fenómeno de China en la región?
—Bueno: Maduro.
—Más allá de ese tema, China ha mostrado interés en acercarse a la región a través de la firma de acuerdos comerciales.
—No es acercarse, ¡ya está!
—¿Cómo repercute en los países?
—Si sos miembro del banco de inversiones asiático, si vas a pedirle dinero a China… Macri lo hizo: primero se alineó con Estados Unidos para conseguir el préstamo del FMI y cuando se dio cuenta de que no le alcanzaba, se hace amigo de China otra vez. Dónde no, yo me preguntaría. Está en todas partes, está en la cooperación nuclear, en la tecnológica y la financiera, está en la construcción de redes, en la construcción de caminos, de puertos. ¿Dónde no?
—La intención de China es incidir en los organismos de “gobernanza mundial”, dijo su presidente Xi Jinping un par de años atrás. ¿Qué puede implicar eso?
—Ya está implicando varias cosas que estamos viendo, como por ejemplo la no intervención en Venezuela. Tuvimos un episodio muy llamativo recientemente que fue la suspensión de la reunión del BID que iba a tener lugar en China. Iba a ir el delegado de Maduro y Guaidó iba a mandar su propio delegado, entonces China no le dio la visa al representante de Guaidó. ¿Qué hizo el BID? Suspendió la asamblea. ¡Eso no tiene precedentes! La pregunta que me tenés que hacer es dónde no está China.
—¿Para la región es un cambio positivo?
—Depende de cómo lo uses.
—¿Y cómo lo debe usar?
—Tenés un margen de maniobra como región que no tuviste nunca, es esto de que como Estados Unidos no me da plata, bueno, le pido a China. En términos financieros tenés ese margen que no tuviste nunca. En términos de la producción industrial, del empleo, en términos de la explotación de los recursos naturales es otra cosa, tiene impactos muy negativos. Tenemos el extractivismo en la región, es decir, la explotación al máximo de los recursos. Entonces, depende de cómo se administre, porque esto es una cosa que está dada y va a tener consecuencias positivas y negativas.
—No habló ni una vez de Europa.
—Europa está en su propia crisis. Tiene un poder simbólico muy importante, Europa, y eso lo va a retener durante mucho tiempo. Pero está pasando por una crisis de identidad, de la cual el Brexit es un síntoma muy fuerte. Tenés partidos y países que se quieren fugar de la Unión Europea por considerar que captura políticas —lo cual es cierto porque decide sobre cosas que antes se decidían a escala nacional—. También tenés otro movimiento que vimos en las elecciones para el Parlamento europeo, que es la captura de la Unión Europea por los partidos más soberanistas nacionales. La Unión Europea venía con una Constitución que podíamos llamar de socialdemocracia, una posición de centro, unaposición neoliberal pero de centro. Y una visión de que Europa siempre avanza sobre sí misma. Eso es muy importante en la constitución de Europa: nunca se fue para atrás, siempre un paso adelante, siempre un paso más. En el proceso hubo algunas pequeñas crisis, pero comparado con esto no fueron nada: ahora viene crisis tras crisis. Ahora le queda apenas un centro tambaleante, constituido por Merkel y Macron, que está siendo rodeado por los que se fugan y por los que están capturando a Europa para moverla para otro lado. Entonces, la Europa que vemos no es la de antes.
—La región tiene varios mecanismos de integración que parecen haber fracasado en comparación con la Unión Europea.
—Por suerte eso ya no lo tenemos más. El problema es que hemos trabajado con tipos ideales. Nosotros nos veíamos como defectuosos frente a un tipo ideal que está allá lejos. Yo no soy Kate Moss, pero soy mujer, me constituyo como mujer. No ser Kate Moss no me hace no mujer. El hecho de que uno trabaje con tipos ideales es un problema propio. Eso te permite una cierta liberación cognitiva. Yo me puedo entender a mí misma sin mirar a Kate Moss, sin comprarme la revista Vogue, sin comprarme la Vanity Fair. Eso es muy importante. No quiero el mal para Europa, ojalá que se reconstituya en una forma ordenada, creo que lo va a hacer, aunque puede tardar 20 o 30 años.
—¿Hay proceso de integración regional exitoso?
—No sé lo que es exitoso. Es una constitución regional en permanente construcción, no es un punto de partida y otro de llegada. ¿Qué es el éxito? Ni para mi vida sé qué es.
—En Uruguay se escuchan muchas críticas al Mercosur porque le dificulta su apertura comercial, por ejemplo.
—No creo que sea un fracaso. No digo que no haya que reformarlo, pero tampoco quiere decir que haya que mandar todo a la mierda. Sí, puede ser que el Mercosur tenga 39.000 defectos y te los puedo listar. ¿Eso quiere decir que es un fracaso? ¿Por qué no hablo del fracaso de la Unión Europea? Ni nos atrevemos a decir que la Unión Europea es un fracaso, que tiene crisis. Hablo del fracaso del Mercosur porque lo estoy mirando con microscopio, pero miro a la Unión Europea con un telescopio, y después comparo la cucaracha que tengo acá con la luna que tengo allá. Son dos cosas que no son comparables. Y no solo eso, usé instrumentos que no son comparables. Si asumiera que es un fracaso, ¿qué hago con el Mercosur? ¿Me suicido?
—¿Lo desarma?
—¿Lo rompés todo? Mirá lo que les pasa a los europeos. Mirá lo que pasó con el Nafta: se refundó. ¿Y decimos que fue un fracaso? No. ¿Por qué? Porque eso es Dios y esto es la cucaracha que me tocó. Empecemos a mirarnos con conceptos que nos quieran un poco más. Lo cual no quiere decir que sea un éxito, solo digo que usemos los mismos instrumentos para aquello que está divinamente planteado afuera y esto que yo estoy mirando con microscopio. No digo que es un éxito, pero no seamos autoflagelantes.
—En Uruguay miran al Mercosur con base en lo comercial y económico. Ahora hay una perspectiva positiva porque la agenda exterior se mueve. ¿Comparte ese análisis?
—Sí, hay un movimiento de la agenda comercial externa. Puede ser positivo o negativo, eso después lo vemos.
—Este movimiento se produjo, en parte, porque Mauricio Macri llegó al gobierno en Argentina. ¿Las elecciones en ese país pueden repercutir en el Mercosur?
—No me parece, porque no está en la agenda.
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2019-05-30T00:00:00
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