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    Inversores “ángeles” aportan U$S 10 millones en nuevos negocios

    Sin alas ni arpas, en Uruguay funcionan por lo menos cinco clubes de ángeles, una herramienta que se estima inyectará entre U$S 10 millones y U$S 12 millones en la economía este año. Sus armas son el capital de riesgo y su habilidad como mentores, y su finalidad —mucho más terrenal que la figura mítica a la que aluden— es hacer que nuevos empresarios uruguayos alcancen mercados regionales. Como lo hicieron con el sitio de delivery de comida PedidosYa, la tarjeta de presentación de los administradores de fondos de inversión ángel locales.

    “La innovación es el motor que hace que todas las economías crezcan a largo plazo, y me refiero a verdadero largo plazo: una generación, dos, tres, cuatro. Hoy se está comenzando a quebrar la barrera cultural y los conceptos de emprendedurismo o ser accionista ya no son malas palabras como hace 10 años. Eso es la base sustentable del país”, dijo Rodolfo Oppenheimer, socio del fondo Prosperitas Capital Partners.

    “Crear este ecosistema llevó más tiempo de lo esperado. Pero si me fijo en lo que pasó en Brasil o México, 10 años no es nada. Inclusive en Estados Unidos (EEUU) el proceso real de emprendedurismo empezó a fines de la década de 1940 y agarró fuerza en 1980. El gran cambio que está empezando es la construcción del ecosistema uruguayo. Faltan cinco o 10 años para tener una dinámica fuerte”, agregó Oppenheimer.

    En el próximo Presupuesto quinquenal se prevé incluir también la creación de una aceleradora de empresas y un fondo de inversión con dinero público y privado. El objetivo será potenciar empresas que apunten a la innovación en áreas como la informática o el agro bajo el entendido de que aún “falta bastante para cambiar la cultura uruguaya, que tiene aversión al riesgo”, informó el director del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu) y responsable del Plan Ceibal, Miguel Brechner (ver Búsqueda Nº 1.817).

    El Poder Ejecutivo todavía trabaja en algunos detalles, entre ellos cuántos fondos públicos se destinarán. Pero ya detectaron dónde es que son necesarios. Según señaló el director de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), Fernando Brum, existe un market failure en el tramo de entre U$S 500.000 y U$S 3 millones, donde se percibe la inexistencia de fondos que puedan acelerar empresas para su escalamiento internacional”.

    Entre los fondos de inversión en funcionamiento, el aporte medio por proyecto ronda U$S 300.000. Aunque la meta es llegar a entre U$S 20 millones y U$S 30 millones al año, hoy a los inversores ángeles uruguayos les es “difícil” desembolsar U$S 500.000 en un solo negocio. En EEUU, donde esta forma de inyección de capital está más asentada, en 2013 se llegó a un promedio de U$S 600.000 por ronda de inversión. La cifra subió hasta U$S 1,7 millones cuando se incorporaba otro tipo de capital.

    Es que se trata siempre de una inversión de alto riesgo. El término inversor ángel nació en Broadway, para denominar a individuos que financiaban obras teatrales. A cambio del dinero de su propio bolsillo, se quedan con un porcentaje accionario de la empresa o se convierten en acreedores de su deuda. Si bien los proyectos que más se presentan son del área de las tecnologías de la información y comunicación (tics), también existen en diseño, turismo, biotecnología y hasta la construcción de juguetes. Pero de 10 emprendimientos en los que se invierte capital apenas uno logra el éxito.

    “A fines de 2012 hicimos un estudio de impacto de los proyectos de emprendedores e innovadores que habían surgido desde 2008. Se evaluaron 70. Por el crecimiento de uno de ellos pagamos todo el proyecto, y más. En ese negocio, por cada dólar invertido recuperábamos cerca de U$S 12. Los capitales de riesgo saben eso, que tienen que apostar en 10 para que uno les dé un retorno”, dijo Sara Goldberg, gerente de operaciones de la ANII.

