(viene de la semana anterior)
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEntonces el candidato de la Concertación es uno solo: Daniel Martínez. Es el único que consiguió el voto de blancos, colorados e independientes. Se podrá decir que en parte no lo consiguió él, sino que se los consiguió su rival en la interna del FA. Típico de uruguayo, tirar pa’ abajo al que le está yendo bien.
El eslogan de Martínez es: “Un nuevo impulso para Montevideo”. Parece el eslogan de un desodorante. Cómo los timan los publicistas a los políticos, es llamativo, a Tabaré lo tienen convencido de que la bandera pixelada esa que puso en la asunción y un par de instancias más, si la ves de lejos flamea (¡!). Es de una ingenuidad adorable el político, uno lo nota cuando ve las fantochadas que les venden los publicistas. Si yo fuera la Pepa Topolansky le saco un contraeslogan a Martínez que diga “no empujen, che”, porque al final eso del impulso es un poco dudoso, a mí no me convence. Quién nos asegura que ese nuevo impulso no termina siendo el impulso que impulse a Montevideo a la mismísima mierda definitivamente; como el impulso que le da a la hamaca el botija que quiere sacar al hermanito de este mundo rompiendo la ley de la gravedad. Por otro lado, el concepto “impulso” contradice la condición del voto a Martínez que, se supone, es un voto racional sostenido en la seriedad del candidato, como contrapartida de la Pepa que ofrece lo mismo que el Pepe: buena onda, humildad, campechanismo, bonachonada, y dicharacherismo.
Todavía no me convenzo de que vaya a perder la Pepa. Sería insólito que estando al lado de esa usina de popularidad instantánea que es Mujica, no logre arrastrar votos ni por inercia. No me gustaría estar en las pantuflas de Mujica en este momento. Si yo fuera una estrella pop como él, mi mujer se postula a la intendencia, yo NO la acompaño en todos los actos, y como consecuencia —o no— de mi actitud negligente mi mujer pierde la elecciones, tengo un futuro más apacible si me mudo a Baltimore y pongo un negocio que se llame “la casa del policía blanco”. Si la Pepa pierde estas elecciones es fuerte causal de divorcio. “Señor juez, mi marido se pasó pelotudeando con Kusturica dos meses, en lugar de hacerme ganar las elecciones departamentales”. Tiene todas las de ganar. Bien asesorada y con un juez más o menos feminista, se queda con todo: la chacra, el fusca de un millón de dólares, Manuela, la columna en M-24, la banda presidencial que cosió la monja, el iPad en el que lee los diarios de mañana, la guitarra eléctrica de Aerosmith, el quincho de Varela, todo, está regalado el viejo. Después de las elecciones le van a pegar un voleo y se va a tener que ir con sus cositas a la casa del Pit-Cnt con los rompebolas de Guantánamo.
Por último, hay un misterio que no consigo desentrañar: el apoyo de Constanza Moreira a Martínez. En Montevideo juega al revés que en las nacionales. Se supone que es más afín al MPP en las nacionales, por contraposición a Astori y Tabaré; resulta que en las departamentales no, es al revés, pero lo que más me intriga es que teniendo para elegir entre un hombre (Martínez) y una mujer, apoya al hombre. ¡Constanza Moreira! Es la loca de las cuotas femeninas en todos los lugares, se pasa contando mujeres a todos lados donde va para corroborar si el número es representativo y justo; seguro que está esperando que pongan una estatua desnuda mujer al lado del David de la IM para cumplir con la equidad de género en esculturas. Si fuera a comer con Mirtha Legrand la locutora tendría que decir “nos acompaña hoy Constanza Moreira: politóloga, senadora, eterna adolescente, contadora de mujeres”. Sin embargo eligió a Martínez.