En 2020, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) destinó más de $ 27 millones en la lucha contra la pandemia; además, logró apalancar otros $ 10 millones aportados por organismos públicos y privados para financiar 38 proyectos que ayudaron a enfrentar la crisis sanitaria. En paralelo, la agencia apoyó 172 proyectos de investigación, 88 emprendimientos nuevos, 224 iniciativas vinculadas a la innovación y otorgó 228 becas de posgrado. Los datos se desprenden de la Memoria Anual 2020 publicada por la ANII días atrás, documento que recopila el trabajo realizado por el organismo en un año marcado por la llegada del Covid-19 a Uruguay.
El último año fue especialmente polémico para la ANII, luego de que se cuestionaran recortes de presupuesto y cierres de programas por parte del sector académico y científico, en momentos en que la ciencia cobró un rol protagónico. El presidente de la ANII, Flavio Caiafa, niega que haya habido recortes y justifica el cierre de algunos programas porque se había comprometido más presupuesto del disponible.
“El presupuesto total de 2020 fue un 12% superior al del año anterior”, dijo en entrevista con Búsqueda. Incluso, destacó que este año el dinero es “prácticamente el mismo”, y que si bien “se vive repitiendo que la ANII está mal, hoy tiene todos los instrumentos funcionando”.
También defendió la necesidad de “medir los resultados”, porque no por gastar más estos serán “mejores”. En ese sentido, contó que este año comenzará a funcionar un sistema de seguimiento a todos los proyectos “en tiempo real” para saber cómo evolucionan mientras se ejecutan, “no tres años después de que terminaron”.
—¿Dónde estuvo principalmente el foco de la ANII en 2020, un año marcado por la llegada de la pandemia?
—Un foco fue la reacción que tuvo la agencia frente al Covid-19, para lo que se implementaron cinco llamados y se apoyaron 38 proyectos. El primer llamado fue para hacer test diagnósticos PCR (se produjeron cerca de 10.000 kits) y otro fue para crear respiradores de forma rápida. Hubo un llamado a aplicaciones relacionadas con la pandemia, máscaras, dispositivos de sanitización de ambientes, etc. Y, por otro lado, soluciones de entretenimiento para soportar el confinamiento, todos llamados que se hicieron en tiempo récord. Eso fue una contribución de la ANII, pero sobre todo un ejemplo de cómo funciona la agencia. Porque las convocatorias no tendrían ningún resultado sin que haya una comunidad científica consolidada de investigadores, empresas y emprendimientos que respondieron a esos llamados y desarrollaron cosas muy interesantes.
—¿Qué presupuesto manejó la ANII en 2020?
—El presupuesto de la ANII en 2020 fue de $ 1.316.919.388 y en 2019 de $ 1.175.797.673. Es decir que el presupuesto total de 2020 fue un 12% superior al del año anterior. Lo que sucedió en 2020 fue que cuando la nueva administración asumió nos encontramos que había un nivel de compromisos aprobados en 2019 muy superior a los ingresos anuales de la agencia. Y no solo eso, sino que se había planificado para 2020 seguir aumentando el nivel de compromisos por una cantidad total muy superior a los ingresos anuales de la ANII. Uno de los grandes cambios que hicimos en 2020 tiene que ver con tomar medidas para asegurar la sostenibilidad y mejorar la gestión financiera. Planificar para cumplir con los compromisos y no planificar sin tener en vista los recursos necesarios para poder cumplirlos.
—Durante 2020, se apoyaron 172 proyectos de investigación y se otorgaron 228 becas de posgrado. ¿Qué evaluación hace de esos resultados en comparación con el año anterior?
—El 2020 fue un año récord en cantidad de proyectos aprobados, en parte porque se mantuvo la mayoría de los instrumentos de ANII, y en parte porque se habían aprobado en 2019 una cantidad de proyectos que, como no tenían capacidad para firmarlos, se dejaron para que el compromiso lo asumiera la agencia en 2020. Se cerraron en algún momento un par de ventanillas de la parte de innovación por un tema de disponibilidad de fondos, pero no porque haya bajado el presupuesto, sino porque se habían aprobado más proyectos de los que se podían financiar. Además, debido a la pandemia y a la coyuntura económica, algunos socios de los fondos sectoriales decidieron no seguir invirtiendo, algo que se había planificado tener como ingresos en 2020 y en 2021. Hoy estamos trabajando para fortalecer las alianzas que tiene la ANII tanto con el sector público como con el sector privado, para ir recomponiendo esos fondos sectoriales y hacerlos crecer.
