Las tendencias son contundentes: Uruguay es “un país de viejos” y lo será todavía más en algunas décadas ya que cada vez habrá menos nacimientos por mujer y, además, los emigrantes seguirán superando a los que vienen a radicarse. Así, la función de sostén económico del conjunto de la sociedad recaerá sobre una población trabajadora más reducida que la actual, aunque probablemente con una mayor participación femenina y máquinas o robots haciendo parte de las tareas que hoy ejecutan las personas.
Este tipo de tendencias demográficas, productivas y de género vienen siendo identificadas por la Dirección de Planificación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Son movimientos de largo plazo sobre los que se puede actuar, aunque solo para “hacer más suave el aterrizaje”, porque, en definitiva, el futuro Uruguay tiene como única alternativa elevar los niveles de productividad para no paralizar su desarrollo.
Se le llama prospectiva a la reflexión estructurada y sistemática acerca de las alternativas futuras que esa dirección está elaborando, una experiencia similar a la que medio siglo atrás llevó adelante la CIDE (Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico) liderada por Enrique Iglesias. En algunas áreas de análisis ya se tienen diagnósticos prontos que, si se confirman, auguran varios desafíos para las próximas décadas.
Demografía y “falsas ilusiones”.
“Uno de los temas centrales en lo demográfico reafirma lo ya sabido, que es que las tendencias de la población son al envejecimiento y ello debería provocar una caída en la tasa de actividad. Eso pone mucha presión” sobre la economía en la medida que habrá menos gente para generar riqueza, declaró a Búsqueda el director de Planificación, Fernando Isabella, un economista proveniente del ámbito académico.
El último censo oficial de 2011 contabilizó 3.390.077 personas habitando el país; el aumento fue de 1,4% respecto al anterior (2004), el más modesto en las décadas recientes. Además, la tasa de dependencia (mayores de 65 años o más frente a los de 15 a 64) se ubicó en 22%; eso quiere decir que continuó ensanchándose la parte más añosa de la pirámide poblacional del país.
Las estimaciones con las que trabaja el equipo del gobierno encargado de planificar el Uruguay hacia adelante, proyectan rangos amplios de cuál será la población en el futuro, desde unos 3,2 millones hasta una cifra algo mayor a cuatro millones. Además, esos datos anticipan como lo más probable que bajará la tasa de natalidad a 1,7 hijos por mujer hacia 2050, frente al 1,9 actual (que ya está por debajo de la tasa de reemplazo poblacional).
“En cualquier hipótesis, lo que se ve es que caerá la población entre 15 y 65 años”, la que está en edad de trabajar, remarcó el jerarca. De hecho, se estima que los mayores de 65 años llegarán a ser entre 20% y 25% de la sociedad, según los distintos escenarios elaborados.
La esperanza de vida va a seguir aumentando y la hipótesis como tendencia es que en 2050 llegará a 83 años o incluso más, si se logran abatir ciertas causas de muerte. Si bien la edad de retiro se postergará, independiente de que se modifique la ley obligando a trabajar más años, “eso igual no contrarresta las tendencias” que anticipan una reducción de la fuerza laboral total, acotó Isabella.
La idea de algunos dirigentes políticos de poblar el país con inmigrantes —como los campesinos andinos que planteó en su momento el entonces presidente José Mujica— no parece real. “¿Uruguay puede tener flujos de inmigración masivos que contrarresten estas tendencias tan fuertes? La respuesta unánime de los expertos es que no”, dijo el jerarca.
