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    Fútbol y carne: países de alto consumo per cápita logran mejores rendimientos

    Algunos trabajos académicos parecen subirse al clima mundialista que se armó con epicentro en Catar, sede de la copa de la FIFA que empezará el domingo 20.

    ¿Qué tienen en común Maradona, Pelé, Messi, Cristiano Ronaldo y Cruyff aparte de haber figurado entre los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos? Como Luis Suárez, todos nacieron y se criaron en países de alto consumo per cápita de carne, dentro de hogares de bajos ingresos o de clase trabajadora. Dos economistas de la Universidad San Andrés de Argentina postularon en un reciente estudio que la combinación de carne relativamente barata y bajos costos de oportunidad de participar en una carrera en el fútbol profesional puede explicar el éxito como jugadores. Su hipótesis es que criarse en un país donde la carne es relativamente accesible implica que, aunque sean pobres, las personas tienen más fácil acceso a una dieta de alta calidad, crucial para el desarrollo del cerebro, en general, y de las habilidades cognitivas necesarias para sobresalir en el fútbol, en especial.

    Produjeron evidencia cuantitativa a escala de países de una correlación positiva entre el consumo de carne y el talento futbolístico (medido por la cantidad de jugadores nominados al Balón de Oro 2016-2019) condicionado a la riqueza, el tamaño del mercado futbolístico y el interés en este deporte. Luego, bajaron a un nivel individual de los jugadores más talentosos y analizaron sus historias personales para clasificarlos según dos dimensiones de interés, el bajo estatus social familiar y el consumo de carne, y hallaron que una fracción muy elevada de los futbolistas más talentosos comparten ambas.

    Los autores sostienen que las personas de hogares de bajo nivel socioeconómico tienen costos de oportunidad más bajos: les es más difícil que a otros acceder a carreras universitarias y, al vivir muchas veces en hogares hacinados, tienden a pasar más tiempo al aire libre, jugando. De hecho, la mayoría de los mejores futbolistas del mundo nacieron en la pobreza.

    Por ejemplo, Messi (Argentina) y Cristiano Ronaldo (Portugal) fueron criados en familias de ingresos medios-bajos en países con alto consumo de carne; Neymar Júnior (Brasil), Luis Suárez (Uruguay) y Kylian Mbappé (Francia), en hogares de bajos ingresos pero con alto consumo de carne; Gianluigi Buffon (Italia) y Kevin De Bruyne (Bélgica), en núcleos de altos ingresos con elevado alto consumo de carne; y Sadio Mané (Senegal) y Edin Džeko (Bosnia y Herzegovina), en familias de escasos recursos de países con una dieta baja en carne.

    Como conclusión de su análisis —titulado Hacer un Maradona: consumo de carne y destreza futbolística—, Martín Rossi y Christian Ruzzier afirman que el consumo de carne puede dar respuesta a parte de la variabilidad no explicada en el potencial futbolístico de los equipos nacionales. Citan un modelo publicado por The Economist en 2018 que intentó predecir las diferencias de goles a través de la riqueza, el tamaño, el interés en el fútbol y la ventaja de un seleccionado por jugar de local y resultó que los mejores resultados (los países con un rendimiento superior a las predicciones del modelo) fueron aquellos con alto consumo per cápita de carne según la base empleada en su investigación (Uruguay, Brasil, Argentina, Portugal y España).

    Dicen que mejorar el desempeño de un país en el fútbol es de suma importancia para algunos países y recuerdan el plan del presidente chino, Xi-Jinping, para transformar a su país en una superpotencia para 2050. Con ese fin, 50.000 escuelas enseñarán fútbol para 2025 en China y se están construyendo 20.000 centros de formación. “Los fondos comprometidos con el programa son impresionantes. Solo el centro de formación más grande, ubicado en Guangzhou, costará US$ 185 millones. Sin embargo, China no tiene mucho que mostrar por todo este gasto”, ya que no clasificó a la Copa del Mundo de este año en Catar. “Nuestros resultados sugieren que tal vez sería mejor gastar parte de ese dinero en mejorar la nutrición de los niños chinos para apoyar los objetivos del presidente Xi. En términos más generales, los niños más atrasados (…) se beneficiarían más de cualquier intervención que mejore” sus funciones ejecutivas, señalan.

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