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La democracia “renació” en 1985 en medio de “severísimos problemas económicos” heredados de la última dictadura, delicados temas políticos y sociales “no resueltos”, mientras entre los uruguayos había un “sentido apocalíptico”. La recuperación de la confianza fue clave en ese proceso.
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Ricardo Pascale, quien presidió el Banco Central del Uruguay en el primer período de gobierno tras el último régimen de facto y en 1995-1996, plantea ese enfoque en su libro “Economía y confianza: Cómo se evitó el derrumbe 1985-1989”, lanzado el jueves 6.
El ex titular del Banco Interamericano de Desarrollo y actual secretario general Iberoamericano Enrique Iglesias, el vicepresidente de la República, Danilo Astori, y también el escritor e historiador Carlos Maggi, coincidieron con ello al intervenir en la presentación.
Pascale —contador con estudios de posgrado en Economía aplicada y Finanzas— describe minuciosamente en su libro el complejo panorama que enfrentaba Uruguay a la salida de la dictadura y defiende las medidas políticas y económicas tomadas por el primer gobierno de Julio Sanguinetti.
Había, según relata el autor, una sensación de “desborde de precios y tipos de cambio, y de un gran descarrilamiento de la economía”. El Producto Bruto Interno (PBI) había caído 15,7% entre 1982 y 1984, más de 13,6% de la población activa estaba desocupada, la inflación se aceleraba y había llegado a cifras de 70% anual, el déficit de cuenta corriente equivalía a 2,5% del PBI y la deuda pública y privada, sumada, era similar a la del tamaño de la economía uruguaya en ese último año. Además, algunos bancos aumentaron los riesgos en su cartera y, de hecho, varios estaban quebrados o en vías inexorables de quebrar a fines del gobierno militar, por lo que la solución “quedó para el gobierno democrático”, agrega Pascale.
“En suma, en paraclínica se advertían muy severos desequilibrios macroeconómicos, tanto en el frente interno como en el externo, que imponían restricciones serias al manejo de la economía. Ello se unía a un empobrecimiento de la población y a un atascado funcionamiento microeconómico, tanto en el ámbito de empresas no financieras como financieras”, apunta.
Ante ese panorama crítico, explica, una “gran prioridad gubernamental fue restaurar la confianza pública” —que se encontraba “en su fase de destrucción y abarcaba todos los niveles, ya sea el interpersonal, el grupal y el sistémico”—, porque “sin ella, no se lograrían los objetivos que la sociedad demandaba”.
Pascale sostiene que en el retorno a la democracia, un primer determinante de la confianza fue la “capacidad de buscar y de lograr consensos”, pero también la “defensa de valores”, el fortalecimiento de los partidos políticos, la existencia de liderazgos, la conformación de equipos de gobierno responsables y con “competencia y conocimiento”, y el “andamiento de la economía”.
Así, añade, la confianza pasó de “efecto” a “causa en el Uruguay democrático” y eso contribuyó a una “revitalización económica”.
Emoción y economía.
Maggi comentó en la presentación que el libro muestra “cómo importan los factores psicológicos en la economía”.
Iglesias, quien también integró el primer gobierno tras el restablecimiento democrático en la posición de canciller, elogió el trabajo de Pascale por incorporar la confianza, un “elemento intangible”, en el intento de conocer los fenómenos sociales. Y agregó: “Eso está hoy muy de moda, porque nos damos cuenta que de alguna forma la ciencia económica se ha quedado un poco atrás en la comprensión de los fenómenos económicos”.
“Si hay algo que se ha perdido en Europa es la confianza, no solamente en los bancos, en los líderes políticos, en las instituciones internacionales. La gente descree de todo”, dijo en relación con la crisis que atraviesan varios países de ese continente cuyas economías están frenadas o en recesión, y enfrentan gigantescas deudas públicas y desequilibrios fiscales.
Iglesias defendió la idea de “enriquecer la visión económica: la política importa, la sociedad importa, la confianza importa”. Hay que evitar tratar de “entender la economía simplemente desde fórmulas matemáticas”, agregó.
Astori, a su turno, resaltó la “introducción de las emociones” y las “expectativas” en el análisis económico.
Luego volvió al concepto de efecto y causa de la confianza. Cuando “es efecto hay que practicar políticas para ganar confianza; la confianza es un objetivo de la política. Cuando es causa, se transforma en instrumento y ayuda a perseguir otros objetivos”.
Según el vicepresidente, “a partir de aquella transición —de las más relevantes de la historia contemporánea del país—, Uruguay inició un proceso hacia la confianza como causa. Y por eso hemos pasado de aquella crisis bancaria grave a una red de seguridad financiera como la que hoy tiene el país (...) que le da una solidez y una estabilidad a todo el sistema bancario”. E incluyó como parte de ese proceso la reducción de la deuda pública a “apenas la cuarta parte del PBI” y que “más de la mitad está nominada en moneda nacional, disminuyendo riesgos”.
Aquella “transición generó un proceso saludable y hoy Uruguay ha progresado hacia la confianza como efecto (...), que es un punto de partida fundamental para plantearse otro objetivo”, sostuvo Astori.