    El “caso de éxito” al que Goldberg se refiere es PedidosYa, una startup uruguaya creada en 2009. Apoyada por la Agencia y el Fondo Emprender (de las primeras experiencias en inversión ángel en Uruguay), la plataforma de delivery de comidas logró saltar a Buenos Aires y San Pablo. Hoy están en 11 países de América Latina y 70% de su capital accionario fue comprado por la internacional Delivery Hero.

    La ANII estimula la creación de nuevas empresas con varios programas que conforman una escalera de apoyos desde U$S 6.000 hasta U$S 400.000, dependiendo de la fase de desarrollo del negocio. Uno de los últimos es un subsidio para la gerencia de fondos de inversión. Tres proyectos reciben un total de U$S 100.000 bajo el compromiso de financiar por lo menos U$S 300.000 cada uno. Fondo Ideas y Tokai Ventures ya lograron superar el objetivo y entre los dos financiaron U$S 750.000 en su primer año. Angels Club solicitó una prórroga.

    “En abril de 2014 comenzamos la convocatoria y en un año vimos 93 emprendimientos. Al momento tenemos 14 inversores, a quienes les presentamos proyectos”, cuenta Cecilia Amorín, desde Angels Club fundado por los emprendedores Santiago Pehar (Crovat), Martín Alcalá Rubí (Tryolabs) y Martín Larre (Kidbox). “El promedio de tiempo que lleva cerrar una inversión ángel es de seis meses. Queremos acelerarlo, pero no es sencillo. Todo depende de la voluntad del emprendedor y de los inversores”, agregó.

    Los primeros ángeles

    La historia comenzó en 2007, con el Fondo Emprender, administrado por Prosperitas y apoyado por la Corporación Nacional para el Desarrollo, el Latu, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento. Con U$S 10 millones, el fondo apoyó la expansión de PedidosYa, Biogénesis (desarrollo de equipamiento médico reutilizable) y Kidbox (plataforma de Internet para niños en el Plan Ceibal), entre otros. En total financió 20 negocios, seleccionados entre 60 proyectos.

    “En 10 nos fue mal. Esto quiere decir que nos repagaron parcialmente pero a las empresas les fue mal o cerraron. Y en 10 nos fue bien, al punto que en tres nos convertimos en socios. PedidosYa es el libro de éxito, es el caso que buscábamos. Hoy también invertimos en Biogénesis, que vende para casi 13 países, y Kidbox, que está desarrollando contenidos y sistemas operativos para programas de gobierno”, dijo Santiago Gallinal, de Prosperitas.

    Prosperitas además apoya otras tres empresas enfocadas en rubros como la alimentación, agro y vialidad. Angels Club cerró tres inversiones por más de U$S 350.000. Parte de esos fondos ayudaron a la startup argentina Sin Rutina, una red de pequeños gimnasios y centros de yoga que ofrece una única membresía combinando varios institutos. También trabajan con proyectos como la fabricación de juguetes basados en dibujos de niños (Te Dibujo), pasando por plataformas para la contratación de servicios de carga (Gurucargo), hasta videojuegos que replican los sistemas de venta de una empresa (CRM Gamifide). Algunos requerirán más de una ronda de inversión para realmente expandir el negocio.

    A esta red se incorporará a fines de este mes el club de inversores ángeles de Piso 40 del World Trade Center, que contará con 200 miembros dispuestos a invertir en al menos cuatro proyectos en 2015. Con un convenio firmado con la universidad ORT, el club negocia con otras instituciones de educación terciaria e incubadoras y aceleradoras de empresas, para asegurarse la presentación de proyectos. Esperan invertir entre U$S 200.000 y U$S 1 millón cada vez. En Uruguay existen varias incubadoras entre privadas (Sinergia o Da Vinci) y públicas (Instituto Pasteur o Ingenio en el Latu). Sustentadas por fondos de la ANII, dos se instalarán en Pando y Salto.

