Y ahora se puso de moda afanar cuarteles. Es un poco difícil de explicar este fenómeno. En cualquier otro lugar del mundo alguien entra a un cuartel sin decir buenos días, con permiso, y sale disfrazado de espumadera, en Uruguay los asaltan.
Y ahora se puso de moda afanar cuarteles. Es un poco difícil de explicar este fenómeno. En cualquier otro lugar del mundo alguien entra a un cuartel sin decir buenos días, con permiso, y sale disfrazado de espumadera, en Uruguay los asaltan.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl pionero de esta tendencia del verano fue uno que entró con un revólver, redujo a todos los militares presentes, y les robó unos fusiles carísimos porque en ese batallón los guardias tenían armas pero no balas. Leyeron bien: les damos rifles descargados a nuestros militares. El horror, el horror. Está muy cerca de la tortura, es como darle a un maestro un pizarrón sin tizas, como darle un edificio sin manguera a un portero, como darle al fubolista una fecha libre sin Azabache. ¿Los queremos quebrar psicológicamente? Lo siguiente es obligarlos a hacer el sonido del disparo con la boca. Los milicos en este país ya viven de una ficción: la posibilidad de que entremos en guerra, algo que todos sabemos nunca va a pasar porque antes nos dejaríamos invadir por un ejercito de bailarinas rusas, igual ellos se imaginan y le meten ganas, pero pedirles que se imaginen las balas es un exceso.
Dicen que era una orden de un superior porque hace tres o cuatro años se suicidó uno y meses después se quiso matar otro. Yo no puedo creer que esa sea la razón. ¿No les damos balas a nuestros milicos para que no se suiciden, es en serio esto? Si un militar se suicida, mala suerte, son cosas del fúbol, le envolvemos el cajón en una bandera, tocamos dos trompetazos y sigue el partido, una lástima, no le aguantó la cabeza, bien igual, la próxima sale. ¿Cómo un superior le va a sacar las balas para que no se maten a sí mismos? Resulta que ahora tenemos mandos militares sensibles también; falta que se pongan sensibles los jugadores de fúbol, los gauchos, los obreros y los taxistas nomás y estamos todos del lado de los cagoncitos de la cabeza. Desconozco este país, si nos viera Obdulio, mamita, es espantosa la blandura que tiene el uruguayo del siglo XXI, al final tenía razón Tabaré cuando llamó a Bush, no estamos preparados ni para aguantar una invasión de tres viejas de Gualeguaychú con reposeras.
Terminaron el 2015 evacuando inundados y arrancaron el 2016 recogiendo basura en Montevideo, y después de que bajó el agua volvieron al litoral a limpiar las calles y rasquetear paredes llenitas de podredumbre. Entremedio les asaltan los cuarteles como si fueran estaciones de servicio, van seis en dos meses. No me extrañaría que les diéramos un matamoscas a cada uno y la orden de que salgan a combatir una invasión de mosquitos (no estoy inventando nada, Dilma ya lo hizo, puso 200.000 en la calle para combatir el zika, pero allá los dejan subir a los morros a tirarse unos tiros con los narco cada tanto).
El milico en Uruguay, ya de por sí, no cuenta con ningún prestigio porque somos un país ateo de milicos, la gente no cree en el militar como héroe de la patria, punto. Otro día si quieren discutimos las causas. Es políticamente incorrecto ser milico acá, eso lo sabemos bien, se lo estigmatiza. Hasta ahí a mí me parece que está dentro de lo que tienen que aguantar. No se deberían doblar por el bullying que le hace la sociedad, ese colectivo de burgueses apátridas que no se animan a cruzar la calle sin mirar para los dos lados, ¿cómo piensa forjar su carácter un milico si no aguanta la humillación de un puñado de civiles? Se supone que esta gente debería ser nuestra reserva moral y mental, al menos a esa creencia se aferran ellos. Pero ya darles rifles sin balas, que los agarren de punto los planchas, y hacerlos juntar la basura mientras los de Adeom se rascan las bolas con guantes esterilizados es otro cantar.