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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Hay dos millones de argentinos que economizarán hasta sobre su hambre y su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros”, 1875, Nicolás Avellaneda, presidente de la República Argentina, país que se encontraba en una grave crisis económica y financiera, con una importante deuda y en un momento en el que los precios de la lana, fundamental para la economía del país en ese momento, se encontraban muy bajos.
En el año 2001 la República Argentina estaba nuevamente en una grave crisis económica y financiera, con una importante deuda pública y con los precios de los commodities, particularmente la soja, muy bajos. El presidente, por siete días, Adolfo Rodríguez Saa, apoyado con aplausos y vítores por los parlamentarios como si estuvieran festejando un gol en el Mundial, anunció que Argentina dejaba de pagar su deuda pública.
Evidentemente, durante los 125 años que habían pasado entre los dos presidentes hubo un cambio cultural enorme en los dirigentes y en la sociedad argentina. Los del siglo XIX creían que las deudas había que honrarlas; los del XXI no y eso que sabían que la conducta de Avellaneda fue extraordinariamente exitosa para su país.
En ambos momentos, los precios de los commodities comenzaron a mejorar y con su suba los ingresos del país. Lo que no resultó similar fueron los resultados de las políticas seguidas.
La Argentina del siglo XIX, de Avellaneda, ajustó el presupuesto en forma drástica pero no dejó de pagar sus deudas. Los argentinos no solo no pasaron hambre ni sed, sino que el país entró en el mejor momento económico de todos los tiempos, lo que lo llevó a ser la primera economía de América Latina y una de las diez economías más grandes del mundo. Más aún: su PIB per cápita llegó a ser de los más altos del mundo.
La Argentina del siglo XXI, de los presidentes Rodríguez Saa, Duhalde y los Kirchner, después de la bonanza populista en la que embarcaron al país, financiada con los dineros que no les pagaron a los bonistas, altísimos impuestos y las reservas de petróleo y gas, empezó a mostrar problemas alrededor del 2007, por lo que la presidenta Cristina Fernández manoteó los fondos de los futuros jubilados, las reservas del Banco Central y volvió a lo de siempre: a imprimir descontroladamente pesos.
A pesar de que durante la Presidencia de Néstor Kirchner Argentina hizo un acuerdo “voluntario” con la mayoría de los tenedores de bonos que les implicó una pérdida de más del 70% del capital invertido y de los altísimos precios de las materas primas, especialmente de la soja, que caracterizaron el período, la economía argentina se encuentra hoy, 13 años después de deshonrar su deuda, sumida en una importante crisis económica y financiera con estanflación, desocupación y pobreza crecientes, crisis energética y al borde del default.
Los tenedores de los bonos que no aceptaron las quitas que les quiso imponer el gobierno argentino son llamados “fondos buitres” por él y por la mayoría de los argentinos. Entre estos bonistas hay desde personas, incluso argentinos, que los compraron originalmente hasta fondos que se hicieron de ellos a muy bajo precio comprándolos en el mercado a su cotización del momento. Como han entendido que Argentina tenía que cumplir con lo establecido en los bonos y pagarles los intereses y el monto nominal del capital, le han hecho juicio en Estados Unidos, jurisdicción elegida al emitir los bonos por la propia Argentina. Como era obvio, la Justicia falló en su favor y Argentina tiene que pagarles lo que por 13 años les negó.
En lugar de cumplir discretamente con el fallo y a pesar de que finalmente pagará, el gobierno argentino ha iniciado una campaña “épica” mediática e internacional contra la Justicia norteamericana, “imperialista”, contra los “fondos buitres”, contra el “capitalismo”, etc., para la que ha buscado aliados a pesar de que el problema es de ellos, que no han cumplido, como estilan desde hace décadas, con sus obligaciones.
¿Por qué el presidente Mujica y el vicepresidente Astori se involucraron en esta campaña haciendo desubicadas declaraciones a favor de la inconducta del gobierno argentino?
Desde luego, ambos tienen total derecho y libertad de pensar lo que les parezca, pero debido al cargo que ejercen están obligados a ser muy prudentes con lo que dicen en público o declaran a los periodistas. Desde esos cargos están obligados a hablar defendiendo los intereses de nuestro país, que, en este caso, implican por un lado no inmiscuirse en los asuntos internos de otros países y por otro estar siempre del lado de la ley, lo que desde luego incluye el cumplimiento de las sentencias judiciales.
Aunque con menos trascendencia, otros políticos oficialistas están también alineándose con el “relato” del gobierno argentino desconociendo que los intereses nacionales son otros y que la actitud cortesana que el gobierno y el oficialismo han tenido con Argentina, con actitudes serviles como estas, solo ha llevado a enormes dificultades en las relaciones bilaterales con grandes y crecientes perjuicios para nuestro país. Es más: el canciller argentino ha estado diciendo claramente que la política del gobierno argentino es la de causarle a nuestro país el mayor daño posible.
Quizás sea bueno recordar que cuando Uruguay tuvo problemas con su deuda actuó como el presidente Avellaneda, con la oposición de la mayoría de los dirigentes frenteamplistas y, por cierto, nos fue muy bien al hacerlo. Si nuestro gobierno entiende que es bueno para nuestros intereses que Argentina salga del desastre en el que está metida sería mejor simplemente recordarles lo que ella misma hizo en el siglo XIX o lo que Uruguay hizo con su deuda.
La alineación “ideológica” con el relato del gobierno argentino es totalmente contraria a los intereses nacionales. Es más, después de las declaraciones del gobierno uruguayo, los tenedores de deuda uruguaya y los operadores de los mercados tienen que empezar a dudar de la posición de Uruguay respecto al cumplimiento de sus obligaciones. ¿El gobierno uruguayo se alinea con el “relato” argentino porque piensa seguir su camino?
¿Es mucho pedirles a nuestros gobernantes que asuman sus responsabilidades y defiendan los intereses nacionales en lugar del relato argentino?
Arq. Juan Andrés Sienra
Punta del Este (Maldonado)