    “Una de las formas de darle contenido a Piso 40 es a través de un club de inversores ángeles. Sus características socio-económicas los hacen potenciales inversores en cualquier proyecto interesante que pudiera surgir. Y el tema ha despertado mucho entusiasmo en los miembros. Uno de los problemas más difíciles de todo club es juntar una masa relevante de inversores, y nosotros ya nacemos con cerca de 200”, dijo Ariel Pfeffer, administrador del club.

    A diferencia de Angels Club o el Fondo Emprender, que se centraron en las tics, Piso 40 no se limitará a un área. Pero es usual que los proyectos que buscan estos clubes deban contar con un modelo testeado de negocios (un prototipo y por lo menos un cliente).

    “Hay proyectos donde el emprendedor puede hacer una presentación que interesa de forma simultánea a 10, 15 o 20 empresarios y todos comparten la inversión. Hay otros que son interesantes pero no despiertan la pasión de los inversores. Nosotros no apuntamos a especializarnos. Pueden ser proyectos en agricultura o ganadería”, agregó Pfeffer.

    El capital inteligente

    No se trata solo de poner dinero y recibir acciones a cambio. La inversión ángel tiene también un fuerte componente de transmisión de conocimiento, donde los empresarios más experimentados terminan haciendo de mentores para los nuevos emprendedores.

    “Muchas veces actúan como mentores porque conocen del negocio, consiguen contactos, dan sus experiencias en mercados extranjeros. Es un capital inteligente. No solo en dinero, sino en el conocimiento y la guía que existe detrás, y que es lo que valoran los emprendedores”, opinó Goldberg.

    La confianza también se torna fundamental, especialmente en nuevos empresarios que tienen que aceptar que ingrese un inversionista a su proyecto.

    “Un poco la sensación era: ‘Si te dejo entrar, ¿qué vas a hacer en mi empresa?’. Al principio había muchos miedos. Había emprendedores que venían y no nos querían contar su proyecto por miedo a que les robáramos la idea. Había muchas barreras culturales. Teníamos una red de entre 40 y 50 inversores donde más de 20 invirtieron y hoy están creando otras redes. Rompimos la inercia”, agregó Gallinal.

    “Entendimos la dinámica que permite que un emprendedor y un inversor se entiendan. Tiene que ver con la confianza. Porque le pedíamos a un emprendedor que no conocía al inversor que lo acepte en su empresa y acepte su capital, y a un empresario que invierta en un negocio que no sabía si era bueno. Cuando entendimos que la confianza era la clave disparamos procesos de mentoría que llevaron entre cuatro meses y un año. Pero logramos las dos primeras inversiones y después asesoramos en 14 emprendimientos”, agregó.

    A veces esa mentoría significa saber construir un plan de negocios.

    “Yo soy inversor ángel y tengo varias empresas. En todas cuando reviso el plan de negocio y me pongo en los detalles, se necesita muchísimo menos dinero. Lo que más necesitan es mentoría. Porque hay muchas formas ineficientes de invertir. ¿Por qué vamos a crear una fábrica si se puede tercerizar? ¿Por qué cobrar algo si lo regalo y cobro los servicios después?”, explicó Oppenheimer quien, entre una larga lista de negocios, fue quien trajo McDonalds al país.

    “Uruguay está cambiando la percepción pública de los empresarios”, opinó por su parte Omar Barreneche, secretario ejecutivo de la ANII. “Las generaciones más jóvenes no los perciben como una especie de parásitos que limitan a la sociedad y les chupan la sangre a los trabajadores, sino como una parte esencial. El quid de eso lo dio la crisis de 2002, donde muchísima gente emprendió por necesidad. Ahora se está emprendiendo por oportunidad. En un futuro venturoso indudablemente estos fondos van a jugar un papel porque el capitalismo hoy los requiere para crecer y generar empleos. Y si la economía va mal, estimular a los emprendedores es lo que nos va a sacar de la crisis”, dijo.