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    Javier Marías

    A los 20 años publicó su primer libro, que fue una novela de aventuras llamada Los dominios del lobo (1971), y desde entonces tuvo una producción narrativa imparable y fecunda que llegó hasta su última novela, Tomás Nevinson (2021), y su recopilación de artículos en ¿Será buena persona el cocinero? (2022). Narrador, ensayista, traductor, editor y columnista, Javier Marías, quien murió en Madrid el domingo 11 a los 70 años, fue además de un gran escritor y pensador, un intelectual que agitaba el espíritu crítico, el debate y la reflexión. Con su obra, que recibió varios reconocimientos literarios y periodísticos, y su voz, Marías deja una huella muy fuerte en las letras y la cultura hispanoamericanas.

    Hijo del filósofo Julián Marías y de la escritora Dolores Franco Manera, creció en una familia en la que la actividad cultural y la escritura fueron el común denominador. Tuvo un hermano historiador, otro economista y crítico de cine, un primo y un tío cineastas. Su niñez la pasó en Estados Unidos donde su padre, que había sido encarcelado por el régimen de Franco, era profesor universitario. Allí conoció desde muy joven a grandes escritores como Vladimir Nabokov o Jorge Guillén. De vuelta en España, se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en Filología Inglesa.

    Sus novelas tienen intriga, espionaje, acción policial, pero con un estilo e impronta personal que las aleja del realismo que suele acompañar a ese género. Construyó personajes complejos y verosímiles como Javier Deza, protagonista-narrador de la novela Tu rostro mañana, o la mujer de un espía que cuenta su historia en Berta Isla o Natalia Manur, protagonista de El hombre sentimental, una novela de espíritu decimonónico. Manur es una mujer que sufre de bovarismo, la misma frustración conyugal de Emma Bovary, personaje de Flaubert.

    Tradujo al español a varios escritores anglosajones que fueron su gran influencia literaria. Fue un gran lector de Joseph Conrad, W. B. Yeats, William Faulkner, a quien consideraba el maestro de la novela del siglo XX. Marías decía que de Faulkner había tomado la complejidad argumental, la frialdad de los personajes, la presencia del pasado y el enigma del destino.

    Sus columnas publicadas en los principales medios españoles, entre ellos El País y La Razón, le dieron proyección internacional y fueron creando la figura del polemista de fuste, de esos que vale la pena leer para enojarse o apoyar, pero siempre para disfrutar. En sus columnas criticó la corrección política, los contenidos de la educación pública y su abandono de las Humanidades, a la Iglesia, a los políticos. “Sé que en ocasiones mis columnas o mis opiniones generan revuelo. Alguien me lo dice cuando sucede”, dijo en una entrevista para La Razón. Y consideró que esas protestas se debían a que la gente se ha habituado a no poner en cuestión las “ideas recibidas” y los lugares comunes. “Y de esa manera vivimos una sociedad cada vez más puritana e hipócrita”.