Borrador de carta de respuesta al ultimátum de la Cancillería argentina.
Borrador de carta de respuesta al ultimátum de la Cancillería argentina.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSeñor canciller de la República delaaaaArgentina etcétera (rellenar con exigencias protocolares pelotudas a gusto)
Primero: No nos gustan los ultimátums, y usted ha repetido esa gracia DOS veces, una de ellas negada a posteriori en una actitud de poco hombre, y ahora esta otra. Tanto no nos gustan los ultimátumes que ni siquiera sabemos cuál es su plural, ya que como alguna vez dijo Winston Churchil: “Un hombre que da dos ultimátumus no se respeta a sí mismo” (confirmar cita… en caso de cambiarla, mantener origen inglés del personaje, eso los calienta el doble).
Segundo: Tomen esta carta de respuesta como un documento confidencial. No lo pongan en Facebook ni se lo den a Rial.
Tercero: ¿Acaso piensan que pueden decir lo que quieran de nosotros, y hacernos entrar en ese jueguito que nos desprestigia como nación irrespetuosa de los acuerdos y tratados? Ni lo sueñen, no vamos a responder sus provocaciones, estén seguros de eso y sirva esta carta de prueba. Así, la última palabra será la de ustedes, y nuestro prestigio saldrá mancillado, sí, pero no por nosotros, ¡jajaja! (los estamos dominando, los tenemos psicológicamente en un puño, eliminar este paréntesis).
Además Uruguay nunca violó el estatuto del Río Uruguay, que quede claro. La verdad es que el estatuto se nos viene insinuando hace tiempo e hizo explícito que él quería, y si ambas partes consienten no hay violación. Hasta un poco provocó también el estatuto, tan archivadito ahí con su carpetita rojo pasión, dejando entrever sus hojas saliéndose en los bordes, si eso no es provocar… Así y todo no se lo violó por parte de Uruguay, se respetó el fondo de la cuestión, no las formas pero sí el fondo. Lo que hizo Uruguay fue, en todo caso, apenas una tocadita de genitales por encima del pantalón del estatuto del Río Uruguay, no más. Uruguay nomás.
Esta actitud belicosa, sabemos, no refleja el sentir del pueblo argentino, que suele andar más cerca de la condescendencia con lo uruguayo. Ojalá nuestra relación de naciones hermanas no sea afectada por la prepotencia, canciller, y el argentino medio mantenga la imagen de que somos educados y queribles como un perro que sabe dar la patita. Ojalá prevalezca la mirada indulgente del argentino hacia el uruguayo que tan bien le hace a nuestra relación como pueblos, en la que se nos festeja cualquier gansada como si fuera una virtud. Ahí donde otros ven el aburrimiento, el argentino ve tranquilidad: “qué lindo, qué tranquilo es acá”, expresa con benevolencia; donde otros ven insignificancia, el argentino ve insignificancia también, pero la nombra de forma más linda: “qué humildes que son ustedes, uruguayo, sigan así, no cambien nunca el paisito”; el argentino destaca que “en Montevideo levantás una piedra y salen 10 artisssstas, qué sensibles son los yoruguas”, en lugar de resaltar la escasa disposición al trabajo y el amateurismo generalizado uruguayo. Gracias a esa desviación psicológica es que hasta les gusta nuestra forma de hablar, la oralidad más aburrida y pretenciosa de un ser humano en el mundo, y creen que somos pensativos, reflexivos y profundos, cuando en realidad somos lentos, len-tos.
Esperando retomar la senda en la relación binacional que mejor nos representa a ambos pueblos… (revisar final y el tema de la enumeración que se pierde en algún momento de la carta. O no, no revisar nada y mandarlo así nomás)