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    La argentina con ojos de videotape que filmará "La uruguaya"

    Ana García Blaya dirigirá la adaptación al cine de la novela de Pedro Mairal

    Hubo un tiempo en el que Ana García Blaya sabía qué palabra prefería no usar para describirse: cinéfila. Vale suponer que descartaba el término por los requisitos, algo pomposos, que se espera de un cineasta que decide cargar con él. O, tal vez, porque su cinefilia no fuera una que se alimenta de prácticas como arrojar, al tuntún, los nombres de los grandes maestros del cine o los títulos de películas no canónicas difíciles de encontrar. La cinefilia de García Blaya es, en cambio, propulsada por los videos y una infancia en la década de 1990 bajo la popularización y el apogeo de la televisión como entretenimiento familiar.

    Filmaciones caseras, videoclips de MTV, películas de Jerry Lewis y capítulos de Los Simpson y Caiga quien caiga recopilados por su padre en videocasetes y enviados desde Argentina a Paraguay, donde García Blaya vivió de pequeña junto a su madre y hermanos, sedimentaron su interés por el cine. Son, también, parte de los recuerdos que inspiraron su primera película, Las buenas intenciones, con la que la directora irrumpió en la industria audiovisual en 2019.

    A Las buenas intenciones se la podría definir como la ópera prima soñada. Tuvo un rodaje para el recuerdo (emocional y, cuándo no, sacrificado); un recorrido celebrado por festivales de cine internacionales y una vida virtual posterior conquistando cada vez más espectadores, ya sea en plataformas legales —desde Uruguay se puede ver a través de Flow— o en las de la otra clase, donde también ha empezado a multiplicarse debido al clamor del boca a boca entre internautas.

    Como toda primera película, Las buenas intenciones también es una obra cargada de un tinte muy personal. La cineasta ficcionó parte de su infancia y la de sus hermanos en Argentina como hijos de padres separados, al mismo tiempo que retrató a la figura errática, aunque querible, de su padre, Javier García Blaya, líder de la banda Sorry, quien murió en 2015.

    “No fue un rodaje tradicional”, recordó Blaya en conversación con Búsqueda. “Quienes participaron y me acompañaron en eso, que era un rodaje y a la vez un proceso de duelo, estaban tan metidos que lo convirtieron en algo raro, amoroso, como deberían ser las piezas artísticas”.

    En el slice of life de García Blaya se encuentra el homenaje a la crianza atípica de un padre, la resiliencia de una madre contra las cuerdas y también una mirada infantil que habita plenamente un territorio adulto con más sosiegos que preocupaciones.

    “(Su muerte) fue lo que impulsó a que agarrara ese guion que tenía escrito hace diez años”, recordó García Blaya. “Estaba muy feliz con el texto. Mi viejo lo llegó a leer. No había demasiado presupuesto, entonces la creatividad para hacerlo tuvo que salir. Lo que aprendí de mi viejo es eso, la creatividad que sale cuando los recursos económicos son acotados”.

    La familia de Las buenas intenciones está en constante movimiento y construcción. Una vida itinerante entre conversaciones en disquerías, asados con guitarreadas y el visionado colectivo de una película en la televisión desde la cama. Conviven, además, imágenes de archivo tomadas por el propio padre de la directora junto con otras que emulan la sensación de crecer en la era del VHS.

    Las buenas intenciones es, además de un estupendo debut, la película que llevó a García Blaya a su próximo proyecto: la adaptación al cine de La uruguaya, una novela escrita por el argentino Pedro Mairal. La uruguaya sigue un día en la vida de Lucas Pereyra, un escritor en plena crisis de pareja y profesional que viaja a Uruguay en busca de dólares pero también de un amorío de verano que quedó en este lado de la orilla.

    En diciembre del año pasado el escritor y editor Hernán Casciari anunció, tras adquirir los derechos para adaptar el libro, que La uruguaya sería realizada bajo un formato de producción y financiación colaborativa atípico.

