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    Grupo de profesionales se reúne para crear un “banco ético”

    Bajo la guía de una fundación chilena, estudian la factibilidad de crear una institución financiera con “conciencia”, de alcance regional y sede en Montevideo

    Apenas comenzó, la charla en el piso 40 del World Trade Center ya había logrado el asombro de sus asistentes. La sala de presentaciones estaba llena con ejecutivos de family offices (orientados a la banca privada) y exbancarios, entre ellos una destacada gerenta general de la plaza local que hace poco tiempo se retiró. La propuesta era simple: tres billetes pasarían de mano en mano por el auditorio. Pero cada persona miraría a su interlocutor a los ojos y contaría su primer recuerdo con respecto al dinero. Algo cuando menos inusual en una charla financiera.

    Muy de a poco, los participantes entraron en el juego y comenzaron a escucharse recuerdos de meriendas en los colegios, viajes en taxi con los padres, primeros ahorros en una alcancía. Al final, los tres billetes volvieron al escenario y quedaron pegados sobre el proyector. Los expositores explicaron entonces su definición del dinero: más que una forma de intercambio de bienes y servicios, esos papeles permitían un momento de encuentro. Con ese telón de fondo comenzó la charla sobre la creación de una “banca ética” latinoamericana que, de concretarse, tendría en Montevideo la sede central de su gobierno corporativo.

    “Por qué no hacer un banco, esa es la invitación”, dijo a Búsqueda Diego Pereira, uruguayo y exempleado bancario. Él forma parte del grupo de 17 personas que desde el año pasado se reúne semanalmente en universidades, casas particulares y algún cowork con el objetivo de crear un nuevo tipo de institución en el mercado financiero local. Bajo la órbita de la fundación chilena Dinero & Conciencia y el apoyo de la organización Empresas B, redactaron su propósito y comenzarán un estudio de mercado para definir cuál es el interés de los inversores, así como qué posibilidades existen para otorgar financiamiento a empresas locales.

    Los pasos se están dando a la par de otros similares en Argentina, Brasil y Colombia, donde hay grupos de entre 20 y 25 voluntarios consolidando la identidad de la futura institución latinoamericana. México, Costa Rica y Perú se podrían sumar este año.

    “Tiene sentido sacar una licencia de banco y una que sea de banco uruguayo. Tiene sentido si sigue los principios del movimiento de banca ética. El camino que está siguiendo Chile es muy alentador, nos estamos reflejando ahí. Se genera una hoja de ruta que implica trazar una meta, pero también elaborar un proyecto de prefactibilidad para encontrar quiénes son las empresas a las que podríamos prestar plata y también si existe un interés de inversores para formar parte de un proyecto de este tipo. Informalmente, sabemos que sí”, agregó.

    El disparador del proyecto fue un taller que el año pasado realizó en Uruguay el banquero español Joan Antoni Melé, miembro del consejo asesor de Triodos Bank. Melé, quien ya en 2016 había dado una conferencia en el Banco Central, suele ser invitado a charlas y talleres donde impulsa una forma de hacer negocios con impacto social, cultural y medioambiental. Así, deja de lado uno de los objetivos más tradicionales del sistema capitalista: maximizar la rentabilidad del accionista.

    “Hace años sobrepasamos las normas internacionales porque para nosotros la solvencia es un tema ético, es no arriesgar el dinero de la gente que cuesta mucho ganar. (...) Desde la mentalidad bancaria no se piensa en nada más que en el riesgo financiero; necesitamos seguir predicando los valores humanos”, había declarado Melé a Búsqueda (Nº 1.865).

    Con sede en los Países Bajos, Triodos tiene sucursales en varios países europeos y solo financia proyectos instalados en la economía real que tengan que ver, por ejemplo, con agricultura ecológica, energías renovables o construcción sostenible. Su estructura también es diferente: no hacen publicidad y no pagan bonos a sus ejecutivos. Aunque tiene una rentabilidad menor que otras instituciones, Triodos logró aumentar sus clientes incluso durante la crisis financiera global de 2008.

    “La rentabilidad no es el único motor que hace que la gente invierta. A muchas personas les interesaría generar impactos positivos en la sociedad. Y ¿qué rentabilidad le pedirían a una inversión con impacto en la cultura, por ejemplo? Si le aseguro una rentabilidad aceptable en una actividad que le interese, seguro que está”, explicó Pereira.

    El proyecto

    Bajo ese espíritu, el proyecto local supondrá crear primero un fondo de inversión y luego solicitar la licencia bancaria. Además del grupo que se reúne semanalmente, existen unos 70 miembros “referentes” que han mostrado interés.

    “Es un banco con conciencia, pero es la conciencia de los que trabajan en el banco. Y eso necesita de capacitación. En alguna medida todo el que participe de este negocio tiene que tener una cierta concientización. El que deposita en un banco ético debería, por ejemplo, reciclar o reflexionar sobre la manera en que consume. Por eso es tan importante este proceso de definición, de establecer los principios y el propósito”, apuntó Pereira.

