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    Expertos advierten que una mala atención a las personas que viven en la calle puede terminar en una “guerra contra los pobres”

    El español Pedro Cabrera y el argentino Santiago Bachiller analizan desde hace tiempo las políticas que aplican seis países latinoamericanos (Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Paraguay y Uruguay) para enfrentar la situación de las personas que viven en la calle.

    Si bien hay realidades diferentes, ambos expertos coinciden en que enfocar el tema desde el punto de vista de la seguridad y el higienismo, es equivocado. La alternativa, sostienen, pasa por pensar políticas de reinserción de personas que salen de instituciones como la cárcel o centros hospitalarios, tener políticas de empleo y buscar soluciones habitacionales que no pasan solo porque sean propietarias de una vivienda.

    Cabrera es politólogo y doctor en sociología. Entre sus principales áreas de investigación figuran las políticas de inclusión social, personas sin hogar y exclusión residencial. Bachiller es antropólogo especializado en exclusión social y hábitat. Ambos están en Montevideo esta semana participando en un seminario sobre Red Calle Latinoamericana, coordinado por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

    En diálogo con Búsqueda, plantearon que la población que vive en la calle es gente “despreciada” y que si se atiende su situación, habrá beneficios para el resto de la sociedad.

    —En su exposición plantearon los problemas que enfrentan ciudades de Europa para solucionar el tema. A veces se tiende a creer que la gente que vive en la calle es drama solo de sociedades pobres.

    —Pedro Cabrera: Ocurre en todo el mundo. Lo que pasa es que ocurre de forma diferente en cada lugar del mundo. Por ejemplo, niños en la calle viviendo a la intemperie en España no existen, siendo que tenemos muchísimas carencias en nuestro sistema de protección. Los dispositivos de protección de menores hacen que sea prácticamente inmediata la recogida de niños en la calle. Del mismo modo, los sistemas de previsión social que han dado una garantía de ingresos a personas con discapacidad, han retirado de las calles de Europa a las que tradicionalmente vivían en condiciones deplorables. Las sociedades europeas tienen un reto con el tema de los movimientos de población expulsados por conflictos bélicos o países con bajo desarrollo económico. La inmigración ha cambiado el panorama de la calle. A medida que cambian las sociedades, cambia la calle de esas sociedades. Cuando empezamos a estudiar esto en España hace 30 años, en la calle podía haber 15% de extranjeros, porque España no era un país de recepción extranjera. Hoy en día la calle ha quedado reservada casi en exclusiva a una mayoría de extranjeros sin papeles.

    —Y eso refuerza la estigmatización del inmigrante.

    —(PC): Incluso estando en la calle, viviendo literalmente en la intemperie, depende mucho de lo que las administraciones públicas hagan. Hay lugares donde la calle es un lugar de abandono absoluto, y otros lugares donde, aunque estén en la calle, los servicios de proximidad, los equipos de salud mental que actúan en la calle, hacen que naturalmente esa situación dramática quede alterada en gran medida. De algún modo, hay sociedades que se hacen más responsables de esas situaciones y le dan el acompañamiento que podría limitar el tiempo de permanencia en esa situación y las condiciones en que se vive.

    —Usted, en el seminario, puso como ejemplo lo que se hace con el mobiliario urbano para evitar que la gente pueda dormir en la calle.

    —(PC): Si esto se enfoca mal, la guerra contra la pobreza se convierte en guerra contra los pobres, y eso puede dar beneficios aparentes en un primer momento, pero lo único que hace es trasladar el problema y genera una dinámica perversa. Hay experiencias donde el trabajo de entidades sociales, apoyadas por la administración local y en coordinación con los negocios de la zona, ha hecho posible programas que finalmente se traducen en que esas personas que estaban instaladas ahí, que podían tener un efecto negativo desde el punto de vista comercial, encontraran un lugar elegido por ellos y salieran de esa situación. Es decir, conseguir que los que tienen recursos económicos los pongan al servicio de una intervención social, para dar salida a soluciones adaptadas dignas y respetuosas de lo que esas personas necesitan.

    —¿Qué es enfocar mal este tema?

    —(PC): Me refiero a las soluciones más expeditivas que han funcionado en América Latina. 

    —(SB) Seguridad, higienismo.

    —(PC): Vemos operativos destinados a sacar del medio a gente, incluso hemos visto asesinatos. Estamos hablando de la policía que retira forzosamente o los programas sociales que los recogen en un régimen asilar, higienista y eso es enfocarlo mal. No solo porque éticamente, moralmente, es inadecuado, sino porque a la larga genera otros costes de otro tipo, incluso económicos.

