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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs increíble cómo nuestra visión de la cotidianidad cambia cuando estamos con extranjeros. Hace unos días conocí a una pareja de austríacos que, como turistas, caminaban por 18. Mucho me entusiasmé contándoles sobre nuestro excelente art déco y la historia iniciático-alquimista que hay detrás del Palacio Salvo, su gemelo en Buenos Aires, el Solís, etc.
En la medida en que mostraba orgulloso nuestra principal avenida, comencé a ver la mugre, los cestos desbordados, el insoportable olor a orina, las innumerables personas durmiendo en las veredas, solas, en parejas, en grupos de dos o tres, bajo improvisadas carpas o sobre cartones o dentro de cajas, rodeados de sus pertenencias y perros, en improvisados campamentos en las entradas a locales en alquiler o bien en las veredas, donde además orinan y defecan ante la mirada atónita de los transeúntes. Los contenedores vaciados por estas personas que con total naturalidad abren las bolsas buscando comida u objetos, dejando un desastre. Los quioscos, desvencijados, llenos de grafitis con nylons improvisados prendidos con palillos de ropa. Un espectáculo dantesco.
Me pregunto: ¿no pagamos, los uruguayos, cientos de millones de dólares al Mides? ¿No existe fiscalización de la intendencia sobre los ambulantes, que si no pagan alquiler, por lo menos deberían exigirles un aspecto aseado a sus quioscos o puestos?
Los cuidacoches pululan con su actitud amenazante sobre los automovilistas, que, además de pagar sus impuestos y el estacionamiento tarifado, son amenazados por estos personajes si no se les da la propina que ellos entienden adecuada. Tal como lo afirmó el director nacional de Policía, ellos seguirán avanzando y el resto seguirá cediendo hasta que alguien se digne aplicar leyes que defiendan a los contribuyentes y obliguen a los parásitos a cambiar su camino y convertirse en elementos útiles a la sociedad. Si no hay estimulo por el bien hacer y represión a los antisociales vamos directo a convertirnos en otra Cuba o Venezuela. ¿Es lo que queremos?
Eduardo Zeballos