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    Juan Sartori

    Sr. Director:

    Aprendiendo falacias con Juan Sartori. Las falacias, junto con los sofismas, son razonamientos que aparentan ser válidos, pero que, por algún motivo, contienen algún error o trampa. Naturalmente, en política abundan y no son ninguna novedad surgida de los medios de comunicación o las fake news. No en vano, Aristóteles ya se preocupaba de estas cuestiones en el siglo IV a. C. o Jeremy Bentham escribió en el siglo XIX, específicamente, un libro titulado Tratado de los sofismas políticos, por mencionar solo dos casos. En nuestro país, Carlos Vaz Ferreira, en su Lógica viva (y en otros libros), también incluyó varios argumentos políticos e institucionales como ejemplos de falacias.

    En esta oportunidad, me gustaría estudiar una serie de ellas asociadas al discurso del precandidato Juan Sartori, puesto que, a nivel argumentativo y discursivo, se trata del fenómeno más enigmático y sorprendente de esta campaña. A partir de este estudio, intentaremos aprender algo acerca del poder de las falacias, sus mecanismos y la forma en la que impacta en el devenir político. Examinaremos, muy brevemente, tres de ellas en Sartori, aclarando que no se trata de las únicas.

    Falacia 1: Soy nuevo, por lo tanto, soy bueno

    Dice un dicho popular: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Sin embargo, a veces sucede lo contrario. Cuando, por algún motivo, la gente piensa que lo que ya conoce es demasiado malo, tiende a pensar que lo nuevo seguramente vaya a ser bueno, pues tiene más chances de ser mejor que las opciones disponibles.

    En tal sentido, en una coyuntura de descrédito o desinterés político, se abre la posibilidad para los nuevos o outsiders. Entre ellos podría incluirse (con criterio muy amplio) a Ernesto Talvi, Edgardo Novick, Guido Manini Ríos y a Juan Sartori. Pero, entre todos ellos, aun con sus grandes diferencias, el caso de Sartori es radicalmente distinto. No vivía en Uruguay. No votó jamás en el país. Es increíblemente nuevo. La falacia consiste en hacer de esto un valor; en fomentar la idea de que, por ese solo motivo, podría ser increíblemente bueno.

    Sartori sale a la luz desde cero: “Yo soy Juan Sartori”, decía su spot publicitario. En varios lugares, ha afirmado venir “sin mochilas”. Hasta aquí no hay problema. La falacia comienza cuando la pura novedad es empleada como garantía de bondad y, a partir de ello, se promete traer algo que no solo es diferente sino, por momentos, tan bueno que será salvador. En el diario La República afirmó: “Yo no vengo de la política tradicional, yo me metí en esto (…) para revertir el rumbo de lo que estamos viviendo”1. Desde su radical novedad, Sartori parece afirmar que ha tomado la decisión unilateral de revertir el mal rumbo, de traer una buena nueva. Él es nuevo y ahí está su poder discursivo, más allá de su poder económico. En lugar de preocuparse por su inexperiencia, hace de esto una virtud. En la entrevista que le hiciera Gabriel Pereyra en el programa En la mira confesó sin problemas: “Yo soy un político que no hacía política hace tres meses”. Y en una entrevista que le hiciera Leonardo Haberkorn llegó a afirmar: “Si me preguntabas hace menos de un año si me interesaba la política, te respondía que no”2. Pero ahora sí se interesa por la política. Su interés es nuevo. Por eso él puede revertir el rumbo.

    La falacia consiste en que no hay conexión lógica entre la novedad y la bondad, tal como parece explotarla el precandidato. Ser nuevo significa, sencillamente, una cosa: ser nuevo. Por eso, la novedad no necesariamente viene ligada a nueva forma de concebir la política si no se da razones de ello. Pero él vuelve a la falacia y esto queda claro, por ejemplo, cuando en una entrevista en Radio Universal afirmó: “Cuando me dicen: ‘Usted no sabe nada de política, no tiene tradición política’, digo: ‘Por suerte’”3. Su novedad es venir vacío. No tener nada. Es una suerte para él no saber nada, no estar en nada. No está contaminado. Por eso refuerza esto como un valor y dice: “Yo soy nuevo en esto. Soy un candidato de afuera del sistema político que vino a darle fuerza al Partido Nacional”4.

    Naturalmente, la mera novedad no garantiza ideas, y mucho menos que estas sean buenas. Por eso, la conexión entre novedad y bondad, sin más razones que ello, es falaz. Malo conocido, podría hacernos preferir malo por conocer. Pero Sartori actúa como si esa posibilidad no existiese. Él es nuevo, por lo tanto, es bueno. Sus ideas, diga lo que diga, serán buenas ¿Y si sus ideas no fueran tan buenas como asegura? ¿Y si fueran imposibles? Para esas interrogantes, Sartori tiene una respuesta, que se expresa en la próxima falacia. Vayamos a examinarla.

    Falacia 2: Quienes no pueden creen en mis propuestas, no son lo suficientemente capaces, optimistas o visionarios.

    Si usted desea plantear, deliberadamente, una idea nueva y descabellada, puede utilizar esta táctica. Haga una prueba entre sus conocidos. Plantee una idea o un pronóstico exageradamente optimista y espere que alguien le diga que lo suyo es imposible o una locura. Luego aplique la siguiente estratagema (que siempre rinde). Ponga ejemplos de personalidades visionarias que fueron rechazadas en su época. Dígale a su interlocutor, por ejemplo, que Galileo fue considerado hereje por quienes pensaban que era descabellado afirmar que la Tierra se movía, o prepárese una lista de empresarios millonarios a quienes, en sus inicios, muchos les advirtieron que sus ideas no eran buenas. Hágalo y sus interlocutores comenzarán a tartamudear. Pero sépalo, está utilizando una estratagema. Porque esto no prueba que todas las ideas descabelladas sean buenas. Es más, la mayoría de ellas son francamente descabelladas sin más. En tal sentido, aceptarlas sin un fundamento sólido podría ser peligroso por sus efectos concretos. Usted no confiaría en una medicación nueva solo porque es nueva, o porque los médicos tradicionales se resisten a aprobarla. Lo mismo procede en relación con las propuestas de Sartori. Puede proponer la creación de 100.000 puestos de trabajo. O la tarjeta Medicfarma mediante la cual se entregarán medicamentos gratuitos a jubilados y pensionistas en las farmacias. O la posibilidad de bajar los impuestos en un contexto de déficit fiscal de un 4,8%. Más allá de la posible demagogia detrás de esas promesas espectaculares, lo sorprendente desde el punto de vista argumentativo es su defensa: al que no crea estas cosas, Sartori podrá acusarlo de escasa visión, optimismo o incapacidad.

    Así lo hizo frente a las críticas e ironías del oficialismo, respondiendo a opiniones del presidente Vázquez y del ministro Astori, diciendo: “(...) no me extraña que les parezca imposible porque no hay ninguna duda que no saben cómo hacerlo”5. Ahora bien, ante los futuros electores, la estrategia es otra mucho menos agresiva. Es el optimismo y una cierta confianza en el futuro la que garantiza todas las buenas nuevas posibles. Contar con él, porque él cuenta contigo hacia “un futuro de esperanza que a todos va a llegar” como dice su jingle promocional. ¿Y si no llega? Sartori siempre tiene una sonrisa optimista para esquivar las críticas.

    La sonrisa optimista no solo es neutralizadora de aquellos que simplemente no creen, sino también de aquellos que le critican con argumentos. Porque si usted desea dar razones fundamentadas de por qué no cree en su gran optimismo empleando datos, cifras y otros argumentos, usted no logrará que Sartori se vea entre las cuerdas jamás. Para eso, está la falacia siguiente. Vayamos a ella.

    Falacia 3: No es necesario que yo sepa, porque basta administrar a los que saben

    Hay un chiste que dice: “Lo que importa no es saber, sino tener el teléfono del que sabe”. El chiste es gracioso porque, al mismo tiempo, tiene un grado de absurdo y un grado de verdad. Lo mismo sucede con las falacias. Engañan porque se hallan en un borde entre lo que parece cierto pero, en definitiva, no lo es.

    En el caso de esa falacia, la misma se ampara en la siguiente analogía: así como un empresario exitoso no necesariamente sabe demasiado sobre el trabajo técnico o manual, así tampoco el presidente exitoso necesitaría saber demasiado sobre las cuestiones técnicas u operativas de gobierno. La ya referida entrevista que le hiciera Gabriel Pereyra en el programa En la mira es, quizás, el ejemplo más ilustrativo de este mecanismo. Sartori sonríe mientras confiesa que no conoce el porcentaje de desempleo, el salario mínimo, el presupuesto de la educación, la edad promedio de jubilación de los uruguayos, la cantidad de jubilados que aportan el IASS o el conjunto de los planes sociales vigentes.

    Pero lo más sorprendente no es tanto su ignorancia, sino que eso no lo invalide como candidato. Más allá de su gran capacidad financiera para seguir manteniéndose en los medios, hay otro tema de fondo: su ignorancia no es relevante. Sartori mismo dijo en la mencionada entrevista: “Lo más importante en el Uruguay es volver a acercar los políticos a la gente, que no hablen de números, de estudios, de ideas”6. Aquí se ve la falla del razonamiento. Aun admitiendo que un gran empresario no necesita saber de cuestiones operativas, lo que sí necesita tener son ideas rectoras. Sin esas ideas no hay planificación estratégica, no hay misión, visión, políticas y valores. Pero Sartori también descarta eso. ¿Qué tiene entonces?

    ¿Qué queda? Ambigüedad y contradicción.

    Dado que su discurso no se ampara en ideas rectoras, ni en el conocimiento técnico, ni en su pericia política y que su optimismo sobre sus propuestas concretas no puede ser debatido porque no se basa en ningún análisis riguroso explícito, ¿sobre qué bases Sartori puede fundamentar que es capaz de tomar las riendas del país? Le quedan dos caminos: o bien ampararse en su pasado real como empresario, o bien oponerse a lo que efectivamente hacen los demás. Estos son los dos reductos que le quedan para generar discurso, más allá de sus promesas enormemente optimistas.

