• Cotizaciones
    lunes 16 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La educación pública

    Sr. Director:

    A propósito de la divulgación de los índices de repetición en la educación pública y de las innumerables interpretaciones que se han generado desde todos los ámbitos, técnicos, no técnicos, académicos, docentes, sindicalistas, periodísticos, políticos, etc., quisiera hacer una puntualización porque me ha resultado alarmante que, entre tantas causas adjudicadas al problema, no se haya apuntado a un factor clave que, de ser bien entendido y aceptado (no renegado), muestra que lo que se está señalando como causas del fenómeno no son más que aspectos parciales y en muchos casos sus consecuencias. Y por lo tanto, cualquier acción sobre ellas no apuntaría a la esencia misma del problema.

    Para demostrarlo voy a partir del significado original de los conceptos de educación y de aprendizaje. Educación, del latín DUCERE: guiar, conducir, encaminar hacia el pleno desarrollo de las potencialidades del individuo. Y aprendizaje en tanto proceso de modificación de habilidades, conocimientos, conductas y valores como resultado de la educación, no de factores madurativos o de ritmos biológicos sino de una orientación adecuada favorecida por la motivación del individuo a realizarlo.

    Lo subrayado me guía directamente a lo que quiero expresar y es que educación y aprendizaje no son procesos que comiencen en la escuela. Ésta es quien los guía y desarrolla y no lo puede lograr si no cuenta con esa potencialidad y motivación que el niño trae y que son su motor. Esa potencialidad y motivación tienen su origen en la matriz familiar, por lo tanto dependen de la calidad de los vínculos primarios con las figuras significativas. En esa matriz es donde, especularmente, se debe construir la identidad, generar la autoestima, establecer los límites y sostenerlos con el ejemplo, de modo que el niño genere una conciencia de valores que impulse su deseo de alcanzar su diferenciación y autonomía para instalarse en el mundo dándole sentido a través del conocimiento. Solo a partir de ese espacio el niño podrá sentir como positivo, motivante y enaltecedor el proceso que va a vivir en la escuela y en toda institución que recorra durante su formación. Preguntémosle a cualquier docente observador y nos dirá si detrás de un buen alumno no hay siempre una o más figuras afectivamente influyentes que le han transmitido el valor ineludible del saber.

    Entonces surge de inmediato la pregunta: ¿qué sucede hoy con la familia? Nadie puede negar que en esta era del capitalismo posmoderno esta institución se ha desarticulado, los roles parentales se han desfigurado a tal punto que de padres, en el mejor de los casos, se ha pasado a ser pares o amigos de los hijos, o hasta el extremo de no saber qué hacer cuando de la inocencia graciosa del bebé surge el niño rebelde y el adolescente transgresor. A pesar de la enorme divulgación de los conocimientos psicológicos, se niega sistemáticamente su valor y se descansa toda responsabilidad en la carga genética o en el Estado al que se le demanda como a un padre todopoderoso la solución de los problemas más particulares.

    Pero lo grave y que demuestra claramente la trama social complejísima que evidencia este problema es que el mismo Estado, a través de sus actores, ha caído en esta insana redada y ha asumido esa proyección como lo vemos en sus respuestas paternalistas y culpógenas:

    Los alumnos repiten o desertan porque:

    * No les damos lo que buscan;

    * El joven de hoy es otro y la enseñanza tiene que adaptarse a él;

    * El pasaje de la escuela al liceo es muy traumático;

    * La universalización de la enseñanza trae a las instituciones un contingente mucho mayor de personas de todos los niveles socio-económicos que se deben contemplar en sus diferencias;

    * Los avances tecnológicos exigen otro tipo de metodologías;

    * Los niños y jóvenes viven hoy la era de la imagen por lo que la enseñanza de trasmisión oral se ha vuelto obsoleta;

    * La formación docente no es suficiente;

    * Los profesores faltan mucho y desmotivan al alumno;

    * Las medidas gremiales no contemplan sus consecuencias;

    * Los métodos de evaluación no son los adecuados.

