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Plaza Zabala, ¿de deportes? Los que vivimos en el entorno de la Plaza Zabala, lugar privilegiado si los hay, contemplamos con asombro la “remodelación de la plaza” que, dentro de un programa de revitalización de la Ciudad Vieja, y como obra del Presupuesto Participativo, ha emprendido nuestra inquieta IM con el apoyo del BID y un fondo especial del Japón.
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Constatando que en este emprendimiento revitalizador “ni pincha ni corta” la Comisión del Patrimonio, nos hemos dirigido a la misma para hacer hincapié en el absoluto desconocimiento del carácter con que se creó este espacio público. Para esto nos remitiremos a una cita de la excelente Guía de la Ciudad Vieja, publicada por Elarca en 1994.
El antiguo edificio de la primera Casa de Gobierno “fue demolido en 1880, (…) con el objetivo de crear un espacio público”. (…) “A tales efectos se contrata al paisajista francés André, quien concibe un calificado proyecto liberado de estrictos principios de simetría y centralidad y acondicionado con canteros y caminerías ondulantes, variadas especies de árboles, y un equipamiento de faroles, bancos y rejas de borde que contienen virtualmente el espacio” (Guías Elarca de Arquitectura, Tomo I, Ciudad Vieja, pág. 80).
Los canteros han sido recortados para instalar, en el lado sur de la plaza, diez aparatos de gimnasia, sumamente modernos, pero que no corresponde que estén en esta plaza por la sencilla razón de que se trata esta de una plaza de “diseño” a respetar. Con el criterio de la IM, ¿por qué no instalar también estos aparatos en los alrededores del Palacio de las Leyes, que hay canteros de sobra? ¿Por qué no en la Plaza Cagancha, ni en la del Entrevero, ni en la Independencia ni en la Matriz?
Sobran también espacios verdes sobre la Rambla Norte, desde la intersección de Ciudadela hasta, más o menos, la escollera Sarandí. Espacios más a mano de personas que salen a hacer allí ejercicio, caminatas, paseos en bicicleta y estarían muy agradecidos de poder ejercitar su musculatura sin desplazarse a un club o un gimnasio.
Cuando el desgraciado temporal del mes de setiembre tiró abajo tres de los árboles de la Zabala y uno de ellos, enorme, en su caída degolló una palmera que estaba muy próxima y cayó sobre el enrejado que la circunda, hubo que esperar que la Comisión de Patrimonio se pronunciara sobre qué hacer con esos troncos, ya truncos, ya que correspondía a su arbitrio quitarlos o dejarlos caídos sobre las rejas porque eran “patrimonio histórico”. ¿No es esto irónico?
Por supuesto que hasta ahora nadie se ha pronunciado (puede que la Embajada del Japón o el BID lo sugieran) sobre la reposición de esos árboles que se consideraban dentro del patrimonio histórico de la ciudad. Si la falta de estos no afecta directamente al patrimonio de esta, sí lo hace a la sombra de la que disfrutan quienes toman su descanso diario bajo el refugio de sus ramas, y al primitivo criterio de “varias especies de árboles” que pensó el paisajista que lo ideó.
Si hablamos de “faroles”, en el acceso sur de la Zabala, faltan, desde hace mucho tiempo, los dos que enmarcaban esta entrada, muy importante si se tiene en cuenta que todos los turistas de cruceros ingresan a la misma por este lado. Estos faroles han sido sustituidos por luces, más modernas, que iluminan la plaza en su interior, y lo hacen en forma efectiva. Pero los exteriores eran de época, o similares, y su falta afecta ese carácter histórico que queremos preservar.
Nos han prometido la restitución de los portones, también originales, que cerraban la plaza a la manera de las squares inglesas. Es difícil creer en este tipo de promesas…, lo mismo que en el “guardaplaza”, sin el cual podemos afirmar que todo el reciclaje, incluidos los aparatos de gimnasia, no van a ser perecederos sino que sucumbirán en pocos meses. La falta de cultura urbana de la población de Montevideo es proverbial. Sin el apoyo y cuidado de todos los ciudadanos/as y aun recurriendo a un sentido de pertenencia que en la capital se desconoce, toda mejora puede ser posible pero no perdurable.
De acuerdo con lo que nos ha sido expresado por funcionarios de la propia Intendencia, en el plan de este reciclaje, encargado a la empresa Arquitectura y Urbanismo SRL, lo último que se iba a ubicar iban a ser los aparatos para deportes, reconociendo que, para su cuidado y vigilancia, debería estar ya en funciones el hipotético “guardaplaza”.
Por ahora el panorama es caótico. La plaza ha sido “cerrada”, primero con pedazos viejos de chapa y troncos, después, por una protesta que fue expresada por los vecinos, con chapas nuevas de aluminio acanaladas. Nada de esto impide que, todos los días, las entradas sean violadas por los vecinos que quieren pasear, tomar el fresco y sacar el perrito a hacer sus necesidades en los canteros. Para todos, y todos los días, esta es una “plaza tomada”.
Los niños están de parabienes, ya que su exclusivo uso de los aparatos de gimnasia para hamacarse, trepar y divertirse, no tiene freno. En países con más desarrollo que el nuestro, estos aparatos son de uso para adultos y con la guía de un instructor. O sea que aquí estamos en la indefinición más absoluta de cuál será el futuro de esta plaza.
Suponemos que el “quiero y no puedo” ha sido hasta ahora una sucia muestra del cambalache vecinal que defiende nuestra Intendencia. Todo es de todos, pueden llevarse los bancos a sus casas, romper todos los días los recipientes para basura que puntualmente se reponen, tirar las bolsas de nylon para que el viento las levante y decoren los árboles.
Convertirla en un depósito infame de heces y orina, igual que las veredas del vecindario, de los perritos del barrio, sin que nadie se inmute por no llevar una bolsa para levantarlas. Creo que “cambiar para que todo siga igual” no vale la pena, ¿y a qué costo? Vale más no indagar… ¿quién dice que “Ana de todos” no haya hecho un excelente negocio con sus aparatitos de gimnasia?