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Al hacer un diagnóstico sobre el sector financiero uruguayo, los expertos de dos organismos internacionales —el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)— llegaron a similares conclusiones que muchos de los ejecutivos bancarios: los costos son altos, especialmente los laborales, la rentabilidad es magra y algunas regulaciones limitan el negocio. También piensan que la situación de “cuasi monopolio”con que actúa el estatal Banco República (BROU) en algunos nichos del mercado es contraproducente.
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Si bien Uruguay atravesó una fase de “extraordinario dinamismo” económico en la última década, el volumen de negocios del sistema bancario —medido como la suma de créditos y depósitos— apenas acompañó el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), señala un documento del BID fechado en setiembre, al que accedió Búsqueda. Los préstamos a familias y empresas no financieras reprentaron 25% del PBI en 2013, mientras que en los años previos a la crisis de 2002 eran 50%, agrega.
La banca local mantiene posiciones “muy líquidas, con muy baja transformación de depósitos a crédito, baja morosidad y buenos niveles de cobertura”, resume. La dolarización de los préstamos se mantiene elevada. Y en términos de cobertura del sistema, la infraestructura presenta “deficiencias” ya que, por ejemplo, en los últimos años el número de sucursales cada 100.000 personas prácticamente se mantuvo (en 12,8), mientras se duplicó en la región (a 23,1).
Así, el “bajo dinamismo del negocio bancario y una regulación exigente, que restringe la capacidad de rentabilizar los activos, han afectado la rentabilidad del sistema en los últimos años”, según el BID. Más aún, afirma que el nivel de eficiencia del sector en Uruguay es de los peores de la región: la relación entre costos e ingresos supera el 70%, frente a cerca de 55% en Chile y entorno a 40% en Colombia. Esta realidad se puede explicar por los “elevados costos laborales a los que está sujeto el sistema”. También inciden otros factores, como la abundancia de activos “condicionada por la estructura de pasivos —depósitos fundamentalmente a la vista—”; un “régimen de encajes exigente que reduce los fondos de libre disponibilidad, sumado a una remuneración inferior a las tasas de mercado (sobre todo en moneda nacional) que afecta el retorno total de los activos; y un requerimiento de capital “crecientemente exigente y que podría estar desincentivando” los préstamos, explica. Juegan además “factores estructurales”, como el “elevado grado de informalidad de la economía”, la “baja capacidad de ahorro” de la población y la “pequeña escala” del entramado empresarial.
“Los factores propios de la industria financiera son los que contemplan el grado de competencia y eficiencia que presenta el sistema, el desarrollo de la infraestructura y el acceso, y la participación de entidades estables y solventes. En el caso de Uruguay, uno de los factores preocupantes son los bajos márgenes de rentabilidad que registran las entidades financieras en los últimos años, explicados en parte por el peso de los costos salariales (40% del ROA) y de la elevada liquidez que mantienen los bancos”, remarca el BID en el informe preparado por los especialistas José Demichelis, Ramón Guzmán Zapater, María Fernández Diez, Gloria Lugo y Pablo Carrión. El ROA es un ratio que relaciona las ganancias respecto a los activos.
Todo esto ha derivado en tres fenómenos, plantea el organismo. Primero, las “marcas globales” redujeron su “exposición a Uruguay”. Segundo, hubo fusiones y adquisiciones para generar economías de escala. Y tercero, algunos bancos adquirieron administradoras de crédito buscando allí ganancias “muy superiores” a la del promedio de la actividad bancaria.
Concentración.
En el marco del monitoreo anual de la economía uruguaya que hace el FMI, algunos de sus técnicos analizaron aspectos de la actividad financiera local. Un informe, preparado por los especialistas Federic Lambert y Diva Singh y liberado la semana pasada, coincide en varios puntos con el diagnóstico del BID.
Marca, entre otras cosas, que el crédito al sector privado en Uruguay es bajo en una comparación regional y también con países similares. Asimismo, el “alto grado” de dolarización financiera puede afectar la dinámica de la oferta y la demanda de crédito. La “herencia” de la crisis de 2002 quizás explique algunas de estas dinámicas, agrega.
Debido al “alto grado de concentración, el crédito bancario en Uruguay es caro”, señala el FMI.
La ausencia de una relación significativa entre la oferta de crédito en pesos y la tasa de interés puede ser interpretada como el resultado de la “naturaleza cuasi-monopólica” del mercado, en el que el BROU controla casi la mitad. Hay, además, una “historia de elevada inflación y devaluaciones” que indujo a los uruguayos a preferir el dólar como moneda de ahorro.
El FMI observa que la situación de los préstamos en dólares es diferente, ya que la oferta puede acomodarse a cualquier nivel de demanda y las tasas de interés se determinan por las tasas en Estados Unidos más una prima de riesgo.
Hacia adelante, el organismo entiende que la ley de “inclusión financiera” —que empezó a aplicarse gradualmente en 2014— puede ayudar a estimular el crédito en moneda nacional por la vía de la generalización de las cuentas bancarias para el pago de salarios y una mayor competencia entre los bancos por esos clientes que podría hacer bajar las tasas de interés.
A modo de recomendación, el FMI afirma que el gobierno podría fomentar más la competencia en el mercado en pesos, ampliando las oportunidades para que los bancos privados compitan por las cuentas del sector público. Eso podría permitir mejores condiciones para el crédito y una reducción de los costos financieros para el propio Estado, alega.
Del mismo modo, según el documento, una mayor competencia podría ayudar a fomentar una relación más estrecha entre las tasas activas y los préstamos bancarios en pesos, y de ese modo hacer que la política monetaria sea más eficaz.