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Con el enunciado de que el que “tiene más que pague más”, los gobiernos del Frente Amplio promovieron una modificación en el reparto de la carga tributaria, buscando darle más peso a aquellos impuestos —como los que gravan la renta personal— asociados al nivel de ingresos de las personas. Pero, sin modificaciones sustanciales en años recientes, la estructura de la recaudación se estabilizó.
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Los datos de la Dirección General Impositiva (DGI) al cierre de 2019, difundidos el jueves 16, mostraron una baja de 1% en términos reales en la recaudación neta respecto al año anterior. De los $ 412.503 millones —unos US$ 11.700 millones— cobrados el año pasado (brutos), el 54,7% provino de tributos al consumo; en 2018 la estructura había sido similar, con una contribución conjunta del 54,5% del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y el Impuesto Específico Interno (Imesi). Se trata de cargas que gravan el gasto sin importar el nivel de ingresos del contribuyente. Pero, debido a la canasta de consumo de los distintos estratos socioeconómicos, los hogares “pobres” pagan, en proporción, más IVA que los “ricos”. Es un impuesto “indirecto” con efecto regresivo, ya que tiende a profundizar desigualdades.
En 2010 estos dos gravámenes al consumo aportaban el 63% de la recaudación total (y 52,7% en el caso del IVA, frente al 45,2% con el que contribuyó en 2019).
Rentas
Primero con la reforma de 2007 y luego con modificaciones puntuales posteriores, la apuesta de los gobiernos frenteamplistas fue tratar de incrementar el peso de algunos tributos directos, buscando un efecto “progresivo” al gravar con tasas más altas a las personas de mayores ingresos. La vedette fue el Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas (IRPF), que en 2019 generó el 18,7% de la recaudación, sobre todo por los ingresos salariales y honorarios (16,3%). Son porcentajes muy similares a los de 2018 (18,5%); en 2010 el tributo había aportado 11,1% del total.
Del Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE), que grava las ganancias empresariales, provino casi 14% de la recaudación global del año pasado, una contribución algo menor que en el anterior (14,6%). En 2010 su aporte había sido similar (14%).
Una tercera categoría de tributos son los que recaen sobre el patrimonio (el “capital”). El año pasado generaron 6,4% de la recaudación global de la DGI, más que nada por el Impuesto al Patrimonio. Esa participación en el total fue parecida a la que tuvieron en 2018 (6,3%) y en 2010 (6,6%).
Equidad fiscal
En su libro Evolución del sistema tributario 1990-2018, publicado en setiembre pasado, el especialista en impuestos Gustavo Viñales consideró que el sistema actual es “más equilibrado” que el que había antes de la reforma del 2007, y destacó el relativo balance en la participación de impuestos directos (sobre rentas y patrimonio) e indirectos (sobre bienes y consumos), así como de contribuciones de seguridad social: 30,6%, 37,4% y 32% en cada caso en 2016.
Viñales, que integró el equipo de asesores del candidato presidencial por el Frente Amplio en las últimas elecciones, agregó que el régimen tributario es ahora más “progresivo” ya que las cargas sobre las rentas personales (IRPF, Impuesto a las Rentas de los No Residentes e Impuesto de Asistencia a la Seguridad Social) introdujeron un sistema unificado con tasas progresionales, deducciones y un mínimo no imponible para todos los ingresos laborales, así como tasas proporcionales para las ganancias de capital e incrementos patrimoniales. Además, porque el conjunto de tributos indirectos (básicamente IVA e Imesi), más regresivos en general, disminuyeron su participación en el total de ingresos impositivos y aumentaron su participación los directos (principalmente rentas personales por IRPF, rentas empresariales, y contribuciones a la seguridad social). El tributarista añadió sobre esto último que se cambió “radicalmente y en pocos años” la estructura del sistema, al pasarse de un 43,6% de contribución de los impuestos directos y 56,4% de los indirectos en 1990, a 62,7% y 37,3% en 2016.