• Cotizaciones
    miércoles 22 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La criolla olvidada

    Tuvo su época en la cima, como tantas, en la década de 1930, probablemente la más importante en la evolución del tango, y hoy es apenas, parafraseando al historiador Héctor Benedetti, “un lánguido recuerdo borroso y una incompleta referencia bibliográfica”.

    Balbina Margarita Galatro Delfino nació en Bernal, provincia de Buenos Aires, el 31 de marzo de 1914 y murió en la capital argentina el 27 de agosto de 1988, hija de Elías Galatro y María Francisca Delfino, quienes la impulsaron hacia el arte popular. Desde niña gustó de la pintura, de cantar —siguiendo las melodías de discos que hacían sonar en su casa— y de la actuación, que solía improvisar sobre todo en reuniones familiares; cosa curiosa: admiraba a Libertad Lamarque y a Rosita Quiroga, dos estilos y dos temperamentos opuestos a los que, en su madurez, admitió que rendía tributo. Con los años desarrolló una voz suave, dulce, pero dotada de inflexiones y matices emocionales muy intensos y originales.

    Sus padres querían que actuara en público, pero ella, entonces pudorosa e insegura, se negaba. El milagro se produjo una tarde, durante un espectáculo teatral en su pueblo, cuando los organizadores pidieron al público que “alguien hiciera un acto de canto” en sustitución de quien había hecho mutis por el foro: entre vítores y aplausos de la familia y amigos, ella aceptó a regañadientes el desafío y cantó acompañada por un pianista aficionado. El éxito fue tal que debió hacer varios bises.

    Y ahí se le abrieron las puertas del éxito.

    Fue una vorágine: en 1930 —adoptado ya el nombre artístico de Tita Galatro— se presentó como cancionista en Radio Splendid y, casi simultáneamente, debutó en tablas junto a Olinda Bozán, en el Teatro de la Comedia, actuando cuatro años seguidos en esa compañía y cantando en varias obras. Cuando cobró su primer sueldo, lo gastó en perfumes, que adoraba, con tal buena suerte que a la semana siguiente su precio había subido al doble. En 1932 pasó por Radio América y el año siguiente se sumó al grupo que hacía novelas gauchas Chispazos de Tradición, donde en una obra que alcanzó fama, El matrero de la luz, le dieron uno de los papeles femeninos principales: la mala “Almabruja”.

    En 1934 pareció que tocaba el cielo con las manos: múltiples actuaciones cantando en radios, bailes y espectáculos populares y actuaciones en los principales teatros. En ese momento se la consideró integrante de la llamada “constelación de estrellas”, junto a Tita Merello, Charlo, Azucena Maizani, Ignacio Corsini, Amanda Ledesma y el joven Ricardo Ruiz.

    El famoso caricaturista Valdivia la retrató, para la revista Caras y Caretas, como una paisanita de ojos celestes, pelo castaño ondulado, un moño rojo en la cabeza y un pañuelo verde al cuello.

    Pero en la trayectoria de Tita Galatro quizás haya habido una cuestión que, al final, le jugó en contra. Sus clásicos eran mayoritariamente criollos: Es tanto lo que te quiero (tonada), Temblando (vals), El seguidor (gato), De pura cepa (milonga) y Frente al rancho (estilo), aunque hacía de modo magnífico tangos como La casita de mis viejos, Pordioseros, Flor del valle, Bajo Belgrano, Gotas de lluvia, Tango sin letra (su caballito de batalla) y Por la vuelta, el que estrenó en un teatro y grabó para el sello Víctor el 13 de abril de 1944, siendo considerada la mejor interpretación a lo largo de su trayectoria.

    Ese estreno y la grabación subsiguiente fueron su regreso a las actuaciones, de las que se había ido alejando a partir de 1938: recién entonces volvió a la radio, tuvo otro momento de esplendor, pero velozmente su estrella se fue apagando hasta que, quizás incomprendida por muchos, el público no supo de ella hasta su muerte.

    ¿Un misterio? Tal vez no tanto. Le habían incumplido varias promesas, la habían estafado en varios contratos. No lo pudo soportar. En un reportaje dejó este testimonio doloroso: —Querría haber sido extranjera para tener más suerte y ganar más para vivir de mi arte. Todo se debe, además de lo otro, a que siempre me consideraron parte de esa población de artistas criollos, folclóricos, como si eso fuera un demérito. Cosas de la evolución del tango, que ahora se ha puesto a negar sus influencias campesinas.

    Al decir de cierto perdurable seguidor, “su carrera fue desvaneciéndose sin freno, ayudada por la depresión que hizo presa de ella hasta hundirla en el olvido. O, en todo caso, en una emoción que perdura solo adentro de algunos que, como yo, nunca dejamos de admirarla”.