—Después de tantas discusiones en torno a los recursos destinados a la ANII en 2021, ¿finalmente qué presupuesto maneja la agencia para este año?
—El presupuesto de 2021 es de $ 1.317.172.812 (prácticamente el mismo que en 2020). Si bien empezó siendo no tan alto, vamos sumados al presupuesto de este año y hemos agregado $ 73.429.000 de distintas fuentes. Otro acuerdo importante es el programa de becas nacionales que vamos a abrir este mes. Es un aporte del Fondo de Innovación Sectorial del sector de la madera, que es el fideicomiso que tienen UPM2 y el gobierno de Uruguay para apoyar la investigación científica en el sector forestal. Este año se van a financiar tres proyectos del fondo María Viñas con este aporte del fideicomiso, además de financiar becas de posgrado en el sector forestal.
—Retomando las críticas que se dieron en su momento, por aparentemente reducir el dinero que se destina a apoyar proyectos, ¿esto quedó evidenciado en algún aspecto de la gestión de ANII de este año? ¿Hubo algún programa que haya quedado relegado?
—Es que el presupuesto no se ha disminuido. De hecho, hay varios instrumentos nuevos este año. Se vive repitiendo que la ANII está mal, cuando hoy tiene todos los instrumentos funcionando. El ministro (de Educación) Pablo da Silveira mencionó en una entrevista un concepto que es central para este gobierno, y es que no hay que medir todo en función de los ingresos del presupuesto, porque conceptualmente es incorrecto. Uno tiene que medir resultados. No quiere decir que por gastar más los resultados sean mejores. En los últimos 15 años se ha aumentado muchísimo el presupuesto estatal y los resultados en algunas áreas claves, como la educación, no son buenos. Hay que asignar presupuestos adecuados, pero lo que hay que medir son los resultados. Y ese es otro de los cambios que empezamos a hacer en 2020 en la ANII. Porque gran parte del trabajo de la ANII es seleccionar a los mejores proyectos, no aprobar todo lo que pueda. La estrategia de la ANII para este año se basa en cuatro ejes: uno es el de fortalecimiento institucional, y eso implica la sostenibilidad. Y otra mejora tiene que ver con medir. Ahí hay una paradoja. La ANII tiene una unidad de evaluación y monitoreo que es muy buena, pero que hace un seguimiento de los resultados que generan los instrumentos en el largo plazo, cada tres años. De ese trabajo se desprende que por cada dólar que invierte la ANII en proyectos de innovación al Estado le retornan vía impuestos generados por esa innovación US$ 6,5. Y en lo que refiere a emprendimientos, tenemos que por cada dólar que invierte la ANII en nuevos emprendimientos el retorno es de US$ 8,4. Ese tipo de medición muestra que la inversión en innovación y emprendimientos es rentable para el país, al igual que la inversión en investigación y formación. Lo que pasa es que ahí el retorno de las inversiones es más largo y no se mide, no se puede calcular en forma cuantitativa. Por eso este año va a quedar funcionando un sistema de seguimiento a todos los proyectos “en tiempo real”; estamos desarrollando una serie de indicadores claves para poder saber cómo evolucionan los proyectos en la medida en que se ejecutan, no tres años después de que terminaron.
—¿La gestión y los resultados que se obtengan este año serán similares a 2020?
—No va a quedar ningún proyecto relegado, va a ser muy similar al año anterior. Por ejemplo, en 2020 para poder cumplir con lo que planificamos no se hicieron algunas convocatorias regulares, como el de posgrado nacional, que es un programa destinado a alguien que termina un doctorado en el extranjero y quiere volver a Uruguay para seguir investigando. Ese programa se abrió este año y actualmente está recibiendo postulación. Otro ejemplo es el instrumento Potenciar la Innovación, destinado a financiar el crecimiento de proyectos innovadores. Ese instrumento lo cerramos en 2020 porque tenía un problema de selección: muchos de los proyectos que se aprobaron no estaban aún en etapa comercial, por lo que entre el 75% y el 80% de los beneficiarios no eran capaces de devolver posteriormente el préstamo. Como no estaba funcionando, analizamos formas de crear un instrumento que sirva para lo que ese fue creado, sin que resulte en préstamos que la mayoría no pueden devolver.
