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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos resultados de la elección del domingo 1º de junio han sido extraordinarios. La campaña de desarrollo “epidémico” (por su crecimiento exponencial) y triunfadora de Luis Lacalle Pou; la baja votación del Frente Amplio, la buena votación de Constanza Moreira, la emergencia de Raúl Sendic como segundo polo renovador de la coalición; la ratificación del liderazgo de Pedro Bordaberry en el Partido Colorado y su extraordinaria votación en Salto, son todos temas de gran interés para el análisis.
Sin embargo, creo que lo más destacado y relevante para las instituciones de nuestra República y su sistema de democracia representativa por sufragio popular, ha sido el fracaso rotundo e inocultable del escrutinio “informatizado”. Y me permito señalar que este fracaso, el tercero de esa propuesta, es una buena noticia.
“No hay dos sin tres” dice el saber popular, y agrega “la tercera es la vencida”. Y luego del desastre del censo con las “ceibalitas azules”, cuyos resultados son imposibles de auditar; sumado al fracaso del escrutinio de las elecciones universitarias; esta tercera instancia del ensayo de realizar el escrutinio parcialmente informatizado, debiera servir para sepultar definitivamente el experimento.
El sistema electoral de nuestro país, luego de un centenario proceso de perfeccionamiento, es único en el mundo en cuanto a las garantías absolutas que ofrece. Es un sistema que ha demostrado ser a prueba de fraude, perfectamente auditable, con mecanismos de redundancia del registro de información, y resguardo documental que, en caso de error o duda, garantiza la reconstrucción del proceso del sufragio circuito por circuito, urna por urna y voto por voto.
En esta instancia, un costoso equipo con pretensiones de modernidad (urna anaranjada fosforescente, computadora, impresora), se sumó a los sobres con tirilla, el listado de los votantes, y la planilla para el acta de escrutinio. Salvo la urna anaranjada (que daba un toque de color a las mesas de votación), los nuevos elementos que se buscaba incorporar nada aportaron a mejorar el comicio.
En verdad, la novelería de “informatizar” el escrutinio y el sistema de votación está basada en una promesa reiteradamente incumplida de sus promotores, en el sentido que el nuevo sistema sería más barato y más rápido. En verdad la promesa de la rapidez, la ilusión del resultado “instantáneo”, ha sido lo que ha tentado a la dirigencia política, cuya comprensible ansiedad por saber “qué pasó”, la llevó a aceptar este imprudente experimento.
Escribo esto desde la esclarecedora experiencia de haber participado como delegado en el escrutinio del circuito 221 (Liceo “Piloto”), en que las integrantes de la Mesa actuando en forma ordenada, eficiente y con absoluta responsabilidad, cumplieron en forma ejemplar el proceso físico del escrutinio, que estuvo realizado en sus dos etapas (primario por lemas y particularizado dentro de cada lema) en 45 minutos, sin que existiera la menor duda de los resultados.
A las 21,30 horas, estaba finalizado el proceso, y efectuado el recuento; allí comenzó el drama, la realidad del sufragio, con lema, sub-lema y distintivos, no estaba debidamente representada en el programa, y por lo tanto la máquina “se negaba” a ingresar los datos, se colgaba, quedaba con la pantalla negra, no guardaba en la memoria y había que repetir el registro, no transmitía la información; en resumen, un escrutinio que de la forma tradicional podría haber estado pronto registrado y listo para entregar a la autoridad electoral a las 22.30 demoró hasta las 01.55 del lunes 2, luego que a las 00.30 se desistió de la lucha informática y se resolvió cerrar el escrutinio con el acta de papel.
Ha tenido el Sr. Wilfredo Penco (integrante de la Corte Electoral), la desvergüenza de señalar que los problemas fueron por “falta de preparación del personal”. Es una afirmación absolutamente falsa y un agravio gratuito a los integrantes de las mesas de votación. Estos cumplieron con su tarea en forma responsable y comprometida; lo que fracasó escandalosamente es el sistema informático de CONEX-UTE, y el soporte del mismo, una computadora punto menos que de juguete, que se ha convertido en “fetiche” político de la coalición de gobierno.
Ninguna de las supuestas ventajas del sistema ha podido ser demostrada en tres experiencias signadas por el fracaso. Ni es rápido, ni es confiable, ni abarata costos: simplemente NO FUNCIONA.
El sistema electoral de nuestro país, asentado en más de un siglo de funcionamiento irreprochable, es uno de los pilares de la democracia representativa uruguaya, ya que su veredicto goza de la absoluta confianza de la ciudadanía, y confiere indiscutible legitimidad a quienes resultan electos como sus representantes.
Es necesario asumir este tercer fracaso por parte de sus promotores. No tiene sentido seguir insistiendo en una iniciativa que conduce a un sistema sospechado de fraude en varios lugares del mundo; basta preguntarle al estadounidense Al Gore (un mes para saber qué pasó en Florida), o al venezolano Capriles (le robaron la elección y casi va preso), o a la oposición Argentina para saber qué pasa con semejante herramienta. Agrego, en Alemania lo prohibieron, justamente porque no se puede auditar, y no da garantías al proceso democrático.
M. J. Llantada Fabini
Salto, 9 de junio 2014