El jueves 8 comenzó a regir la rebaja del combustible realizada por Ancap, lo que implica una reducción de entre 2,9 % y 5,5 %, dependiendo del producto. Para los productores, sin embargo, la baja es “insignificante”.
El jueves 8 comenzó a regir la rebaja del combustible realizada por Ancap, lo que implica una reducción de entre 2,9 % y 5,5 %, dependiendo del producto. Para los productores, sin embargo, la baja es “insignificante”.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA partir de la semana pasada el gasoil pasó a costar $ 37,1 por litro, mientras que el queroseno y la gasolina súper tuvieron una disminución que ubicó sus valores en $ 29,1 y $ 40,6, respectivamente. La gasolina premium disminuyó su costo a $ 41,61 por litro, en tanto que la baja del precio del supergás y del fuel oil se mantuvo estable.
La decisión de la empresa estatal es “bienvenida”, pero es “insignificante” desde el punto de vista de los costos, dijo a Campo el productor Tomás Molina. En primer lugar, argumentó, el combustible tiene un peso menos significativo en el total de los gastos si se lo compara con otras variables, como los insumos y la renta de la tierra. Este último factor es lo que “mueve la aguja del negocio”, señaló. En segundo término, consideró que la baja realizada por Ancap podría haber sido más relevante, dado la caída del valor que el petróleo tuvo a escala internacional.
“Algo va a aliviar, pero se esperaba un poco más”, dijo por su parte el presidente de la Cámara Uruguaya de Servicios Agropecuarios, Juan Maisterra y otros empresarios rurales consultados por Campo.
El contratista comparó la baja hecha por Ancap con la registrada en Chile, donde el precio del combustible disminuyó en el orden del 35%, una cifra que se ajusta más a la caída del precio del petróleo internacional.
El valor del petróleo bajó de U$S 100 a U$S 50 el barril en los últimos meses.
En cualquier caso, la baja de los combustibles realizada por Ancap no compensa la caída de los precios que han tenido los granos en los últimos meses, evaluó Molina. “Los números de los cultivos de verano son sumamente ajustados”, apuntó.
El precio de la soja se ubica alrededor de los U$S 360, mientras que el año pasado llegó a valer encima de los U$S 500.
A esta situación se agregan los malos rendimientos y la mala calidad obtenidos por los productores con los cultivos de invierno, más precisamente con el trigo, cuyo precio también cayó. Molina, al igual que otros productores, perdió en el entorno de U$S 160 por hectárea en las zonas que plantó trigo. “Estamos con la luz amarilla prendida”, advirtió con respecto a la perspectivas del sector.
Esta situación desistimula las inversiones extranjeras que apuestan al campo uruguayo, lo que en un futuro puede constituir un problema. “Cuando el negocio deja de dar, ellos se van”, y eso perjudica a todo el agro, lamentó Maisterra.