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    Juan Pablo Terra

    Sr. Director:

    Tuve la agraciada felicidad de ser amigo de Juan Pablo. De profesión arquitecto y sobre todo eminente investigador, divulgador y catedrático en Sociología; ocasional y brillante político. Político con mayúscula; no nos equivoquemos, nada con la politiquería hipócrita en la cual estamos, lamentablemente, sumidos.?  Escribir sobre Juan Pablo Terra, a quien visitaba semanalmente en su estudio de la calle Uruguay y últimamente en el Palacio Salvo, sería muy fácil pero muy largo. Solamente pretendo que, yo a quien jamás olvido como mi maestro, siempre presente, sea hoy recordado por quienes lo conocieron, a tres décadas de su injusto y desgraciado fallecimiento, a sus 67 años. En su plenitud intelectual, en su insaciable estudio en “hacer cosas”, todas que atañen a las personas, desde la niñez a la vejez, desde el medio urbano hasta el rural, desde el lactante, pasando por todas las necesidades, como alimentación, salud, instrucción, trabajo, vivienda, etc., hasta la jubilación, aprendido en su querida Facultad de Arquitectura y posteriormente abrazando con pasión los estudios sociológicos.

    Permanente consultor de organismos internacionales, entre ellos, las Naciones Unidas, pero lamentablemente, también muchas veces, supinamente ignorado en su propio país, el nuestro, el de Artigas.

    Su erudición, quizás por ser tan vasta, no fue suficientemente valorada y ¡aprovechada! en beneficio de nuestro pueblo, por la mediocridad exasperante de una política de mezquinos intereses partidarios. Tal vez, o sin ello, también había otro problema: creíamos, sus amigos, que Juan Pablo estaba adelantado política y socialmente en cinco o seis años al resto de los políticos y por tanto era estéril “machacar en hierro frío”. Juan Pablo no era aceptado, es más, era rechazado porque no lo entendían o no lo querían entender. Pero nosotros, sus amigos, nos equivocamos, nos quedamos cortos. No eran ni cinco ni 10 años la diferencia, sino que sobrepasaban los 30 o más años. ¿No está comprobado en la vigencia de la Ley 13.728 de 1969, Plan Nacional de Vivienda? Y, acaso, ¿en el período 1972-1973 (interrumpido por el Golpe de Estado) como senador al presentar el proyecto de ley para la “Creación del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Ley de Pueblos y Ciudades” en mayo de 1973? Proyecto este dormido en algún cajón del Poder Legislativo.

    Otro hito vigente de su visión política, inseparable de todo lo sociológico, nos la regala en Mística, desarrollo y revolución desde que salió a luz en 1969 y, al transcurrir 52 años, convenimos su actual vigencia y en la cual Juan Pablo está lejos, muy lejos, de los neoliberales y de los nostálgicos marxistas-leninistas, demostrando en sus accionar a tirios y troyanos, sin automencionarse jamás, que fue un verdadero hombre de izquierda, ajeno en absoluto al capitalismo en sus dos vertientes: el privado y el del Estado, al sistema neoliberal y al sistema estatal. Sin embargo, los discursos de los autoproclamados “izquierdistas” del, ahora, Fraude Amplio en los 15 años de gobierno hicieron “su reforma agraria” extranjerizando la tierra como nunca antes fue hecha por los partidos tradicionales, y con ello trajeron la desventura al aumentar los asentamientos en las ciudades del país en forma alarmante. ¿Y qué pasó con la nacionalización de la banca privada? ¿Y con la nacionalización de los principales rubros del comercio exterior? Y, por último, ¿qué sucedió con la enérgica acción industrial del Estado, incluyendo la nacionalización de la industria frigorífica? El nuevo, y mal llamado, Frente Amplio estuvo 15 años ¿gobernando? Y con ¡mayoría absoluta! ¿Y qué hizo de “izquierda”? Menos mal que no realizó nada con respecto a las cuatro bases señaladas en líneas precedentes, porque si no… Con Pluna desaparecida, Ancap fundida, la ¿regasificadora? etc. El único que hizo una reforma agraria fue Artigas en 1815, y la hizo 33 años antes de que Marx-Engels lanzaran el Manifiesto en 1848, y el mismo Marx en 1872, o sea en 24 años después, en el prólogo de la edición alemana expresaba que el Manifiesto debía ser actualizado, pues había quedado anticuado en ciertos artículos.

    Juan Pablo era un adelantado en su tiempo y su ideología socialcristiana estaba a “años luz” de las ideologías tanto conservadoras, llamadas de “derecha” por estar sentados a la “diestra” en la Asamblea Nacional en la Revolución francesa, como las de los representantes de la burguesía, llamadas de “izquierda” por su ubicación a la “siniestra” en la respectiva Asamblea.

    Juan Pablo, inequívocamente auténtico, siempre nos hablaba de su ideal cooperativo, de la autogestión y de la relación entre patrones y trabajadores, donde el propietario empresarial debería habilitar económicamente a sus empleados en una participación de las ganancias.

    Con respecto al párrafo anterior, Juan Pablo visitó la Yugoslavia de Josip Broz, llamado el Mariscal Tito, comunista rebelde de la URSS, para ver, in situ, las cooperativas que el régimen del Mariscal había creado, eliminando progresivamente los koljós (granja colectiva en la Unión Soviética). Fue en 1973, en el cual Juan Pablo estaba estudiando un proyecto de corporación para el desarrollo y le interesaban algunas experiencias yugoslavas, pero de regreso a Milán se entera en un periódico milanés de: “Colpo di stato in Uruguay”. De prisa fue a Roma, tomó súbitamente un avión y regresó a Uruguay, suspendiendo su estadía en Italia. Así era Juan Pablo Terra.

    Hace 30 años fallecía el maestro, el baqueano, el preclaro, un amigo, digo orgullosamente mi amigo. Y así están las cosas, el Partido Demócrata Cristiano (mi expartido) es un cero a la izquierda, está a la deriva, sin rumbo. Falta él, sustantivamente el Baqueano. Ese partido votó en 2009 a José Mujica, ¡qué espanto!

    Lo dicho, muy poco para la grandeza de Juan Pablo. Solo un modesto recuerdo, aunque un gran y profundo agradecimiento por mí, por sus amigos y sobremanera (vergüenza ajena) por sus adversarios y detractores que no supieron o no tuvieron, lamentablemente, la capacidad mental de apreciar y de valorar, en su debida dimensión, la humildad (rayana en la timidez) y el enorme y no menos desinteresado apoyo al pueblo más necesitado y desamparado de nuestra tierra.

    Las comparaciones se dicen “odiosas”, pero, casualidad del destino de los grandes: Artigas tuvo que quedarse en Paraguay y Juan Pablo, quien en el exterior era requerido por varios países, brillando con su propia estrella aquí, en su patria, los ineptos por ineptos y quizás, ¿por qué no? los envidiosos, quienes cegados por su propia “miopía” de incomprensión e ignorancia, no aceptaban que les llegaran los rutilantes rayos de el Faro que nosotros, sus amigos, recibíamos. Gracias, Juan Pablo.

    Esteban G. Los Santos

    CI 956.521-7