En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Se terminó el Mundial y nuestras vidas han quedado carentes de sentido, “vaciadas”, como dijo Mascherano a propósito de la entrega hasta la última gota de los jugadores argentinos en la final contra Alemania. Restan cuatro años para Rusia 2018. Es demasiado, como la sanción a Suárez, pero tendremos que superarlo. Abonado a DirectTV, también extrañaré el programa “Mundial total”, con los periodistas sacados que opinaban de fútbol, gritaban y se divertían.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Alemania rompió el hechizo: es la primera selección europea en obtener la copa del mundo en suelo americano. La vimos festejar merecidamente con ese golazo de Götze en el alargue, luego de matarla de pecho y mandarla a las redes de zurda, como le gusta a Telesur, a Víctor Hugo Morales, a Maradona, a Evo y a Maduro.
Atrás quedaron la mordida de Suárez, la lesión de Neymar, los golazos de James, las corridas de Robben —y también sus picinazos—, el profético desmayo de Sabella (se la veía venir), los curreros riffs de guitarra de Santana en la ceremonia final, el imbatible “Robocop” Neuer (Higuaín, Palacio y Messi nunca vieron el arco tan pequeño), los huevos que pusieron Boateng y Schweinsteiger en la final, el llanto de los brasileños que no paran de caer en un pozo que jamás pensaron era para ellos y el llanto de los argentinos, que volvieron a jugar una final del mundo luego de 24 años y volvieron a perderla, otra vez contra Alemania.
El día después, inundaban los portales posmundialistas las imágenes de las bellas novias de los jugadores teutones invadiendo la cancha, sacándose fotos, colgándose las medallas, tocando la copa. Y el clásico contraste: una pasarela para los ganadores, que saludan al público y a las autoridades con rubicunda alegría y otra pasarela para los perdedores, que sufren la escalera hacia esas mismas autoridades y la medalla al segundo lugar, la que nadie quiere, en resignada procesión de muertos vivientes.
Hay que ver el medio vaso lleno.
Uruguay: seguís teniendo el Maracanazo, que es, entiéndase bien, haber derrotado a Brasil en su casa en una épicafinaldel mundo. Y aclaro: final, no semifinal.
Argentina: viste cómo a Brasil le encajaban siete y después tres más. Y llegaste al último partido. Y a la vuelta te recibió la presidenta, preocupada por la salud de los jugadores.
Brasil: viste cómo Argentina perdió la final del mundo en tu casa. Y te sacaste de encima a Scolari y a Fred.