En 2015, cuando quedó instalado el tercer gobierno del Frente Amplio, la economía tuvo uno de los años más complicados de los últimos tiempos y varios indicadores desmejoraron.
En 2015, cuando quedó instalado el tercer gobierno del Frente Amplio, la economía tuvo uno de los años más complicados de los últimos tiempos y varios indicadores desmejoraron.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSiendo un año de cambio de administración, la política también hizo su juego. Además de la siempre polémica discusión de la ley de Presupuesto nacional —que esta vez solo fijó incrementos para 2016 y 2017—, las negociaciones salariales colectivas fueron complejas y tensas, a la vez que se generaron conflictos políticos en torno a la gestión de las empresas públicas, en especial sobre el manejo de la delicada situación financiera de Ancap.
El 2015 confirmó las perspectivas que muchos analistas tenían acerca de un empeoramiento en las condiciones económicas tras un ciclo favorable que solo se vio amenazado en 2008-2009 —durante el primer gobierno del Frente Amplio—, cuando una crisis surgida en Estados Unidos repercutió en gran parte del mundo. Los datos disponibles hasta setiembre sugieren que en el año la actividad creció menos de lo esperado, lo que tuvo su correlato en una baja de la inversión y el consumo. También se contrajeron en monto las importaciones y exportaciones de bienes.
La inflación de precios se aceleró.
El poder de compra de los ingresos de los hogares prácticamente se estancó, lo que estuvo asociado a subas de salarios más modestas que en los años previos y a una disminución de los puestos de trabajo disponibles en la economía.
En lo fiscal, el sector público continuó profundizando su déficit, aunque sin incrementar los niveles de endeudamiento.
“Uruguay vive un momento, una etapa de desaceleración sin lugar a dudas” en la que “hay motores de la demanda que están funcionando a menos revoluciones”, analizó el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, al exponer el martes 5 en Punta del Este en un coloquio junto al ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias.
De cara al año que se inicia se “puede esperar un gobierno que no esconde la pelota. La reconoce, identifica, hace lo posible por identificar rigurosamente los problemas y obstáculos que tenemos”, añadió.
Si bien el gobierno estima que en 2016 la economía uruguaya seguirá creciendo, varios analistas del sector privado discrepan y algunos creen que incluso se dará una contracción del Producto Bruto Interno-PBI (ver nota en contratapa).
Recién terminado el año 2015, no todos los indicadores económicos están disponibles, ya que su divulgación tiene en algunos casos un rezago de meses. Sin embargo, la gran mayoría de los datos oficiales permiten evaluar el año o al menos muestran tendencias bastante claras.
En los primeros nueve meses de 2015 el PBI fue 1,5% mayor que en igual período del año anterior en términos reales o de volumen físico —dejando de lado el efecto de los precios—, según el Banco Central (BCU). Eso implica una desaceleración del ritmo de crecimiento de la producción de bienes y servicios.
En enero-marzo el PBI creció 4,3%, en abril-junio se contrajo 0,3% —lo que llevó a algunos analistas privados a hablar de una posible recesión, que técnicamente se configura cuando hay dos trimestres de baja en el nivel de actividad— y en julio-setiembre tuvo un repunte de 0,6%, siempre respecto a los mismos períodos de 2014.
La proyección del gobierno de un crecimiento cercano a 2% en todo el año solo se cumplirá si en octubre-diciembre la expansión del PBI llega a 3,2% (lo que se sabrá recién en marzo).
Los rubros productivos que más se resintieron hasta setiembre fueron: la construcción; el comercio y los servicios de hotelería y restaurantes, y los sectores de generación de electricidad y distribución de gas y agua. Los sectores primarios (agro y forestación), la industria, el transporte y los demás servicios siguieron creciendo, aunque en varios casos exhibiendo una desaceleración pronunciada.
Desde el punto de vista del gasto, el consumo mostró dos trimestres de caída por primera vez desde que se inició el actual ciclo de expansión de la economía; sin embargo, en enero-setiembre hubo estabilidad. La inversión privada y pública también se redujo, si bien hasta noviembre se presentaron más planes pidiendo beneficios fiscales: fueron 490 por U$S 2.108 millones (aumento de 43% en monto y casi 20% en número de proyectos).
Tanto las importaciones como las exportaciones de mercaderías cayeron durante 2015.
Según datos del Instituto Uruguay XXI difundidos el lunes 4, las ventas de bienes al exterior totalizaron U$S 8.967 millones, una baja de 11,6% frente al año anterior. Eso se explica por una baja generalizada en los montos exportados de los principales productos, entre ellos la carne, la soja, los lácteos, los cereales y el cuero.
Otra razón es el efecto de la baja de los valores internacionales de varios de esos rubros considerados commodities. El Índice de Precios de las Materias Primas de Búsqueda mostró una caída de alrededor de 15% el año pasado.
