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    La casa de papel

    Un tesoro en el Parque Batlle: la Biblioteca Cervantina Xalambrí

    Un retrato de Cervantes hecho de puntitos en relieve, seguido de cientos de miles de caracteres táctiles. Es el primero de una docena de tomos de una edición braille de Don Quijote de la Mancha, impresa en Madrid en la década de 1940. En el mismo estante, varias publicaciones de gran porte, la mayoría divididas en fascículos. Es el primer anaquel de una colección de 2.860 títulos de y sobre Miguel de Cervantes Saavedra (hay 663 de El Quijote). Esas habitaciones guardan más de 13.000 volúmenes relacionados con el máximo literato de la lengua española. La mayor colección de América del Sur, que desde 2017 integra el registro Memoria del Mundo de la Unesco. Hay Quijotes en más de 30 idiomas, entre ellos inglés, francés, alemán e italiano; en latín, griego, hebreo y euskera, además de chino, árabe, sueco e islandés. Las ilustraciones son de más de 40 artistas plásticos de todo el mundo. Incluso hay cuadernos escritos a mano en guaraní y una edición en esperanto titulada Don Kihoto de Mancujo, traducida al proyecto de lenguaje universal en 1905. “Eldono de la Grupo Esperantista Murcia. Prezo: 50 centimoj”, reza la primera página. Un tomo de El Quijote impreso en Bélgica por la casa Velpius en 1611 (aún en vida de Cervantes) es la joya más valiosa.

    Estas imágenes son apenas un pantallazo de la colección cervantina de Arturo Estanislao Xalambrí, el bibliófilo uruguayo que acumuló tal demencial cantidad de libros relacionados con el Manco de Lepanto que motivó la reciente declaración de Montevideo como Ciudad Cervantina (la cuarta en el mundo), por la Asociación Mundial de Cervantistas. El nombre de Xalambrí sonó fuerte en la primera mitad del siglo XX, luego fue cayendo en el olvido y resurgió en los últimos años, con dicha declaración, el Festival Cervantino —cuya su segunda edición tiene lugar actualmente— y con el reciente estreno de El Quijote del Plata por el Ballet Nacional del Sodre, pieza original inspirada en el coleccionista.

    La Biblioteca Cervantina Xalambrí fue donada en el 2000 por la familia del bibliólogo a la Universidad de Montevideo, que la destinó al Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (Cedei), inaugurado en 2015. La casa, ubicada en Cataluña y Ricaldoni y abierta a todo público, está repleta de libros. Unos 50.000, según la bibliotecóloga Daniela Vairo, que trabaja allí desde cuatro años antes de su apertura, como responsable de catalogar su acervo. Junto a la de Xalambrí, allí están las colecciones del escritor y teólogo Alberto Methol Ferré, el historiador Juan Pivel Devoto y el investigador Rolando Laguarda Trías, experto en temas geográficos, militares y cartografía histórica.

    La colección Xalambrí aún no catalogada totalmente incluye también una edición del Quijote impresa en Amberes en 1738, otra de la Real Academia Española de 1780, otra de John Bowle —considerado el primer comentador de la obra— editada en Londres en 1781. También contiene obras de Cervantes como Persiles y Segismunda, La tía fingida, Viaje del Parnaso, La Galatea, Tragedia de Numancia, los célebres Entremeses y Novelas ejemplares, además de unas 2.000 obras sobre crítica y análisis de Cervantes y el género novela de caballerías. Títulos como Cervantes teólogo, Cervantes marino, Cervantes viajero, Cervantes y el Evangelio o Cervantes en ciencias médicas. El universo cervantino se plasma en tomos como Historia clínica de Cervantes, Animales y plantas en El Quijote o Cervantes y el Derecho de Gentes.

    Entre tantas curiosidades, hay dos tomos hechos de corcho (tapas y hojas), un ejemplar en japonés dibujado a mano, y otro en catalán ilustrado por Salvador Dalí.

    Vairo pasa las páginas con extrema precaución y destaca el buen estado de conservación de la colección, por su “integridad y uniformidad temática”. Los tomos están ordenados tal cual lo dispuso Xalambrí, lo que configura un recorrido físico, a modo de laberinto. Incluso se mantuvo la indexación original, con un código diseñado por el meticuloso coleccionista. Muchos ejemplares contienen el exlibris de Xalambrí (algo así como la marca identitaria de un coleccionista), una ilustración en la que destaca el cerro de Montevideo.  

    Notas y papeles.

    Para Fernando Aguerre Core, director del Cedei, esta colección, “muy rica en rarezas y ejemplares de singular belleza y enorme valor artístico”, tiene un “enorme potencial académico” aún no aprovechado. “Hay miles de libros con anotaciones de Xalambrí y otras personas e incontables papeles entre sus páginas, todo un tesoro a descubrir, de gran provecho intelectual para futuras generaciones y estudiosos del cervantismo”. Este patrimonio bibliográfico está asegurado en varios cientos de miles de dólares. Aguerre subraya que además de los libros está la colección de diarios y revistas (más de tres mil recortes), cuadernos de notas, fotografías y objetos de arte, expuesta parcialmente en las vitrinas de la casa, pero que bien podrían ser materia de una gran muestra. Hay estatuas, cuadros, bustos de Cervantes y del Quijote, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.

    El director del Cedei se apasiona cuando menciona la numerosa correspondencia que Xalambrí mantuvo con intelectuales, investigadores cervantistas y personalidades como Juan Sedó Peris-Mencheta, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos Alberto Pueyrredón y el cardenal y arzobispo de Montevideo Antonio Barbieri, material que aún no ha sido estudiado completamente, y que según Aguerre será publicado en un libro. 

    La vida de Xalambrí está expuesta en esas bibliotecas. En especial su acérrimo fervor cristiano, tallado a mano en una gran biblioteca que ocupa todo el ancho de una de las habitaciones: “Idealiza la realidad. Cristianiza el ideal. ¡Alcánzalo!”. Y en un enorme atril de madera donde reza “Luchar por Cristo es liberar”. O en uno de sus dichos destacado en una semblanza confeccionada por el Cedei: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del Diablo que de Dios”.

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