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Finalmente parece que vamos a entregar lo último que nos quedaba de la Suiza de África: El Secreto Bancario (con mayúsculas, sí). Nunca le vi la parte mala o incorrecta a esa prestación. Somos un país de servicios, y si el extranjero no confía en su gobierno y le apetece resguardar sus dólares acá, o algunos impuestos le resultan abusivos y prefiere saltearlos, nosotros le facilitamos el servicio con la mayor discreción. Les damos asilo político a sus dólares, por decirlo de una forma comprometida, a tono con la sensibilidad internacional.
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No me siento más digno por largar este hueso que estuvimos protegiendo durante décadas. Por el contrario, siento que el tratado de información financiera con laaargentina se lleva buena parte de nuestra identidad, me duele como si me cortaran un brazo con el tatuaje de Artigas. Verles la cara a los porteños cuando nos decían “ussstedes son un paraíso fissscal, boludo”, y notarles la vena de la sien hinchada, latiendo como signo de desprecio al que se considera indigno de este mundo, para mí era confirmar mi condición de oriental; me congraciaba con la identidad que nos dio el creador de esta patria, Lord Ponsonby, quien nos trajo a este mundo para OBSTRUIR, señores, se los recuerdo. Ese es nuestro destino, con ese fin se creó este adefesio territorial entre dos monstruos gigantes. Nacimos para o-bstru-i-r (la separación en sílabas no nos identifica como pueblo, así que yo separo obstruir como se me antoje). Con el acuerdo binacional se marcha uno de los últimos vestigios de aquel país que soñó Lord Ponsonby, y todo porque ahora estamos en esa onda moderna de quedar bien con la OCDE y la OEA y cuanta sigla ande en la vuelta.
Como decía un amigo, el “quiz” de la cuestión (o sea: el hámster chiquito de la cuestión) es: por qué dárselo cuando ellos atraviesan un momento de debilidad —como país y gobierno—, en el que apenas pueden sostener los mil frentes de batalla abiertos, adentro y afuera. Si es para aprovechar la oportunidad e imponer nuestras condiciones, vaya y pase; si lo que esperamos es un gesto de reciprocidad, somos los bobos de la cuadra.
Para el peronista no existe la reciprocidad, y en el gobierno de laaargentina siempre hay peronistas. Ejemplo rápido: España (desde el Estado y sus capitales privados) fue la que más ayudó a laaargentina en la etapa postcrisis 2001 y el default que festejaron como un gol de Maradona al Imperio Hegemónico; dicho sea de paso, muy similar a la celebración que tuvo la estatización de YPF 11 años después, cuando expropiaron solo las acciones de Repsol (¡española!, a los privados argentinos y estadounidenses de YPF no les tocaron una acción). ¿Cómo terminó España, entonces? Masticada por la bestia peronista; en plena crisis, el tiburón olió la sangre y chaupinela. Sobran casos de gente que esperó reciprocidad del peronismo y terminó fagocitada, la lista incluye cómplices de matufias que pasaron de ser socios ideales a demonios anti-patria, como el destituyente grupo Clarin, pareja de varios gobiernos peronistas incluido el del finado tuerto (por eso la pelea se parece tanto a un divorcio). Sin contar que Duhalde era pichón de Menem y ya sabemos cómo terminó esa relación: Duhalde se lo almorzó; pero también conocemos el final de Duhalde: engullido por su propio pichón, Kirchner. Y así sucesivamente hasta armar una secuencia de mamushkas que se tragan unas a otras sin masticación previa, a la que podríamos llamar: Historia del Peronismo.