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“Ocurre que durante decenios los argentinos y brasileños prefirieron guardar sus ahorros, reservas y economías en cualquier otra cosa que en su propia moneda y sus propios bancos. Quienes no disponen de sofisticadas cuentas en centros financieros ‘serios’, como suele designarse a los de Estados Unidos y por lo menos los de algunos países europeos, lo hacen atesorando billetes de banco” de Uruguay. Con menos clandestinidad y otras modalidades, algunos de esos servicios provistos desde la pequeña plaza financiera local en los años setenta —contados por el protagonista de Así habló el cambista, un libro de 1979 del escritor Juan E. Gruber— perduran hasta la actualidad. Las razones, básicamente, son las mismas: frecuentes derrapes políticos y económicos de los que los vecinos adinerados buscan poner a salvo su riqueza.
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Lo que dicen quienes hoy están en el negocio financiero es que la caracterización hecha por el cambista de Gruber se mantiene, al menos en su esencia: los bancos y otro par de instituciones son una caja chica —a mano, a unas pocas horas de viaje de Colonia, Montevideo o Punta del Este— de argentinos y brasileños, y también para algunos europeos de altos ingresos, por ejemplo. Pero la clientela premium, con patrimonios de varios millones de dólares, usualmente posee, además, cuentas bancarias e inversiones en jurisdicciones que perciben como más sigilosas, seguras y rentables que la uruguaya.
Siempre muy conectado con el grado de incertidumbre que les toca vivir a los argentinos en su país, el negocio creció en 2020.
A fin del año pasado había 49.731 titulares de cuentas en la plaza local que vivían (personas) o tenían sede (empresas) fuera de Uruguay, según estadísticas del Banco Central (BCU). Ni ese dato ni las cifras que publica mensualmente del monto total de depósitos de “no residentes” discrimina las nacionalidades de los depositantes. No obstante, los estados contables anuales auditados de cada institución aportan información sobre aquellas principales, y los argentinos figuran con destaque en todos.
De esos estados financieros del 2020 analizados por Búsqueda, surge que en el Banco República, el Hipotecario y los nueve privados había US$ 3.583 millones en depósitos de no residentes, y de ese total, el 73,5% (US$ 2.634 millones) figuraba a nombre de argentinos; los saldos de titulares de ese origen al cierre del 2019 sumaban US$ 2.405 millones (72,9%). El aumento de un año a otro fue de casi 10% en dólares (y 24% en pesos, la moneda en que se expresan los balances).
La brasileña y la estadounidense fueron, también, nacionalidades relevantes —discriminadas en todos los estados contables auditados—, que en cada caso representaban 4,8% y 4,5% del stock global de depósitos de no residentes al término del 2020. Después, en los balances los bancos informaron diferentes orígenes de sus clientes agrupándolos como “otros” y solo algunos dieron un mayor grado de desagregación; de eso puede inferirse, por ejemplo, que los españoles eran titulares de al menos 0,7% del total, y con igual porcentaje figuraron depositantes panameños. Otras procedencias con cierta significación fueron Reino Unido, Venezuela (básicamente en la filial del Bandes) y Panamá. También alemanes, italianos, canadienses, franceses y griegos aparecieron con cuentas. Varias instituciones tenían depósitos de clientes —presumiblemente sociedades— de Islas Vírgenes Británicas.
Aunque no aparece una discriminación por nacionalidades, la cantidad de clientes de depósitos no residentes que informa el BCU atendido a través de la red bancaria local da pistas, también, de cuál es la procedencia extranjera: de los casi 50.000 del 2020, 9.928 operaban en sucursales en Colonia y 8.148 en Maldonado, donde muchos argentinos cruzan para vacacionar y de paso charlar con sus oficiales de cuenta.
En el HSBC, cuya red por fuera de Montevideo se extiende a Punta del Este, Colonia y Salto, además del Aeropuerto de Carrasco, su clientela premium —tanto de residentes como no residentes— creció el año pasado y la expansión podría mantenerse en 2021, ya que la “región seguirá siendo fuente de inestabilidad en la medida en que no se resuelvan los desequilibrios macroeconómicos y se disipen los escenarios de incertidumbre política”, explica en en su memoria anual.
