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Hace un mes una virulenta carta comenzó a circular por mail con el llamativo título de “Biblioteca, archivo, epistolario, fotografías y originales del fallecido poeta Sarandy Cabrera fueron secuestrados por el Ministerio de Cultura de la República Oriental del Uruguay”. Detrás de la misiva firmada por los cuatro hijos del primer matrimonio del poeta se escondía una puja entre los descendientes por la sucesión de los bienes del escritor, la cual ya lleva siete años en curso.
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Los firmantes son los hermanos Anahy, Arapey, Daymán y Yanduy Cabrera Sureda. Los otros litigantes por los bienes de este riverense, cuya obra es profusa, intensa y políticamente incorrecta, son Nandy Cabrera Capucho y Yamandú Cabrera Franco, sus hijos más jóvenes, y la doctora Ana María Capucho.
En cuanto a las propiedades, una casa y un auto, no hubo mayores inconvenientes, pero el asunto se complicó en relación al nutrido acervo de la biblioteca personal que Daymán Cabrera, de 63 años, estima de entre 1.500 y 2.000 libros, y al archivo, que contiene fotos y siete de los ocho tomos de memorias que Sarandy escribía en libretas, a las que enriquecía con documentos, dibujos y planos, así como la correspondencia que mantuvo con sus hijos, militantes del MLN, cuando se encontraban en la cárcel durante la dictadura.
Esta biblioteca y este archivo se encuentran ahora bajo custodia de la Biblioteca Nacional, en contra de la voluntad de cuatro de los herederos, según informó el diario “El Observador” el domingo 29 de julio.
Sarandy Cabrera (1923-2005) nació en Rivera, fue profesor de matemáticas, dibujante, constructor, traductor de Petrarca, cronista de fútbol, tipógrafo y diagramador. Vivió en China entre 1963 y 1965 y, como escritor, integró la denominada “generación del 45”. Colaboró con el semanario “Marcha” y publicó varios libros, entre los que se encuentran “Onfalo”, “Banderas y otros fuegos”, “Poeta pistola en mano”, “A la desgracia chilena”, “Gracias y desgracias del Santo Pedo”, “Poemas Zoológicos” y “Sonetos a Don Pijote”.
A la denuncia que hacen los Cabrera Sureda de que el archivo fue apropiado indebidamente, Nandy Cabrera, nacido en 1978 en Suecia, respondió en un blog: “La obra de Sarandy Cabrera fue puesta en custodia voluntariamente por nosotros (mi madre, mi hermano Jaime Yamandú Cabrera Franco y yo) en la Biblioteca Nacional, para “conservar la misma en indivisión” y “asegurar la integridad del material de un archivo en un lugar neutral que, después de visitarlo, nos ofrece las garantías de seguridad adecuadas”. A esto hay que agregar que “tanto su director Carlos Liscano como los investigadores y funcionarios” les ofrecen “la mayor confianza y transparencia”.
Según Daymán Cabrera, director de Vintén Editor, que publicó la obra de su padre repetidas veces, él recibió una carta de Inés Capucho, quien le pidió que su familia renunciara a aspiraciones respecto de la sucesión. “Porque Sarandy verbalmente nos habría encomendado que nos desposeyéramos en favor de los más jóvenes, cosa que nosotros ni confirmamos ni desmentimos, aunque teníamos interés en la biblioteca y no podíamos renunciar a todo. Lo material no nos interesaba: nos importaba la parte intangible del legado de mi padre, que es familiar, no es un legado para Liscano ni para la Biblioteca”, dijo a Búsqueda.
Tanto Daymán como su hermano Yanduy, de 61 años y residente en Suecia, preferirían que la Justicia determinara que el acervo fuera a remate. “Mi padre tiene un archivo extensísimo documental, fotográfico, epistolar, de todas sus relaciones con escritores de la época como Pablo Neruda y Camilo José Cela, de lo cual tengo conocimiento superficial, porque, cuando él vivía, yo no estaba en condiciones de decir ‘esto me lo llevo yo porque lo voy a estudiar’”, señaló. Y agregó: “Acá tengo un tomo de las memorias, pero no los siete restantes, que se encuentran en la Biblioteca”.
Según relató a “El Observador” el director de la institución, Carlos Liscano —que ha sido cuestionado dura y públicamente por Daymán y sus hermanos, para quienes el material de Sarandy fue “secuestrado” y ha sido llevado a “ominosos depósitos” y el Estado se ha comportado de un modo “corrupto, voraz y angurriento”—, las 70 cajas que se armaron serán estudiadas por el investigador asociado Luis Bravo durante dos años, lo cual puede dar origen a una publicación.
Por su parte, Bravo se negó a hacer declaraciones vía mail en relación a un asunto que, dijo “en principio, es de índole familiar entre los herederos del poeta”. Agregó que su trabajo al respecto es “literario” y que se le ofreció en tanto “investigador y especialista en poesía uruguaya contemporánea”, señalando también que “por ahora se trata de un relevamiento”, para después rematar: “Conociendo la obra de SC, tengo plena conciencia del desafío”.
Mientras tanto, una de las decenas de cosas que molestan a Daymán y a Yanduy es que la Biblioteca esté “copiando” el archivo. “Quisiera que por medio del abogado se pudiera prohibir la duplicación de la obra de mi padre”, dijo Yanduy a Búsqueda por videoconferencia. “Ni siquiera tenemos una copia del contrato que firmaron mis dos hermanos, la señora Capucho y Liscano. Nos pasaron por alto totalmente. Y que la cosa no es muy clara se deduce de que trataron de convencer a mi hermano mayor, Arapey, para que firmara un poder que les diera la mayoría”, agregó Yanduy. “En ese archivo hay cosas personales mías, nuestras. El epistolario de la cárcel, por ejemplo: ¿por qué tenemos que hacer público todo eso? En Suecia tienen que esperar 50 años para abrir un archivo luego de que alguien muere”, opinó, visiblemente molesto.
El abogado de los Cabrera Sureda, Richard Regusci, dijo a Búsqueda que en unos días presentará una oposición a la custodia de la Biblioteca. “A mis clientes les interesa el acervo cultural, que contiene mucha cosa que relata toda aquella vida que tuvieron junto a su madre”, dijo. Según Regusci, la decisión de la custodia por la Biblioteca se decidió claramente “fuera de la partición” de bienes.