    Los pasos se están dando a la par de otros similares en Argentina, Brasil y Colombia, donde hay grupos de entre 20 y 25 voluntarios consolidando la identidad de la futura institución latinoamericana. México, Costa Rica y Perú se podrían sumar este año.

    A diferencia de Europa, donde existe un marco legal común, el proyecto de banca ética en la región supondrá la creación de un banco por país. Pero la idea es que estén asociados a una misma fundación, que tendría su sede en Montevideo.

    “Estamos definiendo una estructura que nos permita que todos trabajen como si fuera un solo banco, y la casa matriz del gobierno corporativo estaría en Montevideo. Uruguay es un país superrelevante para este proyecto. La casa matriz necesita tener ciertas condiciones legales para permitir la relación con otros países, así como reputacionales. El proyecto jurídicamente hoy solo está creado en Chile y el paso siguiente será crearlo en Uruguay”, explicó a Búsqueda Sebastián Cantuarias, director ejecutivo de la fundación Dinero & Conciencia, que está guiando los pasos del grupo uruguayo.

    A diferencia de Europa, donde existe un marco legal común, el proyecto de banca ética en la región supondrá la creación de un banco por país. Pero la idea es que estén asociados a una misma fundación, que tendría su sede en Montevideo

    En Chile esa fundación es dueña de una plataforma de crowdlending denominada Doble Impacto, que captó US$ 8 millones. En abril esperan comenzar a funcionar como fondo de inversión, elevando su capital a US$ 15 millones. El año que viene pretenden solicitar una licencia bancaria para comenzar a operar en 2022.

    “El banco no se crea de cero sino que el fondo va incubando capacidades. Cuando está lo suficientemente maduro, se transforma en banco. Si alguien llegara y nos pasara la plata, tampoco lo crearíamos porque para nosotros se trata de sustentarnos en el tiempo. Esto es un proyecto a 50 o 100 años”, explicó.

    Como fondo de inversión, prometen una rentabilidad nominal anual de entre 7% y 10%, mientras que una vez que sean banco, pretenden asegurar un retorno de 4%-6%.

    “Es una buena rentabilidad, pero evidentemente no es la máxima del mercado. Pero si el proyecto tuviera máxima rentabilidad, alguien la estaría pagando caro. Porque quizás hay costos menores producto de la explotación laboral; una manzana orgánica es más cara que una producida con pesticidas. Lo nuestro es inversión con conciencia sobre la cadena de valor. Pero es rentable, no es filantropía”, aseguró Cantuarias.

    Financiar para transformar

    La futura institución apostará por diversificar la cartera de proyectos vinculados a la economía real, con un crecimiento “pequeño pero sostenible”.

    “Esto es un banco de nichos, con tres áreas de inversión: cultura, desarrollo social y medio ambiente. Pero cada área se abre. Si hay una crisis en el ámbito del agro, es una parte de la cartera. Se les llama bancos de refugio porque no dependen del crédito de consumo, por ejemplo, y si hay una crisis de empleo no se ve afectado. Evidentemente tiene riesgos, asociados a las crisis económicas. Pero la experiencia de Triodos muestra que tienen la capacidad de sustentarse mejor. Pueden enfrentar problemas, pero son más controlables que cuando explota una burbuja y de un día para el otro un activo que valía 1.000 no vale nada”, dijo.

    La financiación estará centrada en 13 sectores que podrían “transformar” la economía. Y eso significa otorgar préstamos a empresas vinculadas con el desarrollo indígena o el transporte eléctrico, hasta apoyar proyectos de infraestructura pública o vinculados con las industrias tradicionales.

    La futura institución apostará por diversificar la cartera de proyectos vinculados a la economía real, con un crecimiento “pequeño pero sostenible”.

    “Tenemos muy claro que el agro latinoamericano es más competitivo cuando se convierte a la agricultura orgánica. El mercado mundial está pagando mejor los productos orgánicos. En las industrias extractivas no hemos llegado todavía a la transformación del negocio pero sí de la cadena de valor. Estamos financiando proyectos de eficiencia hídrica para que las industrias tengan menor uso de agua, o incorporen energía solar”, explicó.

    La estructura interna también difiere del modelo tradicional y, por ejemplo, en vez de tener un director de banca comercial, contará con un gerente de medio ambiente. “Será un agrónomo especialista en el área de agronegocios. Así, se entienden mucho mejor las fuentes de pago y los conflictos que puede haber. Además, cuando se otorga un crédito, no solo se verifica que el cliente pueda pagar sino también que tenga buenas prácticas porque eso mitiga riesgos. Ese buen comportamiento es un menor riesgo de crédito”, explicó Cantuarias.

    “Es un banco que se sitúa sobre la idea de que la economía latinoamericana juegue un rol en la economía global. No solo para competir y lograr rentabilidad, sino en el cuidado del medioambiente y de las personas. Estamos volviendo al origen de quienes somos: un continente con mucha cultura originaria y mucha riqueza”, agregó.

    ?? Los voluntarios con el “corazón puesto” en un “exigente” camino