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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSobre el Campeonato Mundial de Fútbol. Primero. En ocasión del partido Brasil - Croacia (12 de junio, Sao Paulo) varios locutores de televisión y varios diarios afirmaron que el juez japonés Yuichi Nishimura había sido sobornado, presumiblemente por la Confederación Brasileña de Football, para favorecer al equipo brasileño, colusión que concretó cobrando un tiro penal por una falta que no existió.
“Con doblete de Neymar y la ayuda del árbitro… cuando el partido estaba parejo llegó la asistencia desde el Japón y listo” (“Ovación”, 13 de junio, tapa y págs. 4 y 6). “El Observador” tituló, con pretensiones de gracia, “Robinho” (tapa). Un locutor dijo abierta e insistentemente que le llegaba mal olor (ya comprobó que había algo podrido) y que esperaba eso, pero “más adelante, con rivales y partidos más complicados”.
Todo se dijo sin pruebas que mostrar, apelando a una inverosímil seguridad en el decir y a la credulidad del público.
Se cometió, con ligereza que asombra, el delito de difamación (art. 333 del Código Penal) con la agravante del art. 335 por la divulgación pública por la prensa.
Con lo que comprometieron no solamente su responsabilidad, sino la responsabilidad del medio de prensa al que pertenecen, lo que pudo tener consecuencias patrimoniales.
Es lícito discutir, por sí o por no, si existió la infracción. No es lícito, ni razonable, inferir que el error es deliberado y producto del delito.
Segundo. Dando pábulo a un frenesí persecutorio que se apoderó del país y llegó hasta la Presidencia de la República, el entrenador de Uruguay, Sr. Tabárez, explicó por televisión que, en razón de sus muchos estudios, sabía que la sanción de la FIFA a Luis Suárez se inspiraba en lo que llamó la “teoría del chivo expiatorio”. Seguimos escuchando al Sr. Tabárez que dijo, en otras palabras, que en aplicación de esa teoría la sanción fue muy severa para que sirviera de escarmiento, de castigo ejemplarizante.
Es un doble error. Lo del “chivo expiatorio” no es lo que cree el Sr. Tabárez; además, no es una “teoría”.
En la Antigüedad, desde la Biblia, el “chivo expiatorio” era efectivamente un chivo al que se cargaban todas las culpas del pueblo o la ciudad, que así quedaban limpios y puros. El chivo era inocente pero su muerte redimía a todos los culpables. Algo semejante tenemos en la religión católica, donde el inocente Jesucristo, el “cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, muere para redimir a toda la humanidad. Ninguna relación con Suárez, el mordisco, la sanción: ninguna culpa, salvo la de Suárez, fue lavada.
En cuanto a que el “chivo expiatorio” es una teoría, es otro error. Una teoría es un intento de dar una explicación o interpretación inteligente a ciertos hechos. Lo del “castigo ejemplarizante”, que el Sr. Tabárez llama “chivo expiatorio”, puede ser una idea, una norma de acción o una política. Nunca una teoría.
Dr. Jorge Arias
C.I. 461.327-7