• Cotizaciones
    lunes 13 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Haciendo boca

    Preocupa el déficit fiscal en Almaceneroland. Escribo esto mientras termino de hacer cuentas en el cuaderno y vuelvo a colocar la lapicera detrás de mi oreja. Los gastos estatales superan los ingresos; no es nuevo, pero sí es sostenido y viene creciendo año a año (está cerca del 4% del PBI). Debemos cuidar y reducir el déficit fiscal porque, dicen los que creen en él (él es el déficit fiscal, no es Dios ni Astori), es insostenible para el país en el mediano y largo plazo. Antes de explayarme sobre el tema, conviene aclarar que así como hay gente que no cree que el hombre llegó a la Luna, hay gente que no cree en el déficit fiscal (y en muchos casos es la misma gente). Existen economistas, políticos, gremialistas, murguistas, amigos de Olesker (y enemigos de Astori), enemigos de Astori (que son muchos más que los amigos de Olesker), artistas, publicistas, adolescentes fanáticas de Márama y Constanza Moreira, y viejas que concurren a participar en los focus group a cambio de una cena en Il Mondo della Pizza, a los que les parece que el déficit fiscal es un invento del capitalismo para aplicar ajustes y postergar la redistribución de la riqueza.

    La teoría de esta corriente filosófica económica se sostiene en la premisa de que el Estado es infinito y hay que darle hasta que reviente. Y dado que la economía es, esencialmente, un conjunto de creencias, hay que respetar todas las corrientes de fe surgidas en su seno, o en el seno del Estado en este caso específico; seno que tiene prendido alrededor del 75% de la población nacional activa si contamos ONG, los pequeños senos municipales y otros senos privados que reciben subsidios o exenciones como gracia del gran seno estatal, o quienes son salpicados por el alimento de senos-empresas públicas con su inversión publicitaria, lo que incluye al 100% de los medios de comunicación y más de un 50% de las revistas barriales, etc.  Por eso no es tan fácil resolver el tema del déficit fiscal en Almaceneroland, la mayoría de nosotros come de ahí, directa o indirectamente, y tampoco vamos a entrar en el discurso berreta de “cualquier ama de casa puede entender lo que debe hacer el país para mantener las cuentas en orden, y también a lo que se expone si se pasa en sus gastos con relación a sus ingresos sostenidamente”. Una ridiculez que ignora aspectos básicos como que el ama de casa no puede tomar créditos en el mercado internacional o local con papeles que prometen un interés a corto o mediano plazo, ni intervenir en el mercado de la cotización de la moneda que ella misma produce con la maquinita de hacer billetes y podría sobreemitir mediante varios trucos económicos durante un tiempo, y ninguna ama de casa tiene ¾ partes de la población a su cargo entre empleados públicos y gente en edad improductiva, sin contar que el ama de casa no puede generar ingresos mediante impuestos ni cobrándoles a los integrantes del hogar por usar la ducha o tirar la cisterna, y tampoco puede otorgar subsidios a amigos que tengan emprendimientos que a lo mejor no les va tan bien pero les dan empleo a los integrantes de su hogar y ya van a levantar porque son gente que tira pa' adelante y apuesta por el país, etc. O sea: nada que ver con la realidad económica del ama de casa, que no entiende un carajo de déficit fiscal por más que los economistas la afilen. 

    ¿Qué hacemos para disminuir el déficit fiscal en Almaceneroland? Antes que nada, recaudar. Es más antipático, pero es más rápido y si bien la gente se queja también se acostumbra. Hay que admitir que eso no nos sale taaan mal. Ponemos toda nuestra creatividad como sociedad en soluciones recaudatorias, ya sea aumentando impuestos, tarifas públicas o con un sistema de cámaras digitalizadas que detectan los bólidos asesinos que van a más 45 km/h por la rambla y los multan solas (una posibilidad de ensueño para cualquier ente recaudador: basta con ajustar el algoritmo del sistema informático a las necesidades de caja y facturar, ya sabemos que nadie maneja a las ridículas velocidades marcadas en la rambla por lo que el universo potencial de multas es infinito), y así. Excelente pero insuficiente, y con algún daño colateral.

    Este combo recaudatorio encarece la vida y termina sustituyendo al consumo, desestimula cualquier posibilidad de inversión e iniciativa privada, nos estanca económicamente como país, puede empujar la inflación, y (no dejen que Astori lea esto) tarde o temprano nos bajan la nota las calificadoras, lo que termina por ahuyentar las inversiones extranjeras. Eso y las migas que podamos manotear del capital generado por la economía argentina, que justo ahora no consigue arrancar, lo cual no sorprende teniendo en cuenta la tierra arrasada que dejó Cris —igual valió la pena porque se pasó muy bien, fue divertidísimo—, y el método gradualista elegido por Macri para salir del pantano. ¡Gradualismo en laaaargentina! ¡ja! Es como pedirles democracia a los chinos y orden a los brasileros, unos se lo pusieron en el nombre del país y los otros se lo escribieron en la bandera, pero ni así.

    En Almaceneroland la inversión nacional es apenas un efecto colateral de la inversión extranjera, o un efecto colateral de la inversión pública, o una carambola producida por la inversión extranjera, la inversión pública y la euforia producida por ambas sumado a nuestro sistema de capitalismo de amigos que termina ablandando créditos y subsidios hasta que dejan de ser amigos (que en paz descanse Fripur).

    Así que el típico giro deportivo “lo bueno es que dependemos de nosotros mismos”, lo podemos ir borrando en términos de economía. ¡Y eso es lo lindo! ¡Ahí está la rendija de luz que entra a este círculo vicioso de oscuridad! La mejor noticia económica dentro de esta Desgracia Circular Irreversible® es que no dependemos de nosotros mismos. A mí me llena de optimismo ese dato. Solo me preocupa el discurso moralista de que debemos asegurarnos de la seriedad de los capitales que se vengan a instalar. No podemos pretender plata y seriedad, una de dos. Si fueran completamente serios no vendrían a instalarse a un país sin mercado en el que la mano de obra no es especializada ni barata, los costos son altísimos, y viene con demasiados derechos laborales como para el paladar del inversor arriesgado que prefiere Nigeria, Musulmania saudita o algún país con chinos de otro nombre que todavía no diferencian entre el trabajo y la esclavitud. Algo hay que resignar: o la plata o la seriedad.

    La otra es bajar el gasto estatal, pero eso es dificilísimo, y si bajamos el gasto planchamos más la economía y dejamos de hacer inversiones necesarias, lo que nos deja un cuello de botella de infraestructura y educación que termina ahuyentando las inversiones extranjeras, que son el único generador genuino de trabajo (ni hablar que nos reducen la nota las calificadoras, no le muestren esto a Astori).

    Veamos el medio vaso lleno: en economía no dependemos de nosotros mismos.