El Paraguay es así. Cuando los extranjeros intentamos averiguar el porqué de algún acontecimiento poco explicable que suceda en el Paraguay, sistemáticamente obtenemos como respuesta: el Paraguay es así.
El Paraguay es así. Cuando los extranjeros intentamos averiguar el porqué de algún acontecimiento poco explicable que suceda en el Paraguay, sistemáticamente obtenemos como respuesta: el Paraguay es así.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáY eso se debe a que los paraguayos están hartos de tener que dar explicaciones por todo lo que hacen y, sobre todo, por cómo lo hacen.
Su accionar es el resultado de situaciones que muchas veces los han llevado a tomar decisiones que otros países vecinos no las entienden o no las comparten. Y eso a su vez los ha encerrado aún más en su mediterraneidad.
Esta vez lo que no se entiende es la destitución de un presidente legítimamente electo por un Parlamento también legítimamente electo.
Se siguieron absolutamente todos los pasos indicados en la Constitución, y tal es así que el Ejecutivo cuestionado participó del juicio político a través de sus abogados y acató la resolución del Senado. En ningún momento hubo una ruptura de la institucionalidad.
El presidente Lugo en su despedida agradeció en primer lugar a las Fuerzas Armadas, luego a la Policía y por ultimo a las organizaciones sociales.
Esto no es un tema menor. La destitución del presidente no estuvo respaldada por la fuerza. Fue un juicio político con todas las características típicas del estilo político.
Sin duda que no fue una forma muy elegante pero no por eso no deja de ser legítima.
Apresurada porque la acefalía hubiera tenido consecuencias mucho peores que las que tiene ahora.
Una vez más los países vecinos cuestionan al Paraguay. Una vez más se alían para no reconocerlo. La cláusula democrática del protocolo de Ushuaia no los habilita a eso. Esto no fue un golpe de Estado. Fue un juicio político donde los mismos que llevaron al poder a Lugo ahora lo sacan. Cuestionar si había causas o no para enjuiciar políticamente al presidente del Paraguay sería lesionar la soberanía del Paraguay y la autodeterminación de los pueblos. Con solo esperar a las elecciones nacionales que sin duda se llevarán a cabo en el 2013, se podrá ver qué es lo que elige el soberano y se tendrá una idea cabal del apoyo del que gozaba el presidente destituido. Si no es así, los miembros de Unasur deberán implementar las sanciones que correspondan, pero no antes.
El Parlamento es tan legítimo y soberano como lo es el Ejecutivo. Decir que no es legítimo es cuestionar las instituciones democráticas y eso es muy peligroso. Uruguay tiene experiencia en las consecuencias que trajo en su momento denostar sistemáticamente a los políticos, a los partidos y a la clase política en general. Lugo, en su despedida, dijo que no pertenecía a ninguna claque política pero no se opuso a candidatearse a la Presidencia cuando esa misma claque política lo llevó al gobierno. Su candidatura se gestó de la misma forma que se gestan las listas sábanas de los parlamentarios.
Lugo frustró la esperanza de muchos paraguayos que ansiaban un cambio y eso es lo más condenable. Por eso se le debería haber enjuiciado. Por eso lo enjuició la ciudadanía y ese juicio también lo perdió. Nadie salió a manifestarse en contra o muy pocos. El Paraguay ya retomó su vida normal como si no hubiera sucedido nada.
Hoy no se engaña al pueblo paraguayo; se lo engañó antes cuando se le presentó una fórmula presidencial de cambio que no logró realizar los cambios profundos que requiere la sociedad paraguaya.
Los países vecinos que son los que más debieran entender al Paraguay no lo entienden, mientras que sí lo hace la comunidad internacional. Es probable que en el correr de los días se pretenda condenar al Paraguay por Unasur, Mercosur u otras organizaciones. Sería muy injusto y al que se estaría condenando una vez más sería al pueblo paraguayo y a las propias organizaciones como el Mercosur.
Uruguay ya tuvo que ser reivindicado en sus políticas erradas frente a Paraguay. Lo reivindicaron Santos y Herrera entre otros. Esta vez tiene una oportunidad inmejorable para demostrar al Paraguay que es un verdadero aliado y como dijera Artigas: “los vecinos orientales se consideran uno con los paraguayos” y “no hay dos pueblos más estrechamente unidos, ni con los vínculos más tiernos, más sinceros, más firmes, más llenos de dignidad y grandeza”.
Los orientales esperamos eso de nuestros gobernantes.
J.R.G.
CI 1.104.808-1