El descalabro en los países que padecieron primero el Covid-19 se irá apagando en los próximos meses, y ya hay indicios de eso en China. Se trata de un dato positivo para Uruguay. Pero la pregunta latente es si en América Latina, con menos margen para actuar, el “incendio” que está enfrentando será solo una “vacación larga” tras el aislamiento social o habrá un efecto real significativo en sus economías, plantea el uruguayo Martín Rama, economista jefe para la región del Banco Mundial (BM).
“Puede empezar a pasar que haya empresas que se atrasen en sus deudas, que haya bancos que comiencen a tener problemas con sus portafolios si bien los sistemas financieros venían de una situación más sólida. (…) Esa es la imagen del incendio. No decimos que necesariamente vaya a ocurrir, pero sí que es importante prepararse por si acaso”, afirmó, en conversación con Búsqueda desde su casa en Washington DC.
La situación no es idéntica entre los países para enfrentar las consecuencias económicas y sociales de esta pandemia. Uruguay corre con cierta ventaja porque el punto de partida es un nivel de pobreza y de informalidad relativamente bajos, pero las cosas se emparejan en cuanto a su margen fiscal. “Con todo, teniendo el grado inversor y viendo los números, no es de los que vemos con mayores dificultades”, aunque será un aspecto a “manejar con cuidado”.
—Usando la metáfora del incendio a la que usted ha aludido para referirse a las consecuencias de la pandemia, ¿en qué fase está el fuego a escala global y cuándo se logrará contener su propagación?
—Claramente las fases son distintas en los diferentes continentes. Lo podemos ver incluso a partir de los datos colectados de las emisiones de dióxido de nitrógeno: China está empezando a volver y lo peor estuvo en torno a febrero. Europa no está todavía ahí. Y Estados Unidos está recién empezando a pensar en cómo salir. Esto quiere decir que el shock de oferta es muy fuerte y probablemente se prolongue algunas semanas o meses. La ventaja para estos países es que tienen los recursos, la capacidad y el poder del Estado —en el caso de China— como para pensar que van a poder actuar; a ellos los vería saliendo de esta fase en poco tiempo y probablemente bastante bien. No será así para todos los sectores; por ejemplo, es claro que el tránsito aéreo de personas seguirá deprimido y hay economías para las cuales el turismo y la aviación son actividades relevantes.
Desde la perspectiva de América Latina, lo que le viene de afuera en algunos meses va a repuntar. La pregunta es hasta cuánto y qué pasará con los precios de los commodities. De todos modos, nuestra mayor preocupación es la parte doméstica. Por ahora está simplemente el shock de oferta; la gente está trabajando menos o teletrabajando los que pueden. Pero la región no tiene los recursos ni las instituciones, en ciertos casos, con los que cuentan las economías avanzadas. Y puede empezar a pasar que haya empresas que se atrasen en sus deudas, que haya bancos que comiencen a tener problemas con sus portafolios si bien los sistemas financieros venían de una situación más sólida. Entonces, ¿el incendio habrá sido como una vacación larga o se verá un efecto real muy importante? Y si hay un efecto real, ¿cómo se va a manejar? Esa es la imagen del incendio. No decimos que necesariamente vaya a ocurrir, pero sí que es importante prepararse por si acaso.
—¿El “fuego” puede afectar estructuralmente las economías de la región, con pérdidas irrecuperables?
—Hay empresas que tienen gastos fijos (pagan alquileres, impuestos) y operan con márgenes no muy grandes, para las que el riesgo de enfrentar atrasos de pagos es muy serio si durante un par de meses no reciben ingresos. La cuestión es si los problemas serán suficientemente grandes para impactar en sectores que consideramos estratégicos, si hay un daño en la estructura empresarial y de capital humano. Si llegáramos a una situación en que hay que tomar medidas extraordinarias, en que hay que recapitalizar bancos o comprar carteras, o que se deba aportarle capital a empresas que son importantes para un país, ¿cómo se va a hacer eso? Ha habido un período reciente de descontento social en América Latina y de expectativas en materia de transparencia en cómo se toman las decisiones públicas… Hay que prepararse para enfrentar esto, con la esperanza de que podría no llegarse a tal situación.
Para los que somos viejos y recordamos los dolores que supuso la compra de carteras, el mensaje es que hay que estar preparados.
—¿Qué supone estar preparados?
