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    La candidatura de Constanza Moreira

    Sr. Director:

    Los ataques que la ahora precandidata del Frente Amplio Constanza Moreira sin duda recibirá  por parte de la derecha no son de extrañar. Son en definitiva ataques por elevación a la fuerza política que ella también representa.

    No sucede lo mismo cuando esos ataques provienen de integrantes del Frente Amplio, su propia fuerza política. De ahí que sea interesante preguntarse: ¿qué es lo que allí se ataca?

    Aventuremos algunas respuestas.

    Se la ataca, creo, porque trajo al escenario político interno de la izquierda progresista uruguaya una verdad que incomoda. Porque su irrupción como precandidata hizo evidente una verdad que, aunque la inmensa mayoría de las dirigencias políticas la saben, pocos quieren reconocer. Matemos, entonces, al mensajero, parece ser la consigna inconfesada de aquellos que la atacan o pretenden descalificarla. Ataquemos, descalifiquemos a quien se atreve a decirnos que el Rey está desnudo.

    Antes de aventurarme a tratar de definir lo nuevo, las verdades incómodas que nos trajera Constanza Moreira, algunas cosas previas.

    Es cierto, nadie ni siquiera Constanza lo pone en duda, que su trayectoria partidaria —no su compromiso político—, es reciente. Tanto quizás como su irrupción en el Senado nacional a partir de integrar la lista del Espacio 609. Eso que para muchos parece ser un desmérito que la descalifica para liderar la propuesta de la izquierda en las próximas elecciones, en realidad, puede no serlo. En su caso, claramente en mi opinión, no lo es.

    Los que desde que tenemos memoria tienen una larga trayectoria política, salvo que existan “cursos rápidos en política”, también tienen una larga trayectoria biológica. Por lo que de atenernos a esa lógica, de ascensos por “antigüedad”, debería incluirse en los estatutos de la izquierda que solo los “veteranos” tienen derecho a aspirar a los más altos cargos políticos.

    En algún lado leí que para la biología celular la constante renovación del cuerpo humano hace que renovemos nuestros glóbulos rojos cada 120 días, las células de la piel  cada 15 días, y nuestro esqueleto cada 15 años. ¿Cuáles son los plazos de la renovación del cuerpo político?

    Reconozcamos que Constanza no es esa nueva renovación del esqueleto de la izquierda que tiene asegurada una vida de 15 años. Pero reconozcamos, también, que es la que nos dice que hay que pensar que la renovación es buena, necesaria e inexorable. Y sobre todo que esa renovación es un cambio que paradójicamente debe asegurar la continuidad.

    Constanza no es entonces una candidata “natural”. Porque no lo es, seguramente se miró largamente en el espejo —aquel que una vez sí y otra también, aconsejaba Hugo Cores mirarse en él—, para no olvidarse de dónde se viene para no errar a dónde se quiere ir.

    Algo de lo que en él vio reflejado, seguramente, la hizo dudar y evaluar mucho, si este desafío en el que hoy transita no le quedaba grande. Creo que lo que finalmente determinó su decisión de desafiar y sobre todo ser la “mensajera” de la “novedad” no fue lo que vio, sino lo que debió sin duda percibir: que no estaba sola.

    Constanza es “otra” cosa en el escenario político uruguayo, al igual que lo fue en sus inicios el propio Frente Amplio. Y eso, reconozcamos, no es mérito exclusivo de ella. Es otra cosa, porque la izquierda, para un núcleo importante de gente, empezó a ser “una cosa extraña”.

    Esa otra cosa, que encarna Constanza y que representan las distintas fuerzas que se nuclean tras su candidatura, es una propuesta de cambio con más energía, más peleadora, con más renovación generacional.

    Constanza, se vacunó contra la fuerte y persistente tentación de la resignación. Quienes vemos que con ella tenemos la esperanza de construir un mundo nuevo con acción política permanente, debemos ser también el antídoto para esa tentación de ser administradores del Estado, pensándolo con la propia ideología del Estado que queremos cambiar.

    Tenemos dos candidatos y un solo programa. La diferencia, nos dicen, está en los “énfasis”, los “estilos” que cada una de las opciones pondrá a la hora de llevar a la práctica ese único programa. Un eufemismo para decir que el candidato hará lo que quiera y como quiera. 

    Constanza ha puesto en su acción en el Senado sus “énfasis” y sus “estilos”. Entonces tengamos claro, que la verdad que nos trae la mensajera Moreira, la que nos dice que el Rey está desnudo, es que hay un sector importante dentro de la izquierda que reclama esos “énfasis”, ese “estilo” en la fuerza política que llevará adelante el tercer gobierno de la izquierda.

    Atacarla, intentar matar al mensajero de eso, no soluciona el tema de fondo, solo lo barre bajo la alfombra. Y eso no es bueno.

    La irrupción de la propuesta política que encarna la candidatura de Constanza es desafiante y a la vez un desafío: El de trascender la coyuntura puntual de una contienda electoral interna de la izquierda y de seguir siendo el trafoguero que mantenga el fuego de la esperanza.

    Raúl Olivera Alfaro