Respecto al planteo sobre el pago de la hacienda, Riani dijo que “entre la tercera y la cuarta balanzas, el frigorífico hace un dressing (proceso de la faena en el que se extraen ciertos órganos y tejidos del animal), que es muy variable entre las plantas”.
“Todo lo que se saca del animal entre esas balanzas, el frigorífico lo vende y los productores lo sufrimos”, lamentó.
Según datos del Inac, poco más del 90% de las transacciones de compraventa de ganado se pactan cada semana en un precio de cuarta balanza, que es posterior al dressing y, por lo tanto, el peso del animal y el precio son inferiores a los que había registrado la tercera balanza.
Discrepancias con el ministro
En 2013, la FR había pedido al gobierno que fijara por decreto el pago de los bovinos en tercera balanza, lo que fue rechazado por el ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre. En esa oportunidad, el Inac elevó al Poder Ejecutivo esa propuesta a solicitud de la gremial ruralista.
“Aguerre es defensor de la cuarta balanza y nosotros de la tercera”, precisó Riani, quien se dedica a la producción de ganado en Artigas, donde el ministro de Ganadería también realiza actividades agropecuarias como ganadería, y cultivo de arroz y de caña de azúcar.
Ante la discrepancia planteada, Riani manifestó como una posible alternativa que “si hubiera un porcentaje de dressing estandarizado”, la FR podría llegar a “transar”.
“Pero hay frigoríficos que tienen un 6%, un 8% y hasta un 12% de dressing”, advirtió.
Riani comentó que los intermediarios en la venta de los vacunos (consignatarios) se limitan a informar a los productores que solo se fijan en el precio por kilo, sin tener en cuenta el dressing. “Es cierto; tal vez tuviéramos que propagandear a las plantas con menos dressing”, dijo.
Desde 2013, el Inac publica semanalmente los datos de peso, rendimiento y dressing por planta de faena, según lo establece un decreto del Poder Ejecutivo.
Ante el reclamo de los ganaderos por las diferencias en el dressing, Riani destacó que en los frigoríficos dicen que hay mercados más exigentes y que para exportar a esos destinos es necesario “emprolijar más” la media res.
“Los que hemos asistido a una faena sabemos que se sacan cantidad de cosas que no se deberían sacar y que luego se venden, y eso no va al precio que recibe el productor; eso es ventaja para el frigorífico”, protestó.
El mensaje que reciben los productores desde la industria frigorífica es que si llegan a producir tres millones de terneros, “el precio del ganado baja”.
“Cuantas más vacas entoradas haya, debería ser mejor para Uruguay, pero, lamentablemente, no es así”, sostuvo Riani.
A solicitud de las gremiales rurales, el Inac publica desde abril de 2015 un indicador que muestra la relación entre el precio de la hacienda (novillo y vaca) y el ingreso promedio de exportación de carne vacuna. El índice es difundido semanalmente.
Ese dato es “muy importante porque el productor antes no sabía si la industria estaba pagando por encima (del promedio), por debajo, ni si estaba ganando o perdiendo plata”, dijo el dirigente ruralista.
Agregó que “hoy, con ese indicador del mercado ganadero, el productor sabe que la industria está ganando y qué puede esperar —los que pueden esperar— vender cuando los frigoríficos paguen los precios que tienen que pagar”.
“Es cierto que hay períodos en los que la industria paga precios por encima de lo que podría pagar. Pero, ¡ojo al gol! Porque cuando paga por encima ya sabemos que eso termina mal”, analizó.
Riani, que asumió la Presidencia de la FR el 6 de junio, reconoció que actualmente “la industria es mucho más transparente que en otros años, cuando era hasta peligroso venderle ganado a la industria y el ganadero lo hacía a través de intermediarios para por lo menos tener la tranquilidad de cobrar”.
Según la FR, la adquisición de frigoríficos uruguayos por grupos empresariales de Brasil tuvo influencia en el problema que afrontan los productores en cuanto al precio del ganado.
“La mayoría de la industria está en manos de brasileños y hoy, con la comunicación que hay, tienen una ventaja comparativa tremenda”, además del apoyo financiero del estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), que tiene participación accionaria en ciertas compañías cárnicas, comentó. Durante la última década, el Bndes compró acciones de tres compañías.
En Uruguay, las firmas brasileñas con propiedad de plantas de faena son Marfrig, que tiene cuatro (Tacuarembó, Colonia, La Caballada e Inaler), Minerva, que posee dos (PUL y Carrasco), y JBS, que es dueña del frigorífico Canelones y de la curtiembre Zenda.
Riani también cuestiona que el gobierno uruguayo le haya habilitado “una ventaja comparativa” a la industria frigorífica cuando le concedió un “seguro de paro especial”.
Recurriendo a esa herramienta legal, las empresas “cierran tal planta y abren otra”, “van parando cuando quieren la faena” y “el precio lo van controlando mejor”, dijo.
Ese asunto es “algo delicado” que la FR le planteó al ministro de Ganadería pero “hasta ahora no hubo una contestación”.
En 2014, la Comisión de Defensa de la Competencia no pudo constatar la existencia de prácticas contrarias a la libre competencia por parte de los frigoríficos, luego de una investigación ordenada por el gobierno.
