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    La corrupción en el Brasil de Lula

    Sr. Director:

    El décimo congreso del MPP se celebró en Montevideo el mes pasado. Se esperaba la visita y la palabra de la estrella invitada: Lula da Silva, el dirigente obrero que llegó a la presidencia de Brasil (el que concretó y acto seguido defraudó la esperanza de los postergados de su país). Pero Lula no llegó.

    ¿Habrán pensado, les habrá cruzado por la mente a los asistentes a ese congreso del MPP el tamaño de la estafa que el PT de Lula ha perpetrado en Brasil? El gobierno del Partido de los Trabajadores instaló un espacio permanente de negocios con los empresarios más poderosos del Brasil donde fueron traficadas la obra pública y las bancas del Congreso. Los funcionarios del gobierno de Lula y sus colaboradores políticos se sentaron a la mesa del gran reparto, acordaron los precios, esto para ustedes, esto para nosotros y ¡viva Brasil!

    Veinte millones de brasileros salieron de la pobreza en los años del primer gobierno de Lula: pasaron de una dieta de mandioca y feijão preto a comer pollo y tomar leche: los viejos sin dientes y sin esperanzas pudieron aproximarse a la muerte con otro confort. O pessoal ta botando dente, decían con regocijo los dirigentes mientras llovían los votos para la reelección de Lula y para el primer gobierno de Dilma. Eso pasaba mientras los prefeitos del PT embolsaban la mitad de los recursos destinados a los caminos vecinales y los gobernadores del PT se quedaban con la mitad de los recursos para los hospitales y las escuelas de los estados. Del Sur al Norte, de Recife a Sao Paulo, se recibía con agasajo a los empresarios venales que repartían entre ellos las licitaciones de carreteras, represas y aeropuertos, todos proyectos sobrefacturados, que cada año se atrasaban más y costaban cada vez más.

    Y todos contentos porque la plata abundaba y los votos abundaban. Los precios de las materias primas que Brasil vendía a China eran cada vez más altos y las comisiones y sobreprecios, por enormes que fuesen, se diluían. El PT, que era el partido de los pobres, pasó a ser el partido de los avivados, de los políticos corruptos y los empresarios ligeros. El feeling, la sensibilidad, dejó de estar con los de abajo y se hizo elitista; usando un símil actual de nuestra realidad uruguaya, todo el gobierno del PT se largó a utilizar alegremente la tarjeta de crédito corporativa.

    No obstante esta vergonzosa degeneración del partido de Lula, la izquierda uruguaya lo defiende, sigue habando de él como el héroe de los desamparados y castigo de los ricos. Igual que a Maduro y a los Kirchner los defiende sin salvedades, sin un reparo por los millones que faltan, por los dirigentes políticos y socios de negocios que ya están condenados por la Justicia.

    Los acusados se descargan de todo atribuyéndolo a campañas de desprestigio urdidas por la derecha y los grandes medios de prensa (¿desde Atlanta?). Se disculpan a sí mismos con las culpas de otros, gritan: “Todos lo hacían, Temer también”. Sin empatía alguna con los pobres estafados, hombres y mujeres de pata en el suelo, sin futuro ni pasado, arañando una sobrevivencia a través de generaciones, víctimas de los delincuentes que los acechan en las calles y de los dirigentes políticos venales que se llenaron los bolsillos con su plata y con sus ilusiones.

    Juan Martín Posadas

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