N° 1768 - 12 al 18 de Junio de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace algunos años un ex ministro de la Suprema Corte de Justicia ya fallecido me destacó su reconocimiento por lo que había aprendido de los jóvenes en diversos órdenes de la vida y expresó su deseo de haber transmitido en su juventud ese mismo aporte a magistrados mayores que él.
Infatigable lector, el ex juez me cedió una copia de reflexiones del pensador español Dalmacio Negro sobre el avance del número de ancianos en el mundo. Esto, dice, podría conducir a que los gobernantes sean muy jóvenes y los ancianos, para defenderse, se abroquelen para impedir el paso a las nuevas generaciones.
Negro refería al economista estadounidense Lesther Thurrow quien, al observar ese fenómeno, sugería que los futuros conflictos y luchas de clases pudieran ocurrir entre jóvenes y viejos disputándose el poder. Los partidos políticos se nutren de jóvenes quienes inevitablemente se transforman en mayores. Argumentaba que por eso no puede descartarse que para defender sus intereses se puedan crear partidos de ancianos.
Con esa ironía destacaba la imperiosa necesidad de que todas las generaciones desarrollen un trabajo común en beneficio de la sociedad. Ni gerontocracia (gobierno de ancianos) ni efebocracia (gobierno de jóvenes). Un joven con poder y escasa experiencia puede juzgar —sin referirnos exclusivamente al ámbito judicial— en forma muy acertada, mientras que un anciano (juez o político) puede equivocarse radicalmente. Ni el desgaste de los años y ni la arrogancia perdonan.
El ex presidente y candidato presidencial Tabaré Vázquez pretendió seducir con frases populacheras y discriminó. Minimizó genéricamente a los “jóvenes” utilizando como blanco a Luis Lacalle Pou, inesperado vencedor de las internas nacionalistas, y a Pedro Bordaberry, de las coloradas. Una anécdota menor, en apariencia, pero es mayor.
Sin decirlo expresamente, comparó su experiencia y edad (74) con las de Lacalle Pou (41) y Bordaberry (54), y utilizó una infeliz metáfora que también afecta a su partido: no es lo mismo disputar un campeonato mundial con la selección sub 20 que con la experiencia de los mayores. No fue casual ni improvisado. Poco después lo reiteró en España. Luego trató de enmendar la plana pero era tarde.
Sin conocer a Vázquez, el integrante de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Sabino Fernández Campo, admitió que “los viejos solemos ser un poco envidiosos y tenemos cierta maldad hacia los jóvenes”.
Recordó una aguda frase del escritor Jacinto Benavente: “En este espectáculo del mundo, como los viejos sabemos muy bien que no podremos ver lo que queda por ver a los jóvenes, pretendemos vengarnos de ellos haciéndoles creer que lo mejor es lo que ha pasado ya y lo que nosotros hemos visto”. En suma, que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Los defensores de la gerontocracia consideran a la vejez como una ventaja única por haber llegado a una edad en la que la sabiduría se ha acumulado. Pero es imposible desconocer que una revisión universal demuestra que muchos “venerables” veteranos se visten de cordero o pierden el rumbo. Dicen los que saben que el cerebro envejece por la ley de la entropía: los organismos tienen una existencia limitada.
Los vertiginosos cambios sociales y la mayor formación académica han destruido muchos estereotipos, entre ellos el de que vejez es sinónimo exclusivo de un desempeño mejor y más eficiente en todos los terrenos. Veremos qué pasa con la experimentada selección celeste en el Mundial de Brasil.
Cierto es también que siempre hay jóvenes apurados que quieren “llegar ya” aunque carezcan de preparación o talento y que buscan descalificar a las personas mayores para ocupar sus espacios y tener más beneficios económicos. Pero eso es harina de otro costal y no se trata de democracia.
Con su infeliz expresión, Vázquez ignoró la ley 17.817 de 2004 de interés nacional que condena toda clase de discriminación. ¿O no discriminó a todos los candidatos jóvenes sin distinción de partidos y a todos los votantes jóvenes, especialmente a los nuevos 250.000? Tampoco parece haber recordado la muletilla que utilizaba cuando le preguntaban si sería candidato. “Depende de la biología”, respondía. Bien sabe por su profesión que la biología es más implacable con un anciano que con un joven. Es la ley de la vida. Si resultara electo y la biología le diera un revés su lugar sería ocupado por quien, según su criterio y razonamiento, es un sub-20: Raúl Sendic, de 52 años.
Vázquez asumiría con 75 años. Aunque tenemos antecedentes presidenciales de esa edad (Jorge Batlle y José Mujica), es razonable y sensato preguntarse si podrá jugar todo el campeonato sin abandonar la cancha o sin lesionarse.
Le vendría bien repasar las edades de algunos presidentes al asumir: José Batlle y Ordóñez (46), Julio María Sanguinetti (49), Luis Alberto Lacalle (49), Barack Obama (47), Bill Clinton (46), John Kennedy (43), Tony Blair (44) y Felipe González (40). O recordar que Fidel Castro tenía 33 años cuando fue designado primer ministro y que él, cuando asumió la Intendencia de Montevideo, tenía 50.
No se puede incluir a Artigas entre los mandatarios pero es inevitable no citarlo. Era un “sub 20” de 47 años cuando condujo el Éxodo del Pueblo Oriental.
Rompe los ojos que en estos casos la edad es secundaria. Lo que importa es el debate y la confrontación de ideas, pero para ello hay que salir del vestuario con confianza, conocimientos y coraje. Y de eso no hay mucho.