“En una situación absolutamente extraordinaria como fueron estos últimos años —con la economía de Uruguay creciendo a tasas históricas y los países de acogida para los emigrantes uruguayos con una crisis tremenda—, el saldo migratorio fue cercano a 3.000. Es difícil pensar que se pueda mejorar esa cifra y, en cualquier caso, no cambiaría en lo más mínimo los resultados” demográficos y del mercado laboral, insistió. Incluso en la hipótesis, con probabilidad prácticamente nula, de que lleguen al año 10.000 personas más de los que se van —el escenario de un país de cuatro millones—, la proporción de los mayores de 65 años sigue creciendo y se ubica en el entorno de 20%. “Esto es interesante para no hacerse falsas ilusiones. La realidad es que vamos a un Uruguay con cada vez menos jóvenes y personas en actividad laboral, y eso pone una presión muy fuerte sobre la productividad”, señaló.
Más mujeres trabajando.
Se espera que, a futuro, las mujeres tomen un rol más participativo en el mercado laboral uruguayo.
Según Isabella, la tasa de actividad de los hombres está “en niveles tope” (72,4% en octubre, según el Instituto Nacional de Estadística) mientras que la femenina aumentó 15 puntos porcentuales en los últimos 20 años, pero continúa lejos de la masculina (55,6%).
Del diagnóstico de género surge que las mujeres se vuelcan menos al mercado por varias razones. El hecho de tener hijos a cargo impacta de forma negativa en su propensión a trabajar fuera del hogar. El economista comentó que un mayor nivel educativo favorecería la inserción laboral femenina, y señaló que por ello deben hacerse esfuerzos para bajar el embarazo adolescente —que “no cae” desde niveles de seis cada mil.
Son proporcionalmente menos las mujeres que salen a trabajar que los hombres, también por factores culturales: “Las representaciones sociales establecen todavía una división sexual del trabajo muy fuerte”, y desde los noventa se mantiene que para uno de cada cuatro, ellos tienen más derecho a participar del mercado que ellas, dijo Isabella. “Hasta que no se modifique esa concepción, por más que haya un Sistema de Cuidados, por más que se avance en otras dimensiones, probablemente no se va a cerrar la brecha que precisamos cerrar para hacer más suave la caída de la tasa global de actividad” en las siguientes décadas, añadió. De hecho, opinó que sobre dicho sistema hay “mucha expectativa” puesta en que pueda solucionar el problema, cuando una de las conclusiones que surge de los diagnósticos es que en el mundo en general este tipo de programas “afectan poco” la participación femenina en el mercado laboral.
Entre las mujeres ya insertas en el mundo laboral, la cuestión cultural también pesa. No ocupan en general posiciones de jerarquía y en gran proporción trabajan en actividades de servicios. Además, como las que estudian lo hacen en algunas carreras en particular, se “limitan las oportunidades de elegir y desarrollar sus talentos. Eso es un lastre para toda la sociedad y la economía, particularmente en un contexto como el que tenemos de envejecimiento, con menos trabajadores y en el que el aporte de cada trabajador será cada vez más importante”, comentó el jerarca.
Más productivos.
“Las tendencias son muy firmes. Todas estas cosas lo que pueden hacer es disminuir un poco las velocidades de las tendencias, hacer más suave el aterrizaje. Pero en cualquier caso vamos hacia un país con una población más envejecida y tasas de gente desempeñándose en el mercado laboral más bajas. Y por tanto, de la creación de riqueza que hagan esas personas va a depender toda la estructura social. Un porcentaje más grande de la población va a depender de un porcentaje más chico. La clave frente a esto es la productividad, no hay vuelta”, resumió Isabella.
En tal sentido, marcó un dato alentador. La productividad por hora trabajada en Uruguay hoy es 20% mayor que en los noventa. “Creció 1,2% anual desde esa década, dos y pico del 2005, y 3,14% de 2008. Hay una tendencia de aceleración del aumento de la productividad”, señaló, si bien puntualizó que el contexto de crecimiento económico “ayudó” por temas de escala, por ejemplo.
Para el jerarca, los cambios tecnológicos que lleven a sustituir mano de obra humana por máquinas —un riesgo con probabilidad de ocurrencia de 65% para el promedio de los actuales empleos en Uruguay— “debe ser una oportunidad para seguir elevando la productividad” (ver recuadro).