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    Haciendo boca

    La Suprema Corte de Justicia le dio el último empujoncito al ICIR para transformarlo en uno de los impuestos más rebuscados e inútiles de la historia de este pequeño, rebuscado e inútil país.

    Un resumen de su triste periplo:

    —El proyecto apareció como de atrás de un árbol, días después del escándalo por la frustrada votación en el Senado sobre la anulación de la “ley de caducidad”; cualquier suspicaz podría suponer que surgió como un engañapichanga para volver a ganarse la simpatía de la izquierda con la aplicación de alguna idea tradicional y popular. Nada más lejos; el ICIR fue mucho más que eso.

    —Tanto el ministro de Economía como el de Agricultura (agréguese al vicepresidente) estuvieron en contra desde el primer día, considerándolo un pésimo instrumento que no conseguía sus objetivos.

    Mientras Mujica decía que el impuesto no atacaba a los pequeños y medianos productores, Astori clamaba que el impuesto era como un pitbull: no distingue pequeño ni mediano productor ni raza ni credo ni pegotín en la matera y ataca todo lo que se le cruce. ¡Y lo decían al mismo tiempo en la radio, eso es lo lindo! Uno en FM y otro en AM. El desacuerdo al unísono lo transformó en un impuesto polémico —obviemos la parte de que era inconstitucional— y terminó generando un caos interno en el gobierno; a todo esto, su aspiración era recaudar 60 millones de dólares (menos de lo que aspira recaudar el Nápoles con Cavani).

    —Para ser justos, hay dos objetivos que sí cumplió el impuesto: 1) algunos frenteamplistas pudieron sacudir la camiseta hacia su propia tribuna durante unos meses al grito de “vamos Pepe, Pepe con la gente vamo, manoteales el bolsillo a esos oligarcas Pepe, agro no esistís”, y sentirse menos rezagados respecto a la revolución latinoamericana anti-imperialista, bajo la épica consigna: “dame esos 60 palos verdes y no llorés oligarca puto, no llorés”; 2) sirvió para mojarle la oreja a Astori y demostrarle quién tiene más aguante y quién es más de izquierda y la OPP manda y MEF buchón te vas con la policía, MEF neoliberal y cagón, MEF no aguantás nada y corrés con la burguesía corrés.

    Todas discusiones muy profundas y complejas, una peñarolización de la política tributaria. Los muchachos de la OPP han armado un lindo equipito ahí con algún que otro secretario de Presidencia, y hace rato que quieren demostrar que la “visión económica” de ellos es más potente que la del equipo de Astori. Por eso la sacan y la ponen arriba de la mesa bastante seguido; así son los economistas, están todo el tiempo compitiendo por quién tiene más grande y gorda la “visión económica”.

    —El cierre de la Expo Rural que lo tuvo como eje de la discusión fue inolvidable: Mujica sufrió la ausencia de Aguerre por problemas de salud, el ministro de Agricultura que siempre estuvo en contra del impuesto que pretendía poner el presidente, quien casualmente fue el encargado de interpretar la palabra de su ministro contrario al impuesto que él mismo impulsaba y defendía. Hubo gente que se desmayó por la complejidad de la escena; se requería un posgrado en filosofía y películas de Cinemateca para entender ese cierre de la rural.

    —El impuesto fue presentado como urgente e imprescindible, pero cuando se fue a votar en el Senado por primera vez no hubo quórum y debió postergarse hasta el año siguiente. Un proyecto serio y bien pensado, como nos tiene acostumbrados el MPP, que finalmente obtuvo su aprobación parlamentaria a los ponchazos, para ser declarado inconstitucional poco tiempo después.