Por su parte, las importaciones sumaron U$S 8.547 millones (sin contar las compras de petróleo), por lo que también se redujeron en torno a 11% en todo el año pasado. La disminución se dio tanto en bienes de consumo como de capital y los intermedios utilizados como insumos.
La información sobre el conjunto de las relaciones comerciales y de capitales con el mundo resumida en la balanza de pagos llega hasta setiembre. En el año cerrado en dicho mes el déficit se ubicó en U$S 1.186 millones, lo que significó una disminución respecto al período terminado en setiembre de 2014, según las cifras difundidas la semana pasada por el BCU.
En el mercado laboral el impacto de la desaceleración económica se vio reflejado en los indicadores que divulga mes a mes el Instituto Nacional de Estadística (INE). Eso no ocurría desde la última recesión registrada entre 1999 y 2003.
En 2015 se redujo en unas 30.700 personas el número de ocupados; la tasa de empleo pasó de 59,5% de la población de 14 años o más a 58,1% en la última medición disponible (octubre).
La tasa de desempleo pasó en el mismo lapso de 6,6% a 8,5% de la población activa. Eso implica que cerca de 34.000 más estuvieron sin trabajo, llevando así a 150.000 el total de desocupados.
En cuanto a la calidad de los puestos de trabajo, hubo un ligero incremento del subempleo (personas que trabajando menos de 40 horas semanales quisieran hacerlo por más tiempo). Los niveles de informalidad se mantuvieron.
En consonancia con una economía más deprimida y el mercado laboral en baja, los salarios moderaron su ritmo de aumento hasta niveles similares a los de la inflación de precios. Eso significa variaciones en el poder adquisitivo (en términos reales) cercanas a 0%.
Los datos del INE para el período enero-noviembre muestran que la suba de salarios fue —en promedio— de 9,8% en el sector privado y 9,3% en el público; eso da lugar a una disminución real de 0,2% y 0,7%, respectivamente. En promedio de todos los trabajadores formales los sueldos subieron 9,6%, es decir una reducción real de 0,4%.
En promedio, los hogares uruguayos mejoraron un 1% real sus ingresos totales, percibiendo unos $ 48.700 en octubre, según el INE. Con esa medición (que comprende también a los trabajadores informales), el poder adquisitivo de los ingresos salariales aumentó 2% hasta octubre, y el de las pasividades lo hizo prácticamente lo mismo. Los trabajadores por cuenta propia mejoraron 0,4% sus ingresos y los patrones los vieron caer 4,2% real.
El alza de los precios al consumo siguió estando entre las preocupaciones principales del gobierno en 2015 y finalizó el año sin mostrar la moderación que se pretendía. El índice que divulgó el INE el martes 5 subió 9,44%, lo que se compara con el aumento de 8,3% registrado en 2014.
El incremento de la inflación el año pasado ocurrió a pesar de las medidas a las que apeló el gobierno para intentar frenarla, que incluyeron el congelamiento de precios de una serie de productos acordado con el sector empresarial, además de la política del BCU de enlentecer el ritmo de aumento de la cantidad de dinero circulante para no generar presiones inflacionarias.
En diciembre también se repitió el programa “UTE Premia”, que redujo la factura de electricidad de gran parte de la población. Con ello se consiguió una baja de 0,55% en el IPC de ese mes, pero al haberse dado la misma medida un año atrás el efecto en la medición anual se compensó.
Una de las razones asociadas a la mayor inflación que se observó en 2015 fue el incremento del precio del dólar (cerca de 23%), lo que tiene incidencia sobre los demás precios de la economía. En enero el tipo de cambio fue en promedio de $ 24,44 y en diciembre alcanzó los $ 29,70; la suba habría sido mayor de no haber intervenido en el mercado el BCU mediante ventas de divisas.
El desempeño inflacionario de 2015 volvió a superar el rango meta del gobierno de entre 3% y 7% anual. Hacia adelante las expectativas de los analistas privados siguen siendo que la inflación se ubique fuera de esa franja.
En los 12 meses cerrados a noviembre (último dato) el déficit en las cuentas públicas fue de U$S 2.006 millones, equivalente a 3,6% del PBI. El equipo económico dijo semanas atrás que espera que el año cierre en torno a ese guarismo.
El resultado negativo registrado hasta noviembre se explica principalmente por el desempeño del gobierno central, ya que las empresas públicas en conjunto reportaron ganancias, según las cifras del MEF.
Aunque el déficit aumentó en el año que pasó, el sector público no incrementó su endeudamiento. La deuda bruta tuvo aumentos moderados durante los dos primeros trimestres, pero se redujo más de U$S 2.150 millones en julio-setiembre, lo que representa 57% del PBI. Dicha baja se debe principalmente a un descenso del endeudamiento del BCU.
Si a ese monto se le descuentan las reservas, la deuda neta se situó en U$S 12.450 millones, 22% del Producto.