Además de recaudar más, el Poder Ejecutivo sostiene que los cambios tributarios que impulsa en la Rendición de Cuentas apuntan a profundizar la equidad al aumentar la carga sobre las personas de mayor ingreso.
Además de recaudar más, el Poder Ejecutivo sostiene que los cambios tributarios que impulsa en la Rendición de Cuentas apuntan a profundizar la equidad al aumentar la carga sobre las personas de mayor ingreso.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáActualmente el IRPF (renta sobre los salarios y el capital) y el IASS (renta de los pasivos) tienen un efecto sobre la distribución del ingreso que la hace algo más igualitaria, lo cual se puede medir calculando el coeficiente de Gini antes y después de impuestos. Ese indicador —que vale uno cuando el ingreso está más concentrado y 0 cuando tiene un reparto equitativo perfecto— se ubicó en 2015 en 0,386: parte de la distribución que refleja está dada por un efecto de los tributos que el gobierno calcula en 2,15%. De aprobarse las modificaciones al IRPF y al IASS propuestas en la Rendición de Cuentas, dicho efecto pasaría a ser mayor, de 2,78% sobre el coeficiente de Gini, indicó el Poder Ejecutivo en los análisis que acompañaron el proyecto de ley presentado la semana pasada.
De hecho, explica que el 90% de la recaudación adicional —de 25% entre IRPF e IASS— provendrá de las personas que pertenecen al 10% más rico de la población. También hace énfasis en que solo el 23% de los trabajadores formales (17% si se cuentan los informales) pagará más por sus salarios y serán 7,4% los pasivos con mayor carga.
Tomando en cuenta un caso hipotético de un trabajador que no haga deducciones por los gastos de sus hijos u otros conceptos más allá de los aportes jubilatorios, la contribución en todo el año (computando el aguinaldo y el salario vacacional) llegará a representar, en el caso de los sueldos más altos, la cuarta parte del ingreso total gravado, frente a un quinto en la situación actual, calculó Búsqueda.
Por ejemplo, una persona que gana $ 300.000 nominales al mes (unos $ 209.000 “en la mano”, es decir hechos los descuentos) deberá pagar IRPF por $ 1.019.000 en todo el año con los cambios en las franjas y tasas que tiene a estudio el Parlamento. Eso es 25% de la remuneración anual, contando aguinaldo y salario vacacional.
El IRPF se cobra sobre franjas o tramo del ingreso personal con alícuotas cada vez más altas, pero a partir de un monto que actualmente es de $ 33.400 nominales al mes (o $ 26.500 líquidos). Quienes perciben esa cifra al mes, que es el límite de la “primera franja” del impuesto, tributan en el año unos $ 9.300 por IRPF, el 2% de sus ingresos totales. Su situación no se modificaría el año próximo de aprobarse el proyecto.
Los sueldos de $ 50.000 nominales, de aprobarse los cambios la carga de IRPF, en todo el año incrementarán, del equivalente a 7,8% del ingreso laboral, a 8,4%. Es en estos niveles salariales donde empieza a crecer la presión anual con las modificaciones propuestas.
Los asalariados que cobran $ 60.000 nominales pagarán 11,3% de sus ingresos si se aprueba la modificación, frente al 9,6% actual. La carga pasa de 14% a 18% para quienes cobran $ 120.000 nominales, de 15,1% a 19,4% en los de $ 150.000, y de 17% a 21,7% para los de $ 200.000.
En un análisis sobre esos efectos económicos publicado el jueves 9 en el blog Razones y Personas bajo el título “Cambios en el IRPF: ¿Estamos matando la gallina de los huevos de oro?”, los economistas Marcelo Bérgolo y Gabriel Burdín relativizaron ese tipo de análisis.
“Quienes aseguran que incrementar los impuestos a los sectores de ingresos elevados es tan ineficiente como ‘juntar agua en un colador’” están implícitamente asumiendo niveles de reacción (elasticidad) frente a una mayor presión del fisco demasiado altos, sostienen. “Cuidar la gallina puede ser importante. No dejarla engordar demasiado, también”, concluyen.