Cuando Rudolph Giuliani asumió la Alcaldía de Nueva York en 1994, los índices de criminalidad estaban por las nubes. La crónica roja trabajaba a destajo gracias a que diariamente se producían media docena de asesinatos y violaciones, y los delitos violentos rozaban los 3.000 cada semana.
Al terminar su gestión ocho años después, los crímenes habían bajado 56%. Giuliani atribuyó su éxito a la política de seguridad que instrumentó ni bien tomó posesión del cargo y que es conocida como “Tolerancia cero”. Bajo ese eslogan, el entonces jefe de Policía de Nueva York, William Bratton, puso en práctica varias medidas: multiplicó la presencia de efectivos en las calles, puso énfasis en la prevención y persiguió con firmeza el incumplimiento tanto de normas graves como otras vinculadas a la convivencia, como pintar grafitis.
Sin embargo, estudios académicos cuestionan que la “Tolerancia cero” haya sido la principal causa del descenso de los crímenes, dado que en todo Estados Unidos hubo una disminución similar, aunque no tan pronunciada como la que ocurrió en Nueva York. En lo que sí parece haber consenso es en que la estrategia de Bratton con menos publicidad pero que más efecto relativo logró fue la creación de un sistema informático que permitió a la Policía “mapear” los delitos y focalizar sus intervenciones en los lugares más conflictivos.
La versión uruguaya del sistema Compstat (Computer statistics) de Bratton comenzó a funcionar en los últimos meses y las autoridades de la Jefatura de Montevideo ya recibieron los primeros informes, elaborados por el Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, con detalles geográficos y temporales de la actividad delictiva.
“En un principio se pensaba que la policía de Nueva York había salido a actuar de manera discriminada. Hoy se sabe que la policía empezó a actuar con mayor vigor en determinadas zonas y a determinados horarios”, explicó a Búsqueda el director del observatorio, Javier Donnangelo.
Al respecto, el director de Secretaría del Ministerio, Charles Carrera, dijo que el objetivo del gobierno es que los jerarcas de la Policía puedan actuar “como gerentes” y mejorar la gestión de los recursos a través de un mejor uso de la tecnología y de datos. “Estamos muy bien en cuanto al esclarecimiento de los delitos, el problema es que tenemos que mejorar la disuasión y la prevención”, explicó.
Las probabilidades.
A comienzos de abril, Donnangelo presentó a las autoridades policiales un detallado informe acerca de la criminalidad en Montevideo. Según esos datos, los transeúntes son las víctimas habituales de las rapiñas (43% de las 11.223 denunciadas entre enero y octubre de 2011).
Las rapiñas —definidas como robos con violencia o amenaza de violencia— a comercios ocupan el segundo lugar de la estadística con un 20% y las sufridas por motociclistas, el tercero (8%).
Si bien son las dos modalidades más reiteradas, las rapiñas a transeúntes y a comercios tienen diferencias sustanciales. En el caso del robo callejero la presencia de armas de fuego es del 25%, mientras que en los asaltos a negocios casi en el 90% de los casos el ladrón lleva una.
“Las rapiñas a comercios —explicó Donnangelo— no solo son más peligrosas, sino que además son obra de delincuentes un poco más profesionales. El acceso a armas de fuego supone que el delincuente está más conectado al circuito del crimen, lo que le permite hacerse con ellas”.
Esa es una de las causas que generan que “no todas las rapiñas tengan la misma probabilidad de tener un desenlace violento”. Según los datos del Observatorio, cuando un robo termina con un muerto, en el 43% de los casos se trata de un atraco a un comercio. En cuanto a los delitos en la calle, el porcentaje baja a la mitad.
Zonas.
El sistema informático instalado por el Ministerio permite conocer la distribución geográfica del delito. Hay modalidades criminales que se distribuyen de una manera “bastante homogénea” en la capital, que no se concentran en ninguna área geográfica particular.
Ese es el caso de los robos violentos a comercios, “que están desparramados en la ciudad, lo que dificulta los esfuerzos de la Policía”, dijo Donnangelo, y agregó: “Un problema es tanto más fácil de solucionar para la Policía cuanto más concentrado geográficamente y en el tiempo está”.
Tanto la rapiña a taximetristas como a repartidores están muy fuertemente concentradas en unas pocas jurisdicciones policiales. En el caso de los taxis, las seccionales que más denuncias reciben son la 17, ubicada en Casavalle, y la número 12, que cubre el área del Cerrito y Marconi.
En el caso de los robos a repartidores, el fenómeno está muy concentrado en la seccional 16, que tiene jurisdicción sobre el barrio Ituzaingó y sus zonas aledañas.
“Cierto desplazamiento”.
Tras analizar las estadísticas de los últimos años, el Ministerio detectó un fuerte crecimiento de más del 60% en rapiñas a motociclistas y a repartidores.
En el caso de las motos, la hipótesis de la Policía es que se trata de un hecho “asociado al incremento del parque automotor que se ha registrado en los últimos años”. Eso provoca que los ladrones “tengan más oportunidades para cometer estos delitos”, explicó Donnangelo.
En cuanto a los repartidores —que suelen ser camionetas que llevan productos a los negocios de venta—, el Ministerio cree que el crecimiento se debe a “un cierto desplazamiento de rapiñas que antes se dirigían contra los comercios”.
“Los hurtos violentos a comercios se han tornado más difíciles a raíz de las medidas de seguridad que han adoptado sus dueños. Se ha generalizado la contratación de guardias privados y las cámaras de vigilancia. Además, es muy probable que la proporción de comerciantes que se hayan armado aumentara en los últimos años”, sostuvo el director del observatorio.
La información obtenida ya comenzó a ser utilizada por la Jefatura capitalina. “A partir de los indicadores del Observatorio, empezamos con las primeras medidas. Una de las comisarías que comenzamos a trabajar es la Seccional 17. Se la dotó de mayor cantidad de oficiales y de personal y de más móviles”, declaró el jefe de Montevideo, Diego Fernández, a “El País” el viernes 13.
“Óptica gerencial”.
El objetivo principal del Ministerio es lograr que luego de varios años de crecimiento, la criminalidad alcance “una meseta” para luego comenzar a bajar. El gobierno considera que el hecho de que entre 2010 y 2011 los delitos aumentaran 7%, cuando antes lo hacían a una tasa superior, es una demostración de que se está cerca de lograr el primer objetivo.
“Bajar los delitos no va a ser algo inmediato, ni en tres o cuatro meses”, advirtió Donnangelo. “Creo que, en la medida en que el accionar policial comience a estar más focalizado en los territorios y en los momentos de la semana en los que la actividad delictiva se intensifica, es posible ir estabilizando la curva de crecimiento”.
Las autoridades ministeriales aspiran a que la apuesta a la tecnología permita “profesionalizar” el trabajo en materia de seguridad pública. Según Donnangelo, “por primera vez se cuenta con herramientas que permiten generar información sobre estos aspectos, manejando estadísticas sobre las coordenadas espaciales y temporales del delito. Eso es de enorme importancia para el proceso de operativa policial”.
Para Carrera, “la actividad policial hoy debe ser vista desde una óptica gerencial más proactiva que reactiva”.
Con ese fin, a principios de mayo, más de 15 años después de que Giuliani y Bratton aplicarán el Compset en Nueva York, el Ministerio del Interior organizará un taller dirigido a las autoridades policiales y a los comandos de todas las jefaturas departamentales, en el que especialistas como el criminólogo británico Lawrence Sherman les explicarán las ventajas de apoyarse en ese tipo de sistemas informáticos para mejorar la prevención y disuasión del delito.
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2012-04-26T00:00:00
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