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“Una macroeconomía prolija es un prerrequisito para todo lo demás. Seremos serios en la administración del gasto, serios en el manejo de los déficit, serios en la política monetaria y más que serios, perros, en la vigilancia del sistema financiero”, prometió José Mujica ante la Asamblea General al asumir como presidente, el 1º de marzo de 2010. En ese momento las cuentas públicas mostraban un resultado negativo anual que equivalía a 1,1% del Producto Bruto Interno (PBI).
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Cinco años después, al terminar el mandato de Mujica el déficit fiscal fue dos veces mayor al de aquel entonces: 3,3% del PBI en los 12 meses cerrados en febrero pasado.
Estrictamente, las cifras difundidas por el Ministerio de Economía y Finanzas lucen algo mejor (–2,8% del PBI) pero ello obedece exclusivamente a una distorsión de caja. Es que, por el feriado de Carnaval, en febrero de 2014 el gobierno había anticipado sueldos y pasividades por un total de 0,5% del Producto que correspondía pagar en marzo de ese año; al incorporarse dicho mes a la medición de 12 meses, el déficit se muestra más reducido.
En el comunicado que acompañó las cifras a febrero, el Ministerio remarcó que, dejando de lado la “distorsión” derivada del mencionado adelanto de sueldos y pasividades, las finanzas del sector público en períodos de 12 meses se mantuvieron con un saldo negativo de 3,3% del Producto, similar al que se había registrado a enero.
A su vez indicó que el resultado fiscal primario —sin considerar los intereses de deuda pública— en los 12 meses a febrero fue deficitario en 0,3% del PBI .
Los números fiscales se habían colado en la campaña electoral del año pasado. Desde la oposición se advertía que mostraban la necesidad de tomar medidas para evitar que el déficit comprometiera la sostenibilidad de la deuda pública, mientras que el oficialismo rechazaba esa visión.
En su primer día como nuevo ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori pareció convalidar las luces de alerta que encendían desde la oposición en la campaña: “Uruguay tiene que ser muy prudente en materia fiscal. Como ustedes saben, tenemos un resultado negativo de algo más de 3% del Producto y eso hay que revertirlo. Hay que trabajar para lograr ese resultado. Lo iremos haciendo gradualmente”, aseguró el jerarca en rueda de prensa minutos después de haber sido investido en el cargo, el 4 de marzo.
Mientras, en una reunión mantenida con integrantes de la Suprema Corte de Justicia a mediados de marzo, Vázquez se refirió a lo “complicadas que están las finanzas del gobierno, con un abultado déficit, con los índices en baja y la preocupación de lo que pueda pasar con Brasil”, relató el ministro de ese cuerpo Ricardo Pérez Manrique (Nº 1.809).
Año electoral.
Varias investigaciones académicas han constatado que en los años electorales en Uruguay tiende a deteriorarse el resultado fiscal. Eso se asocia a un “ciclo político” con en el cual aumenta el gasto público.
Si se consideran los años electorales de todo el siglo pasado y los de la presente centuria, los desequilibrios de 1971 y de 1984 fueron los más amplios (–5,8% del PBI). En 1962 y 1999 el déficit anual fue de 3,8%, y de 3,6% en 1946. En 1915 el resultado negativo fue de la misma magnitud que el de 2014 (–3,5%); en los demás años electorales del período analizado hubo déficit menores, en un caso equilibrio (1958) y en unos pocos (1903, 1911, 1926, 1928 y 1934) se dieron superávit.