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Si tuviera que arriesgar, diría que laaaargentina es un país bisexual, o hermafrodita incluso. Le da igual machos o hembras, siempre que sean alfa. Y en este momento, cuando Macri asume como su presidente y se va Cristina, laaargentina se comporta como el/la que cambia de pareja en busca del opuesto, salta de un alcohólico a un mormón, de una hippie que vende artesanías a una muchacha de alcurnia hija de militares, de un carnicero a un vegano. Cruza a la vereda de enfrente. Y cruza decidida laaargentina, con la convicción renovada, recién salida del quirófano, preparada para creer.
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Ese es, creo yo, el problema más grande de los argentinos: creen mucho, demasiado, con un fervor insólito, febril, creen con una efusividad rayana en la locura; es gente que creyó sin problemas durante años y años que el peso valía lo mismo que el dólar, nunca se lo cuestionaron; y después no tuvieron problemas en creer que había que matar a todos los políticos, así lo decían, era un eslogan que prendió mucho en laaargentina, y nadie se sentía ni un poquito fascista por eso; acto seguido festejaron el default como si fuera un gol de Maradona, para tiempo después creer en la revolución latinoamericanista en lucha sin tregua contra los poderes hegemónicos multinacionales; pues ahora se entregan convencidos a un hombre de ojos azules que les habla de la felicidad alcanzable mediante el cambio a una sociedad armónica con eficiencia, ortodoxia económica y globos amarillos. Y le dan todo el poder, así, de un tirón, porque creen en él. La mitad cree en él, y la otra mitad también: cree que es Satanás y viene a exterminar pobres y vender las riquezas de Argentina (esos mismos creen que el acuerdo de YPF con Chevron es un éxito de la gestión K, no me pregunten cómo se puede creer las dos cosas al mismo tiempo).
Es por creer con ese ardor inusual que los argentinos se especializan en arribar a dicotomías irreconciliables. K y anti K. CGT y CGT disidente. Menotistas y Bilardistas. Peronistas y Gorilas. Tinellistas y Pergolinistas. Riquelmistas y Palermistas. Mesistas y Maradonistas. Dólar y Dólar Blue (es cierto que en este caso hay unos 6 o 7 dólares más que han creado con el correr del tiempo, incluyendo al dólar celeste, que era el dólar que se conseguía cruzando a Colonia en el Buquebús, ¿no son geniales?). Así podríamos estar horas nombrando dicotomías, instantáneamente transforman todo en binario, sin nada en el medio. Si es cierto que Dios vomita a los tibios, en los argentinos no va a gastar ni un reflujo.
Ahí va laaargentina, convencida, una vez más, a darle todo el poder a su nuevo futuro ídolo/demonio: País, Provincia, Capital, Boca Juniors —Angelici, su pollo, acaba de ganar las elecciones—, y ¿la AFA? Al final no, Macri es el macho alfa, pero hay otro favorito a macho AFA en laaaargentina, Marcelo Tinelli. Otro milagro argentino de las dicotomías: un empate 38 a 38 en una votación de 75 electores. Tinelli está tan limado por el cabarute peronista televisado que conduce, que le tuvieron que explicar sus compañeros que lo habían cagado. En una conferencia inmediatamente posterior a la votación no pudo articular una idea y hasta sugirió la posibilidad de una salida “de unidad” ¡con los que lo habían cagado! (por esa rendija se metía Macri, de nuevo, con el candidato de la unidad: un cordobés amigo de él), como que no se dio cuenta Marce, se quedó esperando el resultado de las llamadas telefónicas capaz. Igual la gente (la mitad) sigue creyendo en él.
Los argentinos son talentosos, encantadores y productivos, pero creen demasiado; por eso se autodestruyen y se reinventan cada 10 o 12 años.