—Hay distintos niveles. Uno es fortalecer sin demora la supervisión de las instituciones financieras, y Uruguay tiene la capacidad de hacerlo. Otro tiene que ver con que, si hay que tomar decisiones extraordinarias y alguna empresa grande le pide ayuda al Estado, cómo se hace para que esa determinación sea aceptada como legítima. En ese sentido, hay que tener esta conversación antes de que llegue una eventual emergencia de ese tipo. En una situación así, la unidad nacional es muy importante.
—En esa hipótesis pueden tomar más fuerza planteos como el de uso de las reservas del Banco Central. ¿Es una opción válida?
—Si se hiciera sin un consenso grande, sería un problema. Todo lo que tiene que ver con activos —no con flujos, como la cuestión presupuestal o fiscal— hay que analizarlo con mucho cuidado. También lo que refiere a los pasivos, como la compra de carteras. Estas son las decisiones para las que, para mantener la fortaleza institucional, será importante estar preparado y empezar a tener conversaciones al respecto entre quienes tienen compromisos con el país. El punto es cómo hacer para evitar socializar las pérdidas.
—¿Qué tan importantes son las situaciones previas de cada país de la región al momento de enfrentar las consecuencias de esta crisis?
—Muy importantes. Y en algunos aspectos, Uruguay está mejor posicionado que otros.
Primero, algunos países llegan a esta crisis del Covid-19 ya con crisis propias, como Argentina y Ecuador.
Otra diferencia entre los países es el nivel de pobreza e informalidad; cuanto mayor es, más complicado es el impacto social. Para Uruguay el problema es menor desde esta perspectiva.
Pero lo que es más distintivo es el espacio fiscal que tienen los países, y lo estamos viendo en los paquetes de estímulos que se están adoptando en América Latina. Los que tienen una situación fiscal sólida, como Perú, pueden poner siete puntos del Producto para responder a la crisis —lo que es bastante parecido a la situación de los países avanzados—, mientras que otros disponen de uno o dos puntos.
—Uruguay está en ese último grupo.
—Sí. Con todo, teniendo el grado inversor y viendo los números, no es de los que vemos con mayores dificultades. Claramente hay otros más complicados. Y para Uruguay, la forma en que rebote China puede ser muy importante.
La institucionalidad y los bajos niveles de pobreza e informalidad son fuerzas de Uruguay. La parte fiscal es la que será la que tendrá que manejar con cuidado.
—¿Cuál es el riesgo en ese aspecto? ¿Que pierda el grado inversor ( investment grade ) es una posibilidad o habrá tolerancia de parte de las calificadoras?
—Esperamos que haya tolerancia, pero las calificadoras tienen que hacer su trabajo.
Desde el punto de vista de un organismo como el BM está muy claro y entendemos que no es momento para que los países hagan ajustes fuertes.
—Cuando estalló esta crisis el gobierno de Lacalle Pou se estaba instalando y empezaba a hablarse del programa con el banco. ¿Qué tipo de apoyo puede ofrecerle el organismo a Uruguay? ¿Ya están en negociaciones?
—No voy a entrar en la parte de la negociación.
En general, lo que estamos haciendo es un apoyo en fases a los países. Una primera, para aquellos que lo necesitan, es con liquidez inmediata para la emergencia médica; en América Latina estamos aprobando unos cuatro de estos proyectos por semana. Una segunda es la posibilidad de, por ejemplo, sacar la cuota que los países tienen en el Fondo Monetario Internacional, lo que da liquidez inmediata para responder. En el caso del banco, estamos modificando programas y adelantando recursos para poder ofrecer préstamos de apoyo presupuestario rápido.
—¿Cuándo es el momento óptimo para poner a andar las economías luego de las medidas de aislamiento social? En el caso de Uruguay, que está registrando niveles relativamente bajos de contagio, ¿ese momento debería estar próximo?
—América Latina tuvo la ventaja de que la pandemia llegó unos meses más tarde que en otras regiones. Como pudo aprender, el tiempo de respuesta ante el primer caso fue mucho menor; la contención temprana —aunque sea parcial— puede ser beneficiosa. Y pienso que pasará lo mismo con la salida: tendrá la ocasión de aprender de cómo han ido saliendo primero los países asiáticos y, de a poco, las economías avanzadas. Obviamente, no bien sea seguro hacerlo, el costo económico del asilamiento hay que reducirlo.
Economía
2020-04-16T00:00:00
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