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En tres meses, Paul Simon cumplirá 75 años. Y a juzgar por el discazo que acaba de publicar, mantiene su capacidad de emocionar con una canción. Y conserva intacta esa voz fresca, limpia, la de un muchacho que no ha hecho otra cosa que ver pasar el tiempo y cantarlo en sus crónicas a modo de bitácora desprevenida. Estas 11 canciones (más cinco bonus tracks) bien pueden reflejar la memoria de un trovador formidable, autor de algunos de los más hermosos himnos del siglo XX.
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A diferencia de muchos de sus legendarios compañeros de generación, la suya no es una obra tan prolífica: este es su 13er disco de estudio en 51 años, a los que se suman un puñado de trabajos recopilatorios y en vivo, entre ellos el monumental concierto en el Central Park. Al hombrecito oriundo de Newark (New Jersey) le gusta tomarse un lustro para hacer un disco. Y seguramente sea esa la clave para que sean tan buenos.
De extraño a extraño requiere una alta disposición de parte del escucha. Esta obra producida por Simon y su “viejo compañero” Roy Halee (desde Simon & Garfunkel), lleva al escucha de paseo por sonoridades y estilos tan variados como sugerentes. Y por sobre todo aflora ese espíritu experimental, ese carácter aventurero que mueve al artista a arriesgar, a ver qué pasa, y desafía al escucha a probarse a sí mismo ante la novedad.
Casi no hay folclores típicos; Simon prefiere deslizar alusiones sutiles a mundos sonoros. Hay pinceladas caribeñas, hay reminiscencias africanas, hay rastros de música country, y por sobre todo está la canción: la melodía clara y siempre atractiva. A lo largo de las canciones prevalece la fusión entre la instrumentación eléctrica, acústica o sinfónica y las variantes digitales. Entre el contrabajo y una trompeta se cuela un repicar de campanas o el vibrar hipnótico de un berimbao. Simon entrega un testamento musical marcado por un refinadísimo despliegue arreglístico y su acostumbrada sutileza en la interpretación. Horace and Pete es quizá el momento más inspirado.
Por el otro carril van los textos, simples y directos, que remiten a los temas de siempre, desde la óptica de la madurez: la vida, la muerte, el amor, los hijos, los amigos, el paso del tiempo, los recuerdos, la búsqueda de la sabiduría, los lugares y los hechos que significan algo —o todo— para uno. Un hombre que en la era hiperconectada se siente entre extraños.
Entre los bonus tracks registrados en el mítico programa radial americano APrairie Home Companion, brillan Duncan y la deliciosa Wristband, que deja al escucha sonriente y moviendo la patita.