—¿Cuáles son las expectativas para este año en cuanto a cantidad de proyectos aprobados y becas otorgadas?
—En 2020, donde sí hubo que suspender o cerrar algunos instrumentos, el criterio que usó ANII fue seguir apoyando los más enfocados en la formación y en los recursos humanos y de investigadores. En un momento cerramos las ventanillas de proyectos de investigación, pero el Sistema Nacional de Investigadores no se modificó. Y en los posgrados nacionales no solo no se recortó, sino que en 2020 se aprobaron 170 becas, 20 más que en 2019. Y este año nuestro objetivo es mantener la misma cantidad.
—Pensando en el tipo de investigaciones que viene apoyando la ANII, ¿se le quiere dar un perfil específico a la agencia?
—Sí, ahí hay un foco en lo que es investigación. En la parte de investigación aplicada estamos tratando de favorecer uno de los debes que tiene el sistema científico tecnológico del Uruguay y de gran parte del mundo, que es enfocarse en el sector productivo, en que la investigación aplicada dé un fruto que permita mejorar la productividad y la sociedad, tener diagnósticos hechos localmente para no tener que depender de proveedores del exterior. Y otro punto es mejorar la sustentabilidad, hablando de medioambiente, que es otro de los objetivos macro que tenemos en la ANII. Hoy la visión de la agencia es hacer de la ciencia, la investigación y la innovación actores del crecimiento productivo del país, pero también del desarrollo social. Y que contribuya a la sustentabilidad desde el punto de vista medioambiental porque es lo que necesita el planeta, pero además porque la sustentabilidad va a ser cada vez más importante a la hora de acceder a mercados. Ya hay muchas economías que exigen temas de sustentabilidad a sus proveedores internacionales. Entonces el foco es mejorar la relación del sistema científico con el sector productivo.
—¿Qué responde a quienes afirman que la inversión en investigación es baja en comparación con la región? A raíz de la pandemia, muchas voces del sector académico cuestionaron la asignación de recursos para estos temas.
—Es un reclamo muy justo y muy pasional; está demostrado que las innovaciones científicas y tecnológicas son el principal componente de los aumentos en productividad y de la mejora en la generación de valor económico de los países. Este gobierno eso lo tiene muy claro y en la discusión presupuestal del año pasado se vio reflejado en que la mayoría, si no todas, de las instituciones de promoción de la ciencia y la investigación tuvieron aumentos en sus presupuestos o por lo menos no tuvieron el pedido de ahorro que se le pidió a otras unidades del Estado. Por supuesto que nos gustaría invertir más. Lo que sucede es que estamos en un contexto de caída del PBI nacional y tenemos otras urgencias que han sido importantes y quizás más urgentes que la inversión en ciencia. La apuesta que tenemos es: a medida que se recupere la economía poder asignar más fondos tanto a ciencia y tecnología e innovación como a educación. Y el otro punto es que cuando se habla del 1% de inversión en ciencia, en innovación y desarrollo, es una referencia que está basada en comparación con los países que consideramos referentes. Pero también hay que ver que esos países, además, tienen una inversión privada en esas áreas de entre el 2% y el 7% del PBI. No solo hay que pedir más inversión al Estado, sino también pensar en cómo podemos favorecer esa interacción entre investigadores y el sector productivo. Para eso tenemos otra línea estratégica, que es excelencia en investigación e innovación. Y el tercer punto clave es el posicionamiento internacional de Uruguay. Hoy tenemos una oportunidad única de potenciar las ventajas tradicionales de Uruguay como país, además de posicionarlo como un socio confiable para el desarrollo de ciencia e innovación a escala global. La cuarta línea es lo que refiere a buscar nuevas fuentes de financiamiento; apuntamos a solucionar algunos temas crónicos de la ANII, como la actualización periódica del valor de instrumentos como becas.