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    La Medicina, una visión a través del tiempo

    Sr. Director:

    Son cincuenta y tantos años transcurridos en el ambiente de la medicina de hospital. Los recuerdos por un lado, la evolución del país por otro, hace pensar y balancear hechos, resultados y el futuro. La historia de la Facultad de Medicina, los egresados que engendró hasta los años 60 hicieron historia en y para la nación. Habitando un lugar lejano de los grandes movimientos, las limitaciones inherentes a las comunicaciones de la época, estos hombres y mujeres lo mismo se ilustraron, tanto en el país como lejos. No los confinó el idioma, las distancias, el aislamiento. Tenían deseos de crecer, pensar, investigar, favorecer a nuestro pueblo con un altruismo admirable para enseñar aquí y fuera de fronteras. Hubo innumerables ejemplos, en la ciudad como el interior por la nobleza de su accionar, entrega y adelantos forjados que hicieron del Uruguay un sitio de referencia. Las personas ambicionaban los médicos uruguayos.

    Pero en 1958 se concretó la independencia de la Universidad de la República, en un régimen de cogobierno, viviendo un período socio-económico conmocionado donde la II Guerra Mundial dejó una realidad: sin otra dirección que los productos alimentarios básicos que Europa necesitaba y no producía en ese momento; al retomar su actividad, abandonaron un Uruguay a la espera del futuro que nunca llegó, nada se previó ni se ahorró. Crecieron discursos, enfrentamientos políticos, creando abismos ideológicos en lugar de políticas de Estado. Acomodos diversos, se incrementó el empleo público, corporación con prebendas y los denominados “logros sindicales”, a cambio de votos. En los 50, 60,70 el sueño era ser empleado público o bancario.

    No escapó la Universidad, por no saber qué hacer con ella y con sigilo y entrega se congeló el crecimiento intelectual: inmejorable situación para torcer mentes débiles o deficitarias. Cocinándose internacionalmente la lucha entre comunismo/capitalismo y con la frutilla, la Revolución cubana quien abrió otra ilusión, sumando el ingrediente de las armas inyectadas al medio. Beneficio para radicalismos y populismos, desencadenando una intolerancia y violencia nunca vistas en el país.

    Las autoridades universitarias tomaron el camino de la izquierda radical, escudadas en la independencia de su poder, desconociendo la democracia y la Constitución. Adquirió los llamados “estudiantes”, máquinas del sistema (en su jerga, los soldados)  bien llevados  por la pasión idealista de la Revolución cubana y el París del 68, una destrucción sin propuestas concretas.

    La Facultad de Medicina contaba con un medio ideal: el arquetipo de carrera elegida, dirigida al pueblo, en un ambiente inoperante, sin futuro; se transformó en un antro político descarado donde minorías bien organizadas, sindicalizadas gobernaban y gobiernan. Cambió el objetivo, creando abanderados y mártires: carne de cañón de aprovechadores, anteponiendo la política de la violencia al estudio.

    Ello trajo aparejado los años de intervención militar frente al desmorone institucional, pero nada solucionó para el país en el mundo real.  No cambió la Universidad, continuó falseando los principios de ser apolítica, un problema enquistado, cáncer que no condice con la condición de estudiar Medicina ya que  si se quiere política, vaya donde corresponde.  Se hace perder el interés en la carrera, transformada en un tugurio político.  Se politizan  concursos con voces llegadas desde esferas ejecutivas o de otras áreas. Docentes y egresados que vieron su oportunidad fácil para crecer en esa barbarie, sin miramientos y desprecio al trabajo, lo hicieron, engendrados por ese sistema: permitió el ingreso de sujetos con peores resultados formativos.

    Se admiten estudiantes de otros países, siempre y cuando sean “perseguidos políticos”… no pensar, fin político buscado. No es necesario ser mago para saber las consecuencias de rendimiento del trabajo médico, la calidad de la atención, el trato con los pacientes, los costos y desatinos son letra corriente, la situación actual. ¿No es la sensación que se siente en el ambiente? Quien aliente ser médico, recuerde los principios de Hipócrates, porque se debe al paciente o no hay medicina. Estar al día si no, la información aplasta. Contar con nexos intra y extranacionales, con participación en ellos.  Internet nos llama a la realidad: ¿quién es esa persona en el mundo científico y médico?

    En el último siglo se  avanzó en las destrezas diagnósticas y terapéuticas. Obsérvese las presentaciones científicas, en revistas indexadas, eventos científicos nacionales y lo existente en el resto del mundo, trabajos de investigación en la misma línea. No se puede seguir con el “¡no se puede aquí!”. Tampoco encarcelados por una Universidad monopólica, fuera de la madre Tierra, donde del currículo vale la ideología, hecho incrementado en la carrera docente donde se aprecia más ese “puntaje” y  el peso del papel que califica más que el valor intelectual. La calidad académica en Uruguay es inexistente e inoperante fuera del país. Aceptar la competencia, ¡sí!. ¿Qué se vive en los hospitales? No se entiende que sin pacientes la Medicina no existe. Se suman el desinterés, maltrato, desprecio por  la corrección académica, el lenguaje, la presencia adecuada. Nos alejamos de la realidad  y la necesidad de emigrar crece, cuando antes venían a ser salvados en Uruguay. Como resultado de más de medio siglo de lo mismo, la pregunta nace sola: ¿qué hacemos?  Es otra historia

    Carlos Sarroca

    Médico cirujano

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