Con ese ambiente, también aumentó la actividad de otras dos instituciones no bancarias que trabajan para clientes de afuera, mayoritariamente argentinos.
Provincia, sucursal del banco porteño del mismo nombre, está desde 1980, actualmente en la oficina 111 de la torre 2 del complejo WTC Montevideo. Como casa financiera no puede captar depósitos de residentes en Uruguay; su negocio principal son los argentinos, que a fin del año pasado acumularon casi US$ 60 millones; en 2019 tenían US$ 48 millones.
Por su lado, Patagonia es la última institución financiera externa (IFE) activa; a esa categoría, que solo puede trabajar con clientela de fuera del país, le compiten desde hace algunos años las oficinas de representación (que, sin recibir dinero, desde Uruguay hacen de puente para dirigir fondos a Suiza, Estados Unidos o islas con baja tributación, por ejemplo). Desde la calle 24 de Punta del Este esta off shore prácticamente duplicó los depósitos de argentinos, de unos US$ 43 millones al término del 2019 a US$ 76 millones en 2020. Sus estados contables, por otra parte, consignan que debió hacer una “recomposición” patrimonial al quedar en insuficiencia tras los canjes de bonos realizados el año pasado por el gobierno de Alberto Fernández; pero el problema de la deuda para Argentina no acabó, y esta semana acordó un pago mínimo para no caer en default con el Club de París.
Sumando la plata colocada en los bancos, la casa financiera y la IFE, los depósitos de argentinos en el sistema uruguayo eran US$ 2.770 millones cuando terminó el 2020. Son unos US$ 275 millones más que el año anterior (aumento de 11% en esa divisa).
Escape K
Crisis económicas profundas cada pocos años, administraciones erráticas y políticos que pelean en los medios de comunicación como vedettes del espectáculo, son el pan de cada día para los argentinos. Frente a esa neurosis, Uruguay es una opción para aquellos que buscan resguardar su patrimonio. Si bien es clásica (los depósitos de no residentes llegaron a representar 36% del total en el año 2000 y hoy son en torno al 10%), últimamente se potenció ante decisiones intervencionistas de la actual administración peronista, una mala gestión del coronavirus que ahondó el desastre económico, y el testeo político que supondrán las elecciones de noviembre próximo para renovar parte del Congreso. Eso es lo que transmiten sus clientes a gerentes bancarios y asesores financieros en Montevideo y es, también, lo que perciben analistas porteños.
La de cruzar el Río de la Plata para refugiarse en los bancos orientales es una “tendencia” que “viene desde los 80. Pero todas las recientes medidas que viene adoptando el gobierno son ‘pro Uruguay’. La prohibición dispuesta por (el presidente) Alberto Fernández a las exportaciones de carne fue festejada recientemente por los productores uruguayos”, señaló Guillermo Laborda, coordinador del ciclo de análisis de coyuntura de la Universidad del Centro de Economía Aplicada (Ucema), en una columna publicada este mes en el diario El Cronista bajo el título Las medidas K impulsan la economía… de Uruguay.
Para Laborda, la política económica argentina “no ha hecho más que desarrollar a los países vecinos con la expulsión de las empresas y ahorros de los argentinos. Y llegó hasta la expulsión de los propios argentinos, con el lanzamiento del Impuesto a las Grandes Fortunas”. Contrapuso eso con la actitud del presidente Luis Lacalle Pou, que “salió a la caza de empresas y ciudadanos argentinos” bajando los requisitos para fijar residencia fiscal uruguaya. Y, con una exageración que delata su origen, el analista afirmó que “el kirchnerismo se transformó en un socio ideal para el desarrollo de Uruguay. Hasta podrían figurar varios de sus integrantes en los billetes del peso”, mientras la “fuga” de argentinos “continúa”.