    —(SB): Diría que hay un tercer eje que es un poco más sofisticado que es el uso indebido del espacio público, que no necesariamente está vinculado ni con el higienismo ni con la seguridad, pero sí con el espacio público como un sitio en el que hay que garantizar la circulación, por ejemplo. Se terminan generando procesos de movilidad forzados de un punto de la ciudad a otro, pero así no vas a resolver nunca el problema de calle.

    —(PC): Hay un teórico que dice que los servicios para pobres al final siempre son pobres servicios. Si desde el punto de vista de la intervención que se hace con personas en situación de calle, el operador, los servicios sociales, solo trabajan con ellos, los trabajadores sociales acaban metiéndose en un gueto fuerte. En cambio, si el asunto consiste en conectar, dar soporte a todo lo que rodea a las personas en situación de calle para que puedan hacerse cargo de la cuota que les corresponde, mucho mejor. El caso que decíamos hoy es el empleo. Si los trabajadores sociales además de trabajar con ellos, trabajan con empresas haciendo prospección de empleo y generando una malla de relaciones, eso rehabilita hasta al propio trabajador social. En Madrid hay 600 empresas vinculadas a esto.

    —Trabajaron en seis países de América Latina, son distintas realidades. ¿Qué encontraron en materia de situación de calle?

    —(SB): Hay denominadores comunes. Si pensás un sistema patriarcal, un sistema colonial, y luego a eso se le superpone un sistema capitalista, tenés muchas formas de exclusión que son bastante comunes en todos nuestros países. Después tenés aspectos diferenciales que tienen que ver con el nivel de desarrollo del Estado social de cada país, también con la profundidad y el alcance que tengan los movimientos sociales de impactar en la agenda pública. Hay cuestiones que son muy diferenciales que tienen que ver con el contexto histórico de cada país. Un primer ejemplo que quizás es muy evidente es el peso que tiene la incidencia y el desplazamiento forzado en Colombia.

    —(PC): La construcción histórica del Estado de bienestar ha tenido momentos muy distintos en un lugar y en otro. Un Estado unitario puede llegar más fácilmente, porque hay un aparato administrativo que está organizado y verticaliza más fácilmente.

    —En el seminario se dijo que estas personas llevan la “marca de Caín”.

    —(PC): Es la pobreza despreciada. Porque se sobreentiende que es una pobreza de la que tú eres culpable.

    —La idea de que está en la calle “porque quiere”.

    —(PC): Porque quiere o porque “¿qué habrá hecho?” Es un mecanismo que inculpa a la víctima. Es un mecanismo fácil de responsabilización personal, social y colectivo. De donde yo vengo, el nivel de sensibilización ciudadana en torno a la violencia de género es brutal como ha crecido. Hoy es muy difícil escuchar un discurso que diga: “Vete tú a saber lo que esa mujer ha hecho”. Pero hasta hace poco eso era posible.

    —¿Qué salidas hay para este tema? ¿Hay que mejorar la vivienda?

    —(PC): La exclusión de las personas puede ser por mucha razones. Las soluciones de los que están en la peor pueden ser tremendamente aprovechables para los que estamos en franjas intermedias: de hecho, es así, porque a cualquiera de nosotros se le presenta un problema de movilidad mañana, cuando me partí la pierna me di cuenta de lo mal que estaban las aceras de mi barrio. Además de la vivienda está el empleo, la salud, la salud mental.

    —(SB): Después hay cuestiones muy puntuales, políticas afirmativas muy puntuales. Hay que tener una política de reinserción social para la población que sale de una cárcel. Y no es una política focalizada en un sector específico. Estás trabajando en temas de seguridad, la tasa de reincidencia es altísima y lo seguirá siendo si no le das ninguna opción laboral, habitacional.

    —Son como las tres patas, lo laboral, la vivienda, la reinserción.

    —(PC): No desconectemos esto de lo que se puede hacer en general para el mejoramiento de la sociedad. Es una manera de legitimar las políticas que se orientan hacia subsectores pequeños, en los que si encontramos la solución, la encontramos para una amplísima capa de la población. Como en el tema de la salud mental; el porcentaje de población que tiene algún desequilibrio es brutal, o los temas de adicciones, que tienen su máxima expresión en los casos más agudos.