    El proyecto, el primero de la productora Orsai Cine, logró recolectar US$ 600.000 para un presupuesto inicial de la mano de 1930 “productores asociados”, quienes forman parte de la toma de decisiones en la película, tanto en el casting como en la búsqueda de locaciones.

    La producción de La uruguaya se ha convertido en un fenómeno aparte, tanto por la popularidad de la figura de Casciari, el éxito de ventas del libro de Mairal y la propia comunicación del emprendimiento. Existe un blog exclusivo para los productores asociados en el que se mantienen al día con las elecciones, así como un podcast oficial en el que se va relatando, a una audiencia general, el avance del proceso. También se encuentran allí entrevistas a otros talentos involucrados en la filmación como el uruguayo César Charlone, quien codirigirá la fotografía de la película junto a la argentina Yarará Rodríguez.

    García Blaya había seguido con atención y hasta participado en proyectos previos de Casciari, como la publicación de su revista Orsai, de la que supo ser lectora. Fue el escritor argentino, junto a su socio Christian Basilis, quienes la reclutaron. “Se conmovieron con Las buenas intenciones y me llamaron”, explicó la directora. “Ellos y yo somos bastante novatos. Tengo la experiencia de haber hecho mi primera película, pero estamos juntos en esto entendiendo y aprendiendo”.

    Con un rodaje planificado para octubre, La uruguaya continúa en etapa de preproducción y el foco está puesto en la instancia de casting. García Blaya comenzará a supervisar la selección de los actores (de forma virtual y remota) mientras se encuentra a la espera de los últimos retoques del guion, que hasta ahora ha pasado por las manos de varios libretistas: Basilis, Josefina Licitra, Melania Stucchi, Sofía Badia, Alejo Barmasch, Juan Games y Marcos Krivocapich.

    La cineasta se mostró no solo confiada en el equipo armado, entre los que destaca la asistente de dirección Ana Laura Gussoni y la directora de arte Marlene Lievendag, sino también fascinada por el proceso colaborativo. “Como en Las buenas intenciones, la gente quiso acompañarme en ese proceso. Esta no es mi historia, pero confío en que las personas que están involucradas quieren hacerlo. Todo está dado de una forma en la que no debería salir mal”, aventuró.

    Uno de los aspectos del proyecto que García Blaya señaló como atractivo es el desarrollo que tendrá el personaje de Magalí Guerra. Mientras que el libro reconstruye un día en la vida de Lucas, la película también hará hincapié en el día de Guerra. De acuerdo a la cineasta, el título La uruguaya cobrará otro significado de acuerdo a la reinterpetación que se hará del texto original.

    “Me sorprendió que me hayan elegido a mí, que soy mujer, para contar la historia de un libro cuyo protagonista es un varón y cuyo escritor es varón”, compartió García Blaya. “Me pareció una buena señal de que iban a escuchar la mirada de una mujer y tratar de entender que el personaje de Guerra y otros personajes femeninos del libro van a ser más escuchados”.

    La directora también adelantó que la película contará con días de rodaje en Valizas, una cuestión que tenía en vilo a varios de los productores asociados, especialmente uruguayos. En la novela, el balneario rochense es donde los personajes de Lucas y Magalí se conocen en el marco de un festival literario.

    Con tres semanas de rodaje en Uruguay y una semana en Buenos Aires por delante, la directora se mostró tan impaciente como tranquila. El intercambio con sus pares y una caravana de productores se ha convertido en parte de su rutina diaria.

    “Tengo ganas de tener tiempo para llegar óptima al rodaje”, confesó. “Lo que sí me gustaría transmitir cuando filmemos es esa cosa horizontal del set. El cine es muy verticalista. La palabra ‘jefe’ siempre fue muy impregnante. Me encanta la transparencia propuesta por Hernán (Casciari) en este sistema de producción audiovisual. Esa cosa de que todes podamos apoyarnos en todes me gustaría trasladarlo”.

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