    A estas explicaciones y muchas otras más se suman algunas soluciones que se han ido generando en este proceso sobreprotector y engañoso como la inclusión a como de lugar, la tolerancia hasta para casos de graves dificultades, las tutorías y la remuneración al alumno para que se disponga a estudiar y terminar su ciclo.

    Continuando con la confusión causa-consecuencia, si se les pregunta a los alumnos qué buscan en un curso, qué necesitan, la respuesta casi unánime ha sido que la clase sea divertida y entretenida. Consecuente con ello, una autoridad que ha sumado su voz a este debate responde “sí, hay materias que aburren a los muchachos”. ¿Cómo debo interpretar esto si no es en este contexto de incertidumbre total? ¿No saben que toda actividad de aprendizaje es de algún modo dolorosa porque exige controlar nuestros impulsos, nuestra ansiedad y administrar nuestras emociones pero que ese dolor se convierte en placer cuando hay, a priori, un proyecto de autonomía y creatividad personal?

    Esto tiene aún otra cara más grave y profunda y es que estamos tratando al conocimiento como mero producto de mercado que se imparte, se adquiere y se vende como un bien transable sin compromiso alguno del sujeto, perdiendo así su verdadero sentido en tanto transformación del sujeto en su relación dialéctica con la realidad. Y por eso es que para el ingeniero puede ser tan importante la Historia, como para el historiador la Física o la Biología.

    Me pregunto entonces: si le presentamos a ese alumno que repite o deserta la solución a todos esos ítems antes detallados, ¿tendremos éxito? Soy pesimista ya que los que repiten o desertan lo hacen, en su mayoría, porque, psicológicamente hablando, no ingresaron nunca al sistema, desconocen el valor de la educación, no están motivados al desafío de librar su deseo, su curiosidad y sus dudas para interrogar críticamente al mundo y encontrar así su lugar en él.

    Más bien, asistimos al triste panorama en el que la pasividad consumidora solo quiere convertir a nuestros niños y jóvenes en meros operadores, pulsadores de botones o académicos especializados escindidos de todo compromiso ético-social para cuya mirada la institución educativa se ha transformado en una oficina pública burocrática y obsoleta que obstaculiza el expediente exigible para ingresar lo antes posible al mercado de trabajo. Y al docente como el empleado público quien, desde el otro lado del mostrador, pone trabas a su propósito. Entonces, desde esta perspectiva es entendible que para soportar esa espera el alumno-cliente (cliente quiere decir el protegido, el que siempre tiene la razón) esté divertidamente entretenido.

    Por lo dicho, y teniendo en cuenta que esta problemática ya ha alcanzado hoy a más de una generación, creo que hay algunas iniciativas que sí podrían dar resultado:

    * Integrar y comprometer a los padres en el proceso educativo de sus hijos incluyendo en la actividad escolar y liceal espacios obligatorios atendidos por grupos multidisciplinarios en los que se trabaje para lograr la toma de conciencia del valor de la familia en el desarrollo del niño para alcanzar el conocimiento.

    * Orientación psicológica como materia obligatoria paralela a todo el proceso curricular.

    * Diversificar el bachillerato en dos orientaciones. Una preparatoria para el ingreso al mercado de trabajo con una formación básica. Otra para el acceso a la enseñanza terciaria. Con la posibilidad de que los primeros una vez cumplido su objetivo, si lo desean, puedan completar su formación para continuar estudios superiores.

    * Mejorar la formación docente. Exigir examen de ingreso al IPA, institución de la que hoy egresan jóvenes con muchas de las carencias señaladas.

    * Apelar a los medios de comunicación para lograr la sensibilización y la reflexión sobre el tema de los valores y generar una revisión profunda de nuestro posicionamiento al respecto.

    Y, por último, si realmente queremos reivindicar aquella imagen de país culto, crítico y exigente, espero que en la campaña electoral que se avecina nuestros políticos sean conscientes de que este problema es de todos, compromete nuestra esencia, por lo que cualquiera que lo aborde desde la demagogia partidaria no estará más que confirmando su propia ceguera.

    Prof. Reyna Navarrete Araújo

    CI 1.904355-6

    // Leer el objeto desde localStorage