“Es muy difícil encontrar pruebas” de acuerdos para fijar precios, indicó.
El ejemplo del PIT-CNT y la deuda
El nuevo Consejo Directivo de la FR resolvió profesionalizar a la gremial en procura de tener los técnicos adecuados pensando en hacer ese tipo de trabajos.
“Hoy, la FR no tiene una financiación adecuada para contratar técnicos que nos asesoren en ese sentido y dependemos de la buena voluntad de amigos que se ofrecen para hacer algún estudio”, admitió Riani.
Teniendo en cuenta la representatividad que ostenta la FR en el sector ganadero y en toda la agropecuaria, “no puede ser que no tenga recursos” como para elaborar este tipo de investigaciones que “le harían mucho bien al sector”, opinó.
Riani comparó esa situación con la de la central sindical PIT-CNT, que “presenta propuestas paralelas a las del Ministerio de Economía”.
“Lejos de criticar, nosotros tenemos que emular y hacer que la FR sea tan fuerte como el PIT-CNT”, enfatizó.
Consultado sobre la posibilidad de que en algún momento la FR haga movilizaciones para, por ejemplo, reclamar un mejor precio por el ganado, el presidente de la gremial respondió: “Para eso, primero tenemos que armar un gremio”.
“Hoy no existe el gremio agropecuario; no existe. Aparece cuando hay crisis y desaparece cuando hay bonanza”, admitió en tono de autocrítica.
Y volvió al ejemplo de los sindicatos para marcar la diferencia. “Eso en el PIT-CNT no ocurre. Nosotros tenemos que ser gremio cuando hay crisis y también cuando hay bonanza”, dijo.
Riani indicó que “las movilizaciones vienen cuando la cosa está que arde y hoy eso depende del rubro”.
“La lechería está en una situación límite” y la FR tiene que apoyarla “porque hay un patrimonio en genética y en productores que no podemos perder”, dijo.
En alusión a eventuales medidas de apoyo del gobierno a los tamberos, Riani señaló que “lo importante es tratar de cruzar la zanja actual de precios bajos de la leche hasta que se recuperen”.
“Actualmente, la lechería ya está pensando en movilizaciones que son resultado de la situación crítica del sector”, avisó. Y argumentó que el productor lechero tiene un “problema financiero”, porque “el precio que recibe es dos pesos inferior al costo de cada litro de leche”.
Los productores “están vendiendo a los frigoríficos vacas con un nivel genético valioso”, se lamentó.
De acuerdo con el dirigente, “el endeudamiento del sector agropecuario hoy es importante, sobre todo la evolución que tuvo desde 2007 hasta 2016”.
En ese período, el rubro ganadero pasó de deber U$S 100 millones a más de U$S 600 millones en toda la banca. Mientras tanto, los productores de arroz están endeudados en U$S 280 millones.
Riani expresó que “el productor reinvirtió mucho y hoy se encuentra con que las cuentas no le dan”.
“Lo más grave es que las deudas del agro superan el 70% del valor de su Producto Bruto Interno”, advirtió.
Garrapata y brucelosis
Además de esos problemas, los productores rurales están inquietos por el aumento de casos de garrapata en la ganadería. Para la FR, la campaña sanitaria oficial para combatirla “no anda bien”, declaró Riani.
Dijo que en el sector “se creía que era un problema del norte del territorio uruguayo y ahora hay garrapata en Maldonado y en Soriano”.
No solo el Ministerio de Ganadería sino también los productores debieron tener en cuenta lo que pudo haber pasado con el etión (producto veterinario empleado para matar la garrapata y la mosca de los cuernos), que está prohibido en Estados Unidos, admitió.
Entre fines de 2015 y lo que va de 2016, la autoridad sanitaria norteamericana rechazó el ingreso de contenedores de carne uruguaya con rastros de ese garrapaticida.
Riani afirmó que los productores no recibieron una “señal clara” del MGAP respecto a los deberes que tenían que hacer en cuanto al tiempo de espera entre la aplicación de productos veterinarios con etión y el envío de los vacunos a la faena.
“La campaña contra la brucelosis tampoco anda”, opinó. Riani dejó en claro que su gremial pretende “ayudar” en el tema y que, “lejos de criticar”, lo que busca es “participar” y que “sea tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones”.
La posición de la Federación Rural es que se deben vacunar las terneras, como se hizo en la lechería.
“Hay muchos productores que hace dos años sacrificaron sus vacas (por brucelosis) y hasta ahora no cobraron la indemnización del Ministerio de Ganadería, por lo que se quejan de la burocracia”, aseguró.
Alertó también que “la industria frigorífica no está faenando las vacas con brucelosis. Solamente tres plantas están faenando esos animales (con esa enfermedad), lo que condiciona el precio” del ganado.
En cuanto a la prevención de la fiebre aftosa, el dirigente ruralista opinó que “Uruguay no puede dejar de vacunar, porque las fronteras (uruguayas) son muy permeables”.
“Confiamos en nuestro Ministerio, pero no tenemos por qué confiar en Ministerios de otros países; ya vimos cómo nos fue”, comentó en alusión a la crisis aftósica ocurrida en 2001 a partir del contagio de esa enfermedad desde Argentina.