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    Jugando al ajedrez

    Director Periodístico de Búsqueda

    Nº 2138 - 2 al 8 de Setiembre de 2021

    Natalia Oreiro. ¿Qué tiene que ver Natalia Oreiro? No mucho, pero sirve como para iniciar un relato que puede explicar la situación actual del Frente Amplio. La fecha en la que comienza la historia es el 2 de julio de 2019, más precisamente en la mañana. El lugar, una casa de dos plantas ubicada en la calle José María Montero, en pleno barrio de Punta Carretas. Los protagonistas, el entonces candidato presidencial Daniel Martínez y quien había quedado en segundo lugar en la interna partidaria, Carolina Cosse, que además era la dueña de casa.

    Mano a mano, después de meses de campaña y con la definición de la fórmula presidencial por delante, Martínez y Cosse conversaban esa mañana animadamente puertas adentro mientras los periodistas y camarógrafos esperaban afuera. Fue ahí que apareció el nombre de Oreiro. Martínez mencionó la importancia de atraer a la política a personas de izquierda con mucha popularidad, pero por fuera de ese mundo, como Oreiro, y confesó a Cosse que ese era el perfil que buscaba para cerrar su propuesta electoral. Puso a la cantante y actriz más bien como un ejemplo, pero a la actual intendenta de Montevideo le cayó como un balde de agua fría. En ese escenario, estaba claro que ella no iba a ser su candidata a vice.

    Finalmente, dos días después, Martínez se inclinó por Graciela Villar, entonces edila del Frente Amplio y muy poco conocida. No fueron pocos los frenteamplistas —incluida Cosse— que tuvieron que recurrir a Google para saber de quién se trataba. Con el diario del lunes fue un gran error. Es más, para muchos Martínez empezó a perder su elección con el actual presidente Luis Lacalle Pou cuando optó por no llevar a Cosse como compañera de fórmula.

    Lo cierto es que Martínez se desplomó. A partir de ese momento perdió todo: la elección presidencial primero y la departamental después, justamente con Cosse. Su caudal electoral quedó reducido a la mínima expresión. Eligió mal a su vice y subestimó a Cosse. Lo que probablemente no tuvo en cuenta es que en política nada o casi nada se inventa de un día para el otro. Eso no necesariamente significa que estuviera equivocado en su idea de acercar a personas por fuera del sistema o sin tanta exposición pública. Pero lo hizo de una forma equivocada.

    Con Martínez además cayó uno de los referentes por fuera de los comunistas y los tupamaros, que hoy juntos significan más de la mitad del Frente Amplio. Durante los últimos 15 años, la principal figura de esa centroizquierda frenteamplista que siempre jugó de contrapeso y garantía de estabilidad fue el exministro de Economía Danilo Astori. Pero la falta de apoyo interno lo llevó a dar un paso al costado en sus aspiraciones presidenciales y quien tomó la bandera fue Martínez. Mario Bergara también lo intentó, pero quedó muy relegado. La derrota de Martínez fue entonces también un golpe en la proyección de ese grupo más socialdemócrata, identificado con el seregnismo.

    En el Movimiento de Participación Popular (MPP) y en el Partido Comunista no tienen ese problema. Muy por el contrario, las principales figuras en carrera por el Frente Amplio para las próximas elecciones de 2024 —el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, y la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse— tienen vínculos con esos dos grupos políticos.

    Tanto Orsi como Cosse crecieron desde la chacra de Rincón del Cerro. El primero es la gran apuesta del expresidente José Mujica para las próximas elecciones y la segunda se inició en política bajo el impulso de la exvicepresidenta Lucía Topolansky. Cosse luego tomó distancia de la estructura tupamara y se alió con los comunistas, pero su origen está ahí. El recambio en esa parte del Frente Amplio es un hecho.

    Del otro lado no se pensó demasiado en el día después. Al menos eso es lo que muestra la realidad actual. La polarización cada vez más creciente entre Cosse y Orsi, que ya es asumida como una interna adelantada por gran parte del sistema político y también de los votantes, los deja fuera de la oferta. El único visto como posible precandidato es Bergara, pero su incidencia electoral es muy relativa.

    Ante semejante escenario algunos dirigentes afines al seregnismo pensaron, sin decírselo, en la posibilidad de recurrir al actual presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira. Cumple con varios requisitos para ocupar ese espacio: es de origen demócrata-cristiano, tiene un vínculo político directo con los sectores frenteamplistas más moderados y cuenta con un gran respeto entre los comunistas, los tupamaros y los militantes de base por su largo trabajo sindical.

    Sin embargo, parece ser que en este caso también llegaron tarde. Pereira es impulsado como futuro presidente del Frente Amplio por el Partido Comunista, el MPP, la Vertiente Artiguista y otros sectores. Su ingreso al terreno político partidario se concretó, pero desde otro lugar muy distinto.

    Esa jugada, encabezada por los comunistas, fue leída en los sectores más moderados como una “maniobra” para bloquear por un tiempo una eventual carrera presidencial de Pereira. La teoría se fundamenta en que el acuerdo interno establece que el próximo presidente del Frente Amplio debe dejar pasar un tiempo prudencial antes de presentarse a un cargo electivo.

    “Con los tupamaros y los comunistas es como estar siempre jugando al ajedrez”, resumió la situación uno de los principales representantes del sector seregnista. Se quejó además de que con la movida de Pereira lograron desactivar una de las pocas figuras que en este momento cuenta con el caudal como para romper la polarización entre Cosse y Orsi.

    Puede que sí o puede que no. Es probable que Pereira esté siendo visto con una proyección importante no solo por los moderados, sino también por tupamaros y comunistas. Ellos se han especializado en traer nombres nuevos al ruedo. En este caso, además, el costo que paga el Frente Amplio es importante porque fundamenta el discurso de que es casi lo mismo que el PIT-CNT. No es que esa simbiosis sea nueva ni que vaya a sorprender a nadie, pero otra cosa muy distinta es asumirla en público.

    Por eso, no es un paso más ni a corto plazo. Da la sensación de que hay carrera política de Pereira para rato. Eso sí, su más probable destino es ser una figura por encima de los sectores, sin una identificación particular clara. Parece ser tiempo de que los moderados dentro del Frente Amplio muevan sus propias fichas. El problema que tienen es que no les quedan demasiadas. Al menos a simple vista.

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