    Vayamos al primer reducto: a su pasado empresario. Aun cuando se haya cuestionado su actuación en UAG y se haga alusión a la deuda pendiente en el BROU, existe el imaginario de que el empresario exitoso es alguien tan hábil que incluso podría estar usando su ignorancia y sus ideas aparentemente absurdas como aspectos polémicos para urdir un plan muy bien orquestado. Esto le da un cierto aire de inteligencia como base para fundamentar que, así como ha podido triunfar en el mundo de los negocios, así también podrá hacerlo en el mundo de la política. Se posiciona así en un lugar en el que puede ser imaginado por los electores como una especie de oculto y agresivo “lobo de Wall Street” a la uruguaya, cuya pericia podría ser perversa, pero que también podría salvarnos.

    El segundo reducto es la estrategia de oponerse a los otros, en una dinámica de bueno-malo, víctima-victimario. Esto lo ha aplicado sistemáticamente en relación con sus rivales dentro del Partido Nacional. En una entrevista que le hicieran en Radio Carve, afirmó sobre el precandidato Luis Lacalle Pou: “Yo me estoy enfrentando hoy, por el primer lugar, a una de las dinastías políticas más importantes y más poderosas. No es fácil este sistema político”7. Asimismo, en una entrevista que le realizara el semanario Búsqueda8 marca una nueva oposición, catalogando a Lacalle Pou y Larrañaga como la vieja política y a él como la nueva política, la cual plantea prácticamente como irreconciliable. Mientras él se ha dedicado al mundo real de los negocios, sus contrincantes “la única actividad que han tenido es vivir de la política, ocupar cargos públicos de oposición. Por lo menos en los últimos veinte años”9. Y agrega: “Creo que son representantes de una manera de hacer las cosas, que no han cambiado por más que el mundo hoy sea diferente”10. La oposición es insalvable, porque no hay mediación. No se trata, por ejemplo, de la estrategia que emplea Ernesto Talvi en relación con Julio María Sanguinetti, definiendo su corriente como el cambio y una generación de nuevos líderes que, al mismo tiempo, pueden dialogar con las corrientes históricas. En Sartori no hay diálogo, no hay integración. Hay dicotomía, lucha: es David o es Goliat. Uno de los dos ha de prevalecer en esa lógica binaria insalvable que plantea y que le da pie para generar discurso combativo, aun cuando no tuviese nada que defender.

    Ambigüedad y contradicción. Lobo empresarial y, al mismo tiempo, cordero frente a sus grandes opositores. Sartori lobo confiesa que contrató a Juan José Rendón, el “rey de la propaganda negra”. Sartori cordero dice que lo ha hecho para defenderse “de esa guerra sucia que me vienen haciendo hace meses”11. En esa ambigüedad, el precandidato que viene sin mochilas es libre porque, a diferencia de sus contrincantes, no tiene ninguna reputación política que perder. Por eso, dentro de su propio partido, maneja incluso contradicciones. Luego de plantearse como irreconciliable frente a Lacalle Pou y Larrañaga, plantea la unidad. Por eso, en la ya referida entrevista para el semanario Búsqueda puede afirmar: “La mejor prueba de unidad es hacer un acto juntos, todos los precandidatos (del Partido Nacional), el día antes de las elecciones. Lo propongo”12.

    La estratagema es sencilla, una vez que se descubre. Apréndala y usted también podría aplicarla con un amigo, al menos para hacerlo enojar. Plantee una oposición en la que usted quede como el bueno y el otro como el malo. Inmediatamente, proponga que la solución a esa diferencia es la unión. Y cuando su interlocutor se enoje, usted podrá demostrar a otros lo malo que era su amigo. Todo cierra.

    Cr. Mag. Horacio Bernardo

    CI 2.593.991-3

    Profesor de Argumentación, FIC, Udelar

    1- https://www.republica.com.uy/para-sartori-la-gente-no-da-mas-hay-que-terminar-con-los-impuestos-id711434/

    2- https://ecos.la/UY/9/actualidad/2019/03/21/31802/juan-sartori-hace-menos-de-un-ano-no-me-interesaba-la-politica/

    3- Entrevista en el programa “En la mira”. VTV. 20.03.2019

    4- https://970universal.com/2019/06/13/sartori-no-podemos-dejar-que-los-mismos-de-siempre-entren-en-los-enfrentamientos-de-siempre/

    5- https://ecos.la/9/actualidad/2019/04/23/32729/sartori-no-me-sorprende-que-quien-fracaso-critique-mis-propuestas/

    6- Entrevista en el programa “En la mira”. VTV. 20.03.2019

    7- https://www.carve850.com.uy/2019/06/04/sartori-a-lacalle-pou-me-estoy-enfrentando-a-una-de-las-dinastias-politicas-mas-poderosas/

    8- Semanario Búsqueda. Número 2024. Junio 2019.

    9- Ídem

    10- Ídem

    